Noches alegres, mañanas inexistentes.Â
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Noches alegres, mañanas inexistentes.Â
Reggae star (and soccer aficionado) Bob Marley would’ve turned 67 today. In this 1977 photo, Marley works on his ball skills at a soccer field in Paris. The Jamaican singer and friends were scheduled to play a friendly match against French personalities but the game was cancelled due to bad weather. (AP)
SI VAULT: Rohan Marley, son of Reggae star, a hit at Miami (9.13.93)
Tim Doyle - “Amanda Hugginkiss” (regular and glow in the dark)
Debuting this Thursday night at Spoke Art Gallery in San Francisco for Tim Doyle’s pop culture themed print show, “Unreal Estate.”
Buenos Aires, 2010
Felix Odell
(via imgTumble)
*____________________*
Es algo asĂ, pero tambiĂ©n es, más que nada, indescriptible como el infinito, como algo que se siente pero que no se puede, que no se quiere explicar.
Me di cuenta.
Hoy me dĂ cuenta de muchas cosas:
Me dà cuenta que hay cosas que uno anhela tanto, tanto, tanto que, después de todo, con esfuerzo y dedicación, eso llega.
Me dà cuenta que si obramos bien, no importa la recompensa que nos den; nos queda muy bien el hacer bien a los demás y, al fin y al cabo, es eso lo que nos reconforta.
Me dĂ cuenta que si quiero algo, debo luchar por eso.Â
Me dà cuenta que en los momentos de mayor sufrimiento recurrimos siempre a alguien que conocemos muy bien, que ha pasado con nosotros cosas que nadie más ha pasado.
Me dĂ cuenta que si algo nos duele, siempre hacemos algo para que duela menos y, muchas veces, no funciona porque no podemos sacar la cabeza de ahĂ.Â
Me dà cuenta que si de verdad hay algo que nos hace mal, lo mejor es luchar. Lograr que eso se convierta, nos alegre. Y si no pasa, después de haberlo intentado realmente, lo mejor es desecharlo, dejarlo atrás.
Me dà cuenta que cuando alguien me dedica una sonrisa, la vida se me hace más larga.
Me dà cuenta que cuando alguien me regala una caricia, el tiempo pasa más lento.
Me dĂ cuenta que con un beso puedo alegrar las cosas.
Me dĂ cuenta que el placer de la vida no está en la comida, no está en la bebida, no está en la ropa, no está en la droga, no está en nada material que se le parezca. El placer de la vida para mĂ son los sentimientos, todos. Me da placer llorar cuando estoy mal; me da placer llorar cuando estoy bien; me da placer gritar para descomprimir; me da placer rascarme si algo me pica; me da placer ver que un nene se rĂa; me da placer ver que un papá le haga un pase a su hijo; me da placer que una mamá le caliente la mamadera a su hijo; me da placer que un marido le caliente la cama a su esposa; me da placer ver que todavĂa haya gente a la que no le da miedo ni vergĂĽenza agarrar de la mano a la persona que ama; me da placer sentir que no son 125 razones de Coca-Cola las que hay para creer en un mundo mejor, son muchas más; me da placer que un amigo me cuente sus problemas; me da placer que haya alguien con tan poca gracia para contar un chiste pero con tan buen humor que pasemos 15 minutos riĂ©ndonos de lo mal que lo contĂł; me da placer sentirme vivo, porque se sufre, pero se vive y, aunque no sepamos quĂ© es lo que hay del otro lado, siempre esto va a estar buenĂsimo; me da placer que siempre haya razones para sonreĂr; me da placer que si habĂa algo que resolver, se resuelva sin más; me dan placer tantas cosas que, si alguien me pidiera que las enumerase, me quedarĂa corto, o largo, pero no sĂ© si alguna vez terminarĂa.
Me dĂ cuenta que la solterĂa está buenĂsima, pero por muy buena que estĂ©, no tiene los placeres que podĂ©s encontrar en alguien a quien abrazar sin vergĂĽenza, a quien besar cuando se quiera o necesite, alguien a quien poder contarle todo y nada, poder estar callado, poder estar triste, poder hacer lo que se quiera pero al lado tener a alguien que no nos va a mirar raro ni a reprochar si se lo necesita. Es como tener a un amigo con el que te podĂ©s (y querĂ©s) acostar, detalles más, detalles menos.
Me dĂ cuenta que el tener amigos para mĂ siempre fue muy importante, pero creo que es una de las pocas cosas en el mundo en que, salvo gente antisocial (y creo que ni siquiera, porque tienen gente en quien confiar que es en lo que se basa la amistad), todo el mundo concuerda: no se puede vivir sin amigos, sin gente a quien querer.
Me dĂ cuenta que nadie nace sabiendo, siempre necesitamos una figura paterna que nos guĂe, al menos un poco. Al fin y al cabo uno siempre toma un camino, por más mĂnimo que sea el detalle que lo diferencia, distinto al de quien lo crĂa. Pero siempre se necesita de un alguien un poco más sabio.
Me dà cuenta que la naturaleza es mucho más sabia de lo que podemos contemplar a diario.
Me dĂ cuenta que escribir abre fronteras, de las del mapa y de las de la mente, sobretodo Ă©stas Ăşltimas, increĂble e indelimitadamente.
Me dĂ cuenta que, si me pusiera a prestar verdadera atenciĂłn, nunca terminarĂa de escribir esta especie de canalizaciĂłn, sigo creciendo y sigo dandome cuenta de cosas que antes no, cambiando cosas que antes pensaba, conociendo cosas que antes no tenĂa ni la más mĂnima nociĂłn.
Por eso, y para ir terminando, me dĂ cuenta que un simple y sincero 'Gracias' es tanto o más de lo que podrĂa decir en mil lĂneas a toda esa gente que me ayudĂł hasta el dĂa de hoy, incluso, a hacer todo esto.
¡Risoterapia!
Hola, primero quiero aclarar algo: no estoy bajo el efecto de ninguna droga, estupefaciente de cualquier Ăndole o cualquier otra sustancia que pueda afectar mi cordura y sentido comĂşn. No estoy escribiendo yo, Ezequiel Sánchez Ritcherman, sino que es sĂłlo lo que me dicta el cerebro asĂ, rapidito y sin pensarlo, "a la que te criaste" como dicen los grandes.
Es muy tarde ya, y navegando y divagando por internet encontré un tema que me encantó para desarrollar: la risoterapia.
Es eso que, aĂşn en estos dĂas (incluso en estos tiempos, como dirĂa JoaquĂn), me dan a mĂ la inyecciĂłn de alegrĂa de decir "¡puta madre, hay gente que se rompe el orto para que el mundo sea como yo quiero que sea!". Es mágico, casi increĂble que tantas personas hagan eso tan importante sobre otras muchas más, el hecho de provocar un grato momento, de risas, de amistad, de lazos. Uno se pone una peluca, una nariz enorme, una sonrisa contagiosa y dice todas las cosas que otro desea escuchar. Nos crean una fantástica historia por momentos, nos hacen niños, nos recuerdan lo que todos necesitamos recordar cada tanto, nos dan un poco de vida, nos regalan esperanza, nos otorgan felicidad.
Es como un cuento feliz, ves gente reĂrse a carcajadas y a los provocadores que disfrutan haciendo eso y se contagian de eso que provocan, se meten en esa burbuja y se olvidan del mundo y sus problemas, se divierten con nosotros, se crea el intercambio, se produce el cambio de roles. Cuántas veces me han hecho reĂr diciendome que me sacaron la nariz poniendo un pulgar entre dos dedos, cuántas veces disfruto cuando lo hago. Cuántas veces nos llena de vida escuchar reĂr a las personas, cuántas veces nos enamoramos de aquella persona que nos hace reĂr por un buen rato (y cuando lo hace a menudo, mucho más). Cuántas veces nos hemos convertido en artesanos de la risa, cuántas veces nos han hecho pasar el tiempo contando una anĂ©cdota, contando un chiste, golpeándose, riĂ©ndose, viviendo como en ese cuento feliz.
No siempre el risoterapeuta tiene que ser un experimentado, muchĂsimas veces conocemos risoterapeutas que no saben siquiera lo que significa esa palabra. Es sĂłlo un poco de buen humor, saber reĂrse de uno mismo, carisma, caradurez, amor, diversiĂłn y lo esencial, energĂas y ganas. Son incontables los risoterapeutas que he conocido, por eso, hoy, ahora, todavĂa, quiero invitarlos a que reflexionen, piensen en la cantidad de veces que fueron felices gracias a ellos, miren al cielo y digan un simple "¡gracias!" (si lo creen adecuado, claro está).
Gracias por el tiempo compartido, y a reĂrse que de momentos felices se hacen los recuerdos. Pero eso sĂ, a los momentos difĂciles, buena cara, un poco de optimismo y un risoterapeuta cerca para hacer más liviana la mochila.
"Nunca se ven los momentos difĂciles en las fotos, pero son esos que te llevan de un momento feliz hacia el otro."
Ezequiel Sánchez Ritcherman.Â
Sostener.
Creo, que me he dado cuenta que sostener de la mano a alguien es eso: sostener. Aferrar es algo muy distinto. Sostener es llevar consigo, es acompañar, es estar. Sostener es querer, es poder decir sin decir nada.
Aferrar es feo. Aferrar suena a apropiar. Aferrar es no dejar ser, es robar, es no permitir, es no comunicarse, es no estar, es escapar, es resaltar sobre algo que no está.
El sostener de la mano a alguien es demostrar, es expresar, es querer sin poder y lograrlo. Es más magia que otra cosa.
El aferrar de la mano a alguien es opacar, es sublevar, es no querer, no poder, no lograr. Es más egoĂsmo que otra cosa.
Cuando uno empieza a caminar, lo sostienen, lo acompañan, lo enderezan, lo ayudan. No dejan que nada malo nos pase. Saben que no podemos solos, no lo lograremos. Nos vamos a caer, nos vamos a lastimar.
Cuando a uno lo aferran, le hacen doler. No lo dejan intentar, no le dan libertad, no podemos equivocarnos porque no nos dejan, no podemos hacerlo y ya. Saben que no pueden solos, que no lo lograrán. Se van a caer, se van a lastimar y, por eso, lastiman a otro.
El sostener es acto de amor, es amistad, es cariño, es compañerismo, es soporte, es caridad. El sostener se provoca porque miramos a alguien y vemos que solo no puede, que necesita de alguien para poder hacerlo y queremos ser ese alguien.
El aferrar es acto de egoĂsmo, es falsedad, es..., es una mierda. El aferrar se provoca porque miramos a todos y vemos que solos no podemos, que necesitamos de alguien para poder hacerlo y nos conformamos con cualquiera que pueda ser ese alguien.
Cuando uno aprende a caminar, se larga a caminar solo. Anda por cualquier lado seguro de no caer. Y pronto se anima a más. Quiere correr, quiere saltar, quiere caer parado. Y no puede, lleva tiempo. Entonces, primero, necesitamos un sostén. Y ahà está. Y nos sostiene, y nos acompaña, y nos ayuda. Y lo logramos: corremos, saltamos, caemos parados.
Cuando uno se cayĂł, se lastimĂł, se hiriĂł, quiere aferrarse a alguien. Y si ese alguien no se presta, no importa, nos aferramos. Y sĂ, saltamos, corremos, caemos parados. Pero el otro, desprevenido, cae, se lastima, se rompe.
Ya aprendimos, ya está, no hay nada por hacer. Ahora sĂ, andamos por donde sea, cruzamos calles, corremos, esquivamos, saltamos, caminamos para atrás, todo. Pero..., nada. Nos sentimos solos.
Entonces, llega el sostĂ©n. Y ahĂ, con amor, con humildad, con sinceridad, nos acompañan uno, dos, tres, varios. Y vamos. Y caminamos, nos sostienen y seguimos. Vamos por la vida acompañados, sostenidos, queridos.
Si no llega el sostén es otra cosa. Nos aferramos a quien sea y vamos. Pero alejamos del objetivo a quien no nos quiere acompañar. Y, otra vez, lastimamos. Por llegar adonde nosotros queremos, no importa donde quiera llegar el otro. Vamos y tiramos de la cuerda, la forzamos, la rompemos.
Lo más triste es que, por no acompañar, no sabemos si donde el otro quiere llegar es un lugar más lindo del que nosotros vemos. Y nos perdemos en el egoĂsmo, nos llevamos puesto todo.
Lo más triste es que, sin saber, eso nos aleja, no nos acerca. El aferrar incrementa distancias. Si en vez de eso, sostuviĂ©ramos, serĂa muy distinto. El sostener crea lazos, une objetivos, une fuerzas, une corazones. El sostener es obrar bien.
El sostener de la mano a alguien, y que alguien te sostenga, es acompañar hasta que llegue el final. El aferrar, termina por romper y eso, nunca llega al final. Impone un final, que hiere, que duele.
El sostener de la mano a alguien, es dar importancia y recibirla, es dar amor y recibirlo. El sostener de la mano a alguien es dar felicidad y recibirla.
Ezequiel Sanchez Ritcherman.
WHAT MAKES YOU FEEL BETTER WHEN YOU ARE IN A BAD MOOD?
En Spanish mejor! Escuchar mĂşsica, sin ninguna duda.