Gente, cachan que hoy jueves 11 de octubre es el Día internacional de salir del closet? Bueno, como yo sé que me siguen caleta de lesbianas (dentro y fuera del closet) en mi tumblr, contaré mi historia porque, bueno, es mi tumblr pero yo creo que es mi blog. Llegó un momento de mi vida en que ya no podía seguir negando que me gustaban las mujeres. Lo intenté, obvio. Casi todas las personas colas lo hacemos. Tuve pololos, heterodramas, y coqueteos varios, pero me sentía rara, un poco incómoda con todo lo que implicaba la heterosexualidad. Mis amigas más cercanas cada cierto tiempo me preguntaba si había “perdido mi virginidad”, y yo siempre las decepcionaba con mis respuestas. Sentía como si me estuviese quedando atrás, como si fuese una carrera en la que yo iba última y de puro floja porque ni me interesaba correrla. Pero igual incomodaba, igual era una espinita que me clavaba. Durante un tiempo no sabía qué era, después caché y lo negué, me sentía incapaz de verbalizarlo. Tanto así que parcialicé mi vida. Una era la Javiera hija, después estaba la Javiera amiga/carretera, y aparte de todo eso estaba la Pelito Fleta. Era como tener triple personalidad casi, lo juro. Esas tres partes de mi vida no se tocaban, cada una existía independiente de la otra y me daba terror pensar que se fueran a topar. Que mi familia supiera que yo era fleta? NO. Que mis amigas supieran que yo era fleta? Nica. Las únicas que sabían que yo era lesbiana, eran las otras lesbianas con las que me relacionaba. En mi cabeza tenía diseñado una especie de plan de vida en el que yo pasaría el resto de mi vida escondiendo que me gustaban las mujeres. Pensaba tener pololas y jamás presentárselas a nadie, escindir mi vida era la única solución que me parecía viable y ese proceso fue agobiante. En medio de todo ese torbellino de emociones y confusión empecé a salir con chicas y me enamoré. Me di cuenta de que no podía esconder esa felicidad, que no podía limitarme, que lo que sentía era demasiado grande como para tenerlo guardado. Mandé todo a la mierda, decidí salir del closet en mi propio estilo. Lo conté de sopetón y sin anestesia. Era mi vida y nadie me haría sentir mal por cómo la vivía. Fue una decisión que llegado el momento me pareció de una obviedad absoluta. Si a alguien le parecía mal, podía salir de mi vida en ese momento, yo no estaba para aguantar la mierda de nadie, ni de la familia ni de las amigas. A mis amigas les faltó poco para reírse en mi cara, que era más que obvio me dijeron. Una me pidió disculpas porque años antes había hecho muchísimos comentarios homofóbicos, pero como hacen las personas bakanes de verdad, creció, aprendió, cambió y me siguió queriendo. Para otras ni siquiera fue tema. A mis tíos se los conté pero no pregunté qué les parecía. Era mi vida y yo no le estaba pidiendo permiso a nadie. Esa era yo, negar mi colitud era negarme a mi misma, y no pensaba continuar con ese espiral de miedo y secretismo. Con mi madre fui tajante, no di espacio para que opinara. Solo le informé y que ella viera lo hacía conmigo para adelante. Si quería cortar relaciones, bien, si quería entenderlo, mejor aún. Después de años de haber hecho esto puedo decir que en mi vida sigue la gente que siempre quise que estuviera. Mis amigas siguen siendo las personas que más amo y que me apoyan en todo, mi mamá eventualmente lo aceptó y lo que opine el resto, bueno, cómo lo explico? Me da igual. Repito lo que he dicho en muchas ocasiones, para mi ser lesbiana visible es una decisión política. Una postura de vida. Que lo sepan en mis trabajos y cada nueva persona que conozco, yo no me lo guardo. No busco pasar piola, no me importa incomodar, no quiero guardar apariencias, no me interesa tu opinión sobre si crees que está bien o mal como soy, detesto la buena onda progre de “love is love”, o de “yo también tengo un amigo cola”, no quiero estar en la lista de una hetero para que diga “una vez yo me comí una mina”. Salir del closet para mí fue muchísimo más que hacer una declaración de “orientación sexual”, fue decidir quiénes permanecerían en mi vida y quienes se irían. Fue cortar los lazos que no me parecían sanos y forjar nuevos, fue desechar la idea de vida heterosexual (casa, hijos y esposa), sacar a los familiares que me parecían tóxicos y dejar solo a los imprescindibles, fue evidenciar la violencia que había vivido y atreverme a verbalizarla, fue decidir reencontrarme con mujeres de mi vida, sanarnos y amarnos, fue abandonar la idea de competir con otras mujeres, y empezar a construir puntos de encuentros. En fin, en este día internacional de salir del closet, invito a las lesbianas que me leen a politizar nuestra sexualidad, a no solo amar y construir con una mujer en particular, sino a amar y construir con todas las mujeres, amigas, hermanas, madres y compañeras.












