Hasta entonces… o para siempre
Me es difícil esperar, lo admito. Soy impaciente con casi todo en la vida, pero si se trata de ti… esperaría décadas. Aun sabiendo que tal vez nunca volverás, yo seguiré aquí, esperándote. No porque no pueda seguir sin ti, sino porque algo en mí se quedó contigo, y desde entonces, todo lo demás ha perdido un poco de sentido.
Te espero con el corazón abierto, como la primera vez. Sin condiciones, sin rencores, con la misma entrega de hace un par de años, cuando todo parecía posible. No sé si eso es amor o locura, pero es real. Y aunque el mundo siga su curso y yo también cambie, siempre habrá un rincón en mí que te pertenecerá por completo.
A veces me pregunto si tú también piensas en mí. No con nostalgia, ni con tristeza, sino con esa ternura tranquila de quien recuerda algo que una vez fue hogar. Porque eso fuiste tú para mí: refugio. Un lugar al que no importara cómo llegara, siempre me sentía bienvenida.
He intentado llenar el silencio con otras voces, con otros abrazos, con nuevas rutinas. Pero ninguna logra tocar esa parte de mí que tú alcanzabas sin esfuerzo. Es como si tu ausencia me hubiera enseñado a convivir con una especie de vacío amable… uno que no duele todo el tiempo, pero que nunca se va.
No sé si lo que siento es esperanza o simplemente una forma de no soltarte del todo. Pero sé que si un día, por cualquier razón, decidieras regresar, yo no dudaría en abrirte la puerta. No por debilidad, sino porque hay amores que una no elige olvidar. Porque hay personas que marcan tanto, que aunque el tiempo pase, siguen siendo el faro que nos guía desde lejos.
Tal vez nunca leas estas palabras. Tal vez ya hayas seguido adelante, con tu vida, con tus sueños, con otros brazos. Y está bien. Porque no escribo esto para que regreses, ni para que me recuerdes. Lo escribo porque necesitaba decirte, aunque sea en el aire, que sigo aquí. No igual que antes, pero con el mismo corazón.
Gracias por haber sido parte de mí. Por enseñarme lo que es amar de verdad, incluso si fue fugaz. Incluso si dolió. Me quedo con lo vivido, con lo sentido, y con la promesa silenciosa de que, si alguna vez la vida decide cruzarnos de nuevo, te recibiré como siempre: con los brazos abiertos y el alma sin reproches.
Hasta entonces… o para siempre.
A veces escribir es la única forma de seguir esperando sin romperse por dentro. Esta carta nació de un amor que no olvido, aunque ya no esté. “Hasta entonces… o para siempre.”




















