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“Bien” fue todo lo que atinó a decir su prometido a lo que ella nada más frunció los labios y asintió, volviendo su vista hacia el celular. Escuchó las demás palabras de él y sonrió con cierta picardía, desde que no sabía con exactitud qué quería decir o a dónde quería llegar con decir aquello pero podía imaginar más o menos a dónde iba la situación. Se quejó en cuanto él arrebató su celular de entre sus manos, levantándose para protestar al respecto, quedando realmente cerca del cuerpo contrario, levantando la mirada para verlo, la rubia era alta, claro que sí, pero definitivamente él le llevaba una buena diferencia todavía — Eso es mío, y lo estaba ocupando. — le peleó ella. Arqueó una de sus cejas ante su pregunta, pero antes de que siquiera fuera a contestar, sintió como los labios contrarios colisionaban contra los suyos, los cuales no negó, correspondió al gesto de manera instantánea, rodeando el cuello del hombre con sus brazos y apegándose por completo a su cuerpo, del cual podía disfrutar a su antojo. Aurora y Nathaniel eran las personas más diferentes que podías encontrar, nadie podía entender cómo era que no se mataban mutuamente por el temperamento que ambos tenían, pero ahí se podía encontrar la razón, todo el deseo que sentían el uno por el otro estaba latente a todo momento, era algo que ninguno podía negar.
“No hagas que me ponga todo diplomático justo ahora a hablarte de normas de buen hablante y de buen oyente, no es el momento.” Murmuró el rubio, en lo poco que habían compartido, era notorio que su postura era esencial, más había flaqueado en esto, se había suavizado un poco para con su prometida por el motivo que mantenía esa chispa entre ambos encendida, ella odiaba el mando, pero el lo amaba, más había un estallido entre ambos que no podían evitar y era como ambos cuerpos pedían por el otro. “Además...” El ucraniano mordió el labio inferior de la mujer antes de separarse un poco. “Por ahí me enteré que un tal capitán movió ciertos contactos y ahora, su prometida se quedará con el, sorpresa.” Dijo con una lasciva sonrisa esbozada en sus labios, tenía aquello bien guardado, ¿que mejor momento que ese? Su boca viajó hacia el cuello de la mujer, mientras que sus manos se deslizaban sobre la caliente piel de su abdomen para tomar la camisa de la americana, mientras menos ropa hubiera entre ambos cuerpos mejor.
I just can’t stop listening it, I find it better than the real song
“Hacer spoiler es de mala educación, don modales” Replicó de mala gana la castaña. ¿Era posible que el mero hecho de que estuviera hablando le molestara? Pues, a Nevra, eso le parecía. No lo toleraba y este, junto a su mal humor, le provocaba golpear su cabeza contra la pared una y otra vez. De igual manera, hablar con el ucraniano era como estar hablando con una pared porque no la iba a comprender nunca, ni a ella ni a sus actitudes, porque eran totalmente contrarias a las de él y Nevra nunca estuvo tan orgullosa de ser diferente a su familia que esos momentos. Si hubiera sido su hermana, de seguro ambos estuvieran teniendo una amena conversación y si hubiera sido su madre, de seguro estarían hablando de alianzas políticas, porque era lo único que la reina quería formar en aquellas reuniones. Ella, siendo la oveja negra de la familia, no podía disimular ni el disgusto en sus facciones. Lo siguiente que dijo, terminó por sacarla de sus casillas al punto de querer molerlo a golpes y gritarlo, pero se contuvo. Su lengua viperina haría un mejor trabajo que sus puños “De donde yo vengo te ganarías de enemigo al país entero si dices algo como eso. Oh y, de donde yo vengo, la mayoría de gobernantes son mujeres y hacen un buen trabajo. Y, también, de donde vengo, tengo el permiso y la autoridad de mandarte a podrir en un calabozo de por vida si me tratas así” Soltó, más calmada de lo que en realidad estaba, pero con la molestia presente en cada letra de cada oración de cada frase “Ay, capi, capi, capi…” Soltó un suspiro, negando un par de veces “Te crees tan correcto y no lo eres, pobrecito. Yo también estaría a la defensiva todo el tiempo si fuera así”
“Fácilmente te podría estar diciendo que bando gana, ¿lo estoy haciendo? no, de nada, doña no-tan-modales.” Era exasperarte mantener una conversación con aquella mujer, si el decía blanco, ella decía negro, si el decía cerrado, ella decía abierto, eran dos polos completamente opuestos que no encajaban el uno con el otro, ella tan rebelde, con su lengua completamente viperina, ¿que no existía alguna forma de mantenerla controlada, de callarla? Bueno, tenía una muy interesante en mente, pero el repudio por ambas partes era notorio. Esbozó una sonrisa divertida al escucharla, toda amenazante, pero ella era solo una niña y el podría acabarla con solo mirarla. “De donde yo vengo, las mujeres prefieren mantenerse calladas antes que desafiar a un Capitán. De donde yo vengo, ¿Andorra, atacando a un país que surte de armas a otros y con buenas alianzas con Estados Unidos? Suerte con eso, de donde yo vengo, niña...” Fue fácil tomarla distraída, ambas muñecas dejando caer la pizza solo para acorralarla contra la pared más próxima. “Puedo salir de ese calabozo en un abrir y cerrar de ojos y tu no lo notarías.” Dijo el ucraniano, sin retirar su mirada de los ojos claros de aquella mujer, la tensión entre ambas partes era notoria, él, alguien derecho y correcto, ella, todo lo completamente contrario.
La rubia estaba en la habitación de su prometido, todavía no le habían asignado habitación para ella por lo que no sabía en dónde quedarse, y la de él parecía la mejor opción, aunque no sabía quién sería su compañero o compañera de habitación, se atrevió a entrar y para su suerte, encontró la habitación vacía. Unos minutos después, escuchó que la puerta se abría mientras ella estaba acostada en la cama, entretenida en su teléfono pero de todas maneras alzó la mirada para encontrarse con Nathaniel —Hm, no me han dado habitación… — le explicó, apretando sus labios en una sonrisa. [ @captainathaniel ]
Al entrar a su habitación, no esperaba visitas, no esperaba tener que conversar, más se encontró con la presencia de su prometida, una de sus grandes hazañas: su compromiso con Estados Unidos, si Rusia tenía el descaro de romper la paz entre ambas naciones, su esposa atacaría con mano dura, defendería los intereses de Ucrania, y no podía estar más que agradado con esto. “Bien.” Bueno, si no encontraba habitación, la idea de mantenerla con el los beneficiaría a ambos, podrían hasta ganarse más afecto antes de que aquel compromiso fuera un hecho. “Hasta los momentos, no tengo compañero, así que, estamos totalmente solos... con varias cámaras encima, pero solos.” Dijo el hombre para acercarse a retirar el teléfono de la mujer, mirar a la persona que habla era una norma, y como odiaba que no le prestaran atención mientras hablaba, bien, tal vez encontraría otra manera de que su prometida fijara su atención en el. “Hay un costo por entrar a mi habitación, ¿quieres saberlo?” Murmuró al atraerla más a el, era su prometida, no podía negarse a las caricias de parte del ucraniano, si lo hacía, tendría una manera nada sutil de hacerla cambiar de parecer, su boca se abalanzó hacia la de la rubia, emanando en un apasionado beso el deseo que profesaba por su prometida, sería bastante divertido tenerla todo este tiempo para el solo en su habitación.
Ay no. La primera reacción de la princesa fue rodar los ojos hasta néptuno. Lo último que necesitaba para terminar de empeorar su humor era aquel hombre. No era que le hubiera agradado demasiado la noche del baile (en realidad, la puso de los nervios y no en el buen sentido) y esa noche estaba calmada. Ahora que su pecho subía con furia por su repentino amargue, él viviría una verdadera guerra “Oh, pero si es el Capitán América ¿y Iron Man?” Le preguntó irónica, tomando una servilleta y limpiándose las manos con ella, había terminado llena de grasa por la pizza “¿Te callas? Me cansas” Soltó después, pero con ese fastidio que no podía fingir “Para tu información, rubio de bote, estaba tratando de ser amable pero él seguía insistiéndome con preguntas personales. Apuesto a que tú le hubieras pegado o algo parecido, te ves así de basto”
“¿Ya viste la película o te doy el spoiler de lo que pude hacer con el montón de chatarra?” Dijo el hombre al ponerse de pie, para tomar cercanía con la ojos claros. Las películas de marvel eran sus favoritas, y obviamente, el capitán ya había visto aquella un par de veces, como para contarle hasta los diálogos de lo que pasa en aquella pelea entre el primer vengador y el multimillonario, pero sabía que dar spoilers no era de buena educación. “País libre, libertad de expresión, y... ¿una princesa heredera décima novena al trono, tiene derecho a callar a un heredero directo? ¿una mujer?” El hombre soltó un bufido, en su país, las mujeres eran mejor vistas manteniendo silencio y una postura muy sumisa, tal vez por eso la morena le sacaba de los cabales. “Disculpa, no puedo contestar, pediré amablemente que te retires, o deberé llamar a seguridad, toma, una buena propina, hasta luego, que tengas una buena noche... ¿eso no hubiera servido?” Torció sus labios en una mueca, en realidad, le daba un punto a la mujer. “Si a tres advertencias no acata la orden, tal vez, si, la fuerza sea la solución, hay varias técnicas de sumisión básicas.”
El joven llevaba un buen rato pensando en cosas que hacer sin embargo no grandes cosas venían a su mente pero ideó algo para poder llevarse un poco mejor con los demás ya que parecía no haber entablado conversaciones con todos “¡Hey!” Alzó una sonrisa en su rostro mientras llevaba una pelota en su mano “Te propongo un juego…” Miró curioso pero tratando de convencer a alguien más “Cada vez que te pase esta pelota te pregunto algo y me debes responder, lo mismo harás tú conmigo ¿Qué te parece?”
El capitán frunció el ceño, aquella idea no era ni tan buena, ni tan mala, si bien el ucraniano no era hombre de juegos, vamos, aquello serviría, un país como Grecia sumido en un grave problema económico podría ser fácil de doblegar, a unirse a filas ucranianas, en caso de que el conflicto entre su país con Rusia volviera a florecer. “Si claro.” Le dedicó una amable sonrisa. “Pero también puedo preguntar, ¿cierto? adelante, tu primero.”
“No quiero ser entrometido ni nada pero debo preguntar, ¿Para qué necesitas todo este vino?” indagó, y claro que tenía que hacerlo, si terminaba en problemas por un favor -llevarse varias cajas de alcohol de la bodega, para ser más exactos- por lo menos quería saber cuál era la verdadera razón. El decir no siempre se le había dificultado al polaco, por lo cual no era nada extraño que estuviese metido en aquél “plan”.
Había pasado la noche en vela resguardando aquel lugar, el militante ucraniano se había puesto en la tarea de incluir su puño de hierro en el comportamiento de aquellos reyes, cometiendo estupideces de un lado a otro, como por ejemplo, el polaco que llevaba una caja robada de alcohol, ¿que no les bastaba a todos con la fiesta y el estado en el que habían salido? Tocó el hombro de el joven y le dedicó una pequeña sonrisa. “Disculpa.” dijo mientras tomaba la caja de vuelta. “Si en tu país no es un delito, déjame recordarte que aquí si, robar lo es, y, robar en otro país, anula tu inmunidad... fácilmente puedo llevarte ante autoridades, que pena, un príncipe robando.”
“Nathaniel puede azotarme cuando quiera.” — Anónimo.
“Ok, es suficiente” Dijo la chica, cerrando de un portazo la puerta “¿Alguien que me quiera volver a recomendar cosas? Porque eso de pedir pizzas y que te las traigan a la puerta de tu casa no es como lo pintan en las películas, ugh” Comenzó a quejarse la castaña, encaminándose a grandes pasos hacía la cocina del lugar “¿Sabes que se quieren quedar hablando contigo ¡Algunos hasta son amables! Pobre hombre, no lo debí haber tratado así pero… Me desesperó. Necesito una Dorota o no podré sobrevivir aquí dentro” Le dijo a la presencia que sabía que estaba en la cocina, porque había visto a alguien de reojo. Dejó la pizza sobre la mesa y se llevó las manos a la cintura, observándola fijamente “¿Quieres comerte esto conmigo? Se me quitaron las ganas de comerla toda”
“Eso fue descortés.” Afirmó el ucraniano al ver de vuelta a la heredera, los modales eran algo importante para un futuro rey, ¿que modales se presentaban al tirarle la puerta en la cara a alguien? “El hombre solo intentaba conversar con alguien de la realeza, muy pocos plebeyos tienen el chance, no terminas de sorprender, andorra.” Dijo el capitán en notorio sarcasmo, no la sorprendía de forma positiva, en realidad, era todo lo contrario. “Además, para tu información, podías pedirle a alguien del programa que hiciera esa cooomplicada tarea por ti, piénsalo a la próxima.”
Captain Nathaniel Ivanenko. Prince of Ucrania in the Formal Dance.
Estaba cansada de estar dando vueltas como pájaro en una jaula, así que simplemente se quedó en un solo lugar, parada con una copa entre sus dedos. En medio del trayecto de la copa a sus labios, alguien se dirigió a ella, así que interrumpió su trago para mirarlo. “Uhm.. supongo. Nunca.. uh, nunca he estado en… en el ejército” Dijo con cierta inseguridad, no entendía de dónde provenía todo aquello. “Bueno, los reyes nos han invitado a celebrar..” Juntó su ceja,confundida; en cierto punto el tenía razón. “Simplemente han querido celebrar que la mayoría de la realeza está presente” Se encogió de hombros, no tan dispuesta a hablar de lo que los demás necesitaban o no. “De todo modos, entonces, ¿porqué tú participas de este reality?” Inquirió curiosa, levantando una ceja.
“Cuando no debería ser.” Agregó el príncipe ante la teoría de celebrar la unión de todas las partes de la realeza, Francia asimismo, no debió organizar esa reunión teniendo como invitado a Marruecos, es más, con que estuvieran Turquía, Egipto, Argelia y Arabia era una patada en los discursos de guerra que ha proclamado Francia tras los atentados en París, al tener de invitados a países que apoyaban a Dáesh, o Isis como solían ser reconocidos. “Un capitán acata ordenes de su comandante, bueno, mi padre decidió enviarme a este lugar, sus motivos tendrá pero estoy cien por ciento seguro que se trata de diplomacia, cosa... carente en este lugar, pero me encargaré de eso, de alguna u otra manera, la mayoría aquí debería de entender eso, más los que están próximos a tomar el trono y toman el estar reunidos con países aliados, o no aliados, como un juego.”
El joven marroquí escuchó toda la cátedra del mayor, frunciendo el ceño sin comprender a que demonios iba aquella charla. No le había preguntado nada, el otro simplemente había empezado a hablar tomando su atención en un principio pero después de todo lo dicho no pudo más que sentirse confundido al respecto. Llevó la cerveza a los labios para beber un sorbo largo, enfocando sus orbes oscuras sobre las contrarias. “¿Entonces que haces tú aquí?” Cuestionó, arqueando una ceja. “Parece que a diferencia de todos estos….” Empezó, apuntando a su alrededor. “Tienes un motivo diferente que en definitiva no es la diversión.”
Era una muy buena pregunta la que el moreno formulaba, ¿que buscaba su padre al enviarlo a dicho programa, todo lo contrario a lo que el capitán representaba? “Interesante pregunta para la que ni yo mismo tengo respuesta.” Dijo el hombre, al tomar un poco de valentía hecha champagne, era lo único que se permitiría tomar que no fuese agua durante dicho evento. “Mi padre, el Rey de Ucrania, decidió enviarme aquí como misión, y ante la autoridad del coronel la obediencia es lo principal, quiero pensar que me envió a hacer lo que la mayoría no hace, a establecer orden y diplomacia por el lugar, para mi país y por mi país.”
Hace poco se había sentado donde se encontraba poca gente, pero que entre esa poca gente estaba Nathaniel, príncipe de Ucrania, el país que era vecino suyo, así que lo conocía, poco pero lo hacia. Se sentó cerca pero manteniendo la distancia, con un vaso de jugo de naranja en su mano. Y al momento de sentarse, escucho que hablaba, ahí estaba el príncipe que conocía, aquel que era un soldado antes que todo. “Hola, Nathaniel.” Saludo antes de dar su comentario. “Pues, para eso están los reyes y los padres en general, para cubrir los errores de los hijos. No estamos en este reality para mejorar las relaciones políticas entre un país y el otro, es para mostrar como en verdad somos, lo que es una arma de doble filo si me lo preguntas.”
“Dimitri.” Saludó educado al príncipe de su país vecino, claro que conocía a los herederos de Rumania, Darius y Dimitri, aunque prefería mantener distancia en cierta manera, principalmente por los problemas entre ambos países como lo eran las minorías y el canal de bastroe, sin olvidar también de las relaciones entre ambos hermanos, revelada en la temporada uno del reality, cosa que al ucraniano no le agradó en lo absoluto puesto a que la posición de su país en referencia a la homosexualidad era bastante clara. “¿Es el deber de los reyes ocultar los errores de los hijos, o es el deber de los hijos mantener una buena disciplina para que no exista nada que ocultar?” Dijo el príncipe al observar al pequeño. “Y en eso, es algo en lo que coincido contigo, Ucrania, Rumania... inclusive Rusia, deberían estar en unión para defender la postura contra los gusanos del imperio, contra los capitalistas, oh pero claro, todos están más interesados en tener unas... ¿vacaciones, le quieren llamar así? antes de centrarse en lo importante, por eso, ahí va mi punto, todos ellos deberían estar siendo educados de como trabaja la diplomacia en su país a estar en un reality inflando sus egos y los números en sus camas.”
Con la ceja ligeramente arqueada, Nevra prosiguió tomando de su copa. Escuchó atentamente al hombre frente a ella y casi se quiso echar a reír por lo estrecho que veía que era. Ella sí era de esas que se dejaba guiar por primeras impresiones, porque normalmente, era ella misma todo el tiempo y por eso esperaba que los demás también lo fuera “Ahora yo te daré un dato curioso, porque parece que no lo sabes: Si la gente ha venido acá, es precisamente para liarla. Para algo está el reality, Capitán América” Contestó, esbozando una sonrisa al ver lo fácil que se le había escapado esa referencia de los labios “Y, por si no lo has notado aún, a la mitad de las personas que estamos acá nos las pica un pollo la importancia de nuestros reinos. Bueno, por lo menos a mi, que no soy ni la próxima en lista para heredarlo, así que…”
Aquel seudónimo no había usado con anterioridad para con el, curioso ya que su rango militar era el de capitán, más no coincidía con aquel carácter de cómic, y en cierta parte le agradaba el coraje y la lengua viperina de aquella princesa, otro, no lo hubiera enfrentado de tal manera, y obviamente al ser mujer en su cultura esa lengua hubiera sido cerrada de formas nada agradables, pero era algo con lo que el no estaba de acuerdo, y que obviamente, no implementaba. “Al ser primera, segunda, quinta, o décima al trono la importancia de una diplomacia no cambia y no hay excusa para ello. ¿China hablaría amenamente con Estados Unidos? No. ¿Francia con Arabia Saudita o países que apoyen al estado islámico? mucho menos, es más, ni invitados estarían, pero ahí los tienes, además, pongamos una situación hipotética... el heredero al trono de tu país muere, te toca a ti asumirlo, ¿estás segura de que no habrán rebeliones, intentos de golpes de estado o no intentos, golpes de estado en realidad, por suponer que su próxima heredera no cumple con los requisitos suficientes dado a que se mostró muy entretenida liandola en un reality? Yo, fácilmente donde no fuera príncipe de Ucrania y solo sirviera a mi mando de capitán haría eso, ¿que va a ser de mi país, ese que he tratado de defender en las manos de alguien que solamente mostró ser una rebelde sin causa en un programa?” Cuestionó sin retirar su mirada de la princesa, su postura era seria y autoritaria, pero cualquiera que comprendiera el trasfondo de aquella problemática en la que todos se encontraban darían con una pizca de razón a lo que el ucraniano decía.
Con la ceja ligeramente arqueada, Nevra prosiguió tomando de su copa. Escuchó atentamente al hombre frente a ella y casi se quiso echar a reír por lo estrecho que veía que era. Ella sí era de esas que se dejaba guiar por primeras impresiones, porque normalmente, era ella misma todo el tiempo y por eso esperaba que los demás también lo fuera “Ahora yo te daré un dato curioso, porque parece que no lo sabes: Si la gente ha venido acá, es precisamente para liarla. Para algo está el reality, Capitán América” Contestó, esbozando una sonrisa al ver lo fácil que se le había escapado esa referencia de los labios “Y, por si no lo has notado aún, a la mitad de las personas que estamos acá nos las pica un pollo la importancia de nuestros reinos. Bueno, por lo menos a mi, que no soy ni la próxima en lista para heredarlo, así que…”
Aquel seudónimo no había usado con anterioridad para con el, curioso ya que su rango militar era el de capitán, más no coincidía con aquel carácter de cómic, y en cierta parte le agradaba el coraje y la lengua viperina de aquella princesa, otro, no lo hubiera enfrentado de tal manera, y obviamente al ser mujer en su cultura esa lengua hubiera sido cerrada de formas nada agradables, pero era algo con lo que el no estaba de acuerdo, y que obviamente, no implementaba. “Al ser primera, segunda, quinta, o décima al trono la importancia de una diplomacia no cambia y no hay excusa para ello. ¿China hablaría amenamente con Estados Unidos? No. ¿Francia con Arabia Saudita o países que apoyen al estado islámico? mucho menos, es más, ni invitados estarían, pero ahí los tienes, además, pongamos una situación hipotética... el heredero al trono de tu país muere, te toca a ti asumirlo, ¿estás segura de que no habrán rebeliones, intentos de golpes de estado o no intentos, golpes de estado en realidad, por suponer que su próxima heredera no cumple con los requisitos suficientes dado a que se mostró muy entretenida liandola en un reality? Yo, fácilmente donde no fuera príncipe de Ucrania y solo sirviera a mi mando de capitán haría eso, ¿que va a ser de mi país, ese que he tratado de defender en las manos de alguien que solamente mostró ser una rebelde sin causa en un programa?” Cuestionó sin retirar su mirada de la princesa, su postura era seria y autoritaria, pero cualquiera que comprendiera el trasfondo de aquella problemática en la que todos se encontraban darían con una pizca de razón a lo que el ucraniano decía.