Como una niña pequeña se dejó consentir por el mayor. Bocado a bocado, comenzaba a sentir que estaba de regreso. Y a pesar que su hogar ahora eran otros brazos, el sitio que tenía a un lado de V era único e irremplazable, pasara lo que pasara, tormentas, terremotos o cualquier otra adversidad, sus almas siempre estarían unidas, pues así lo habían prometido. “Te creo”. Contestó acariciando una vez más ese rostro que escondía un dolor intenso, pues si algo era cierto, ambos jamás tuvieron la visión de ese futuro, no uno sin estar tomados de la mano y caminar siendo felices. Eran el uno para el otro y aún sus cabezas no lograban entender qué había pasado. “¿Y dónde quedó aquello que nos prometimos? ¿Por qué nos perdimos?”. Las mejillas rosadas de V comenzaban a dejar caer lágrimas sobre la mesa y eso la dobló. “Tae, somos libres… Pero siempre hay algo que nos hace rebotar y nos hace regresar. ¿A caso no te has dado cuenta?”. Limpió los ojos del muchacho, con dedos suaves y un beso en la mejilla que tal vez podía tranquilizarlo. “Mi deseo más grande es verte sonreír, tomado de la mano de quien nació para verte brillar. Eres alguien que merece amanecer con esa calidez a un lado. Mereces correr y sentir esa desenvoltura que no con cualquiera se comparte. Estar desnudos no sólo es en una cama, es abrirte de par en par y mostrar tu verdadero yo. Y lo sientes, ¿sabes? puedes percibir cuando alguien ve lo que nunca nadie más vió”. Tuvo que parar para poder tomarse unos segundos y continuar, aunque las lágrimas también en ella ya estaban presentes. “Si hoy me prometes que serás feliz a lado de Jimin, yo también me dedicaré a ser feliz por mi cuenta. Pero también debes prometerme una cosa más…”. Moon tomó la mano ajena y la apretó, mirándole muy fijamente. “Que nunca nos soltaremos. Siempre tendremos algo del otro. Tan profundo como el mar y como el café de tus ojos. Somos como el viento, siempre coexistiendo, siempre ahí”.
La vida en sí era un misterio, pero si algo sabía Tae era que a veces las personas deben crecer apartadas. Cada quien en su propio aprendizaje, y a pesar de que las separaciones eran duras, y dejar ir a quien te hace sentir bien te dejaba indefenso; era necesario para crecer. Él nunca dejaría de amar a Moon, no podía imaginarse lejos de ella, de su vida o interesarse por las cosas que le pasaban. No importaban las circunstancias, siempre quería pertenecer. “Éste amor me dio muchísimo. Amarte me dejó tantas cosas buenas que no soy capaz de mancharlo con algo como esto. Vivo agradecido por enamorarme de ti, y así hubieran sido tres meses o diez años, sé que habría experimentado lo mismo por ti. Habría sido tan feliz y pleno como se puede ser con el primer amor”. Sonrió ligero, y se limpió por sí mismo las lagrimas que no había conseguido retener, y así tomar las manos de la chica, llenándolas de besos. “Refugiarme en tus brazos sintiendo la calidez de tu cuerpo me trasmite una tranquilidad y felicidad única y pienso en lo grandioso y mágico que es el amor para que un acto tan sencillo cómo abrazar a alguien puede cambiarte el ánimo por completo, y también la tranquilidad de que te perderé nunca”. Tragó saliva por un momento, armándose de valor ante el diálogo de la chica y asintió con total certeza. “Jimin me hace feliz. Lo amo, y me ama, nos consumimos mutuamente y se siente como algo que siempre debió suceder”. Suspiró y asintió una vez más, alargando su dedo meñique, para cerrar aquella promesa. “Lo prometo, y te prometo que aunque ya no sea yo quien sujete tu mano, siempre estaré listo para apoyarte, quererte y ser esa persona con la que puedes superar absolutamente todo”. Sacó todo el aire que le sobraba, sintiendo como por fin su alma podía descansar y su corazón dejaba de apretarle. Entonces se puso de pie e invitó a la chica con su mano a levantarse, una vez que esto sucedió, colocó ambas manos sobre su rostro, listo para el adiós de aquel amor que una creyó, sería para siempre. “Te prometo que aunque me vaya... Mi amor, sin mí estarás mejor”. Susurró con dulzura, y unió sus labios contra los de la chica por última vez. Los degustó caricia por caricia, llenándose de su esencia y dulzura, pues una vez que terminara, aquel cuerpo se liberaría y dejaría ir toda responsabilidad acerca del compromiso. “Que seas tan feliz como hermosa”.





