De alguna manera siempre lo supe, pero fue hasta que estuve en el colegio que caí en cuenta que a mí me gustaban las chicas.
Entonces tuve dos opciones expresarlo o callarlo, tomando en cuenta que mi salida del clóset fue sorpresa para muchxs hace algunos años, podrán entender que hubo silencio.
Allá en Tilarán (y conste que amo ese lugar), el tema de la diversidad no era muy bien visto, no habían lesbianas sino “tortilleras” o “marimachas” y no habían gays sino “playos” o “pajarracos”, el resto de diversidad simplemente no se concebía.
En aquel entonces, mi confusión era tremenda: no quería perder a mis amigxs, ni sabía como podían reaccionar mi mamá y mi papá y sí, temía irme al infierno, porque el dios en el que creía parecía repudiar a las personas así.
Cuando entré a la Universidad, a la gente parecía importarle muy poco lo que hicieran las otras personas. Por eso me sorprendió tanto que ese año en las afueras de la universidad golparon a un par de muchachos porque eran “afeminados”, la reacción de muchos fue hacer comentarios homofóbicos que apoyaban este tipo de violencia. Los futuros abogados de este país, entendían el concepto de justicia, pero con excepciones… Yo no decía nada pero me alejaba o me quedaba seria.
Aquella universidad, ese lugar lleno de libertad era también un sitio excluyente, otro pequeño pueblo dentro de un campus.
Llegué a San José con la esperanza de que las cosas cambiarían:
La primera vez que fui a un bar gay me metí a la Avispa con un compañero de la U, me encantaba salir a bailar porque la gente estaba feliz siempre, en varias ocasiones me contaron que a veces personas pasaban gritando cosas o tirando bolsas con orina a quienes estaban en la fila, nunca entendí como podían hacer algo así.
Fui a bochinche por insistencia de Randy, simplemente adorábamos ese lugar; esperaba que llegara el fin de semana para ponerme las mejores galas y pegarme unas bailadas inolvidables. Me sentía libre, realmente libre. Años más tarde desde un carro dispararon a las personas que hacía fila para ingresar y un muchacho murió, dentro de la comunidad fue noticia, para los medios no.
Desde ese momento dejé de salir tan a menudo y siempre que salía lo hacía con miedo.
El miedo se apoderó de mí por muchos años, cerré el facebook, dejé mis amistades de lado, me desaparecí del mapa como dicen; cuando salía con alguien yo creía que todxs me miraban y si alguien trataba de darme la mano buscaba cualquier excusa para evitarlo.
No era vergüenza, era miedo, mucho miedo.
Hasta que un día decidí, empezar y seguir con mi vida.
Con Gery, prácticamente nos echaron de un bar una vez y otro díaun guarda nos amenazó en la parada de Alajuela por estar “muy cerca”, aunque no nos estábamos besando ni nada, de nada y había una pareja de un chico y una chica que prácticamente se comían a vista y paciencia de todxs. Nos han gritado vulgaridades y groserías, nos han visto raro, se han reído en nuestras caras y solo por mencionar lo que recuerdo. Mucha gente se ha alejado y yo personalmente he alejado gente por mi bienestar.
Mi familia lo sabe, no necesariamente lo comparten pero lo respetan, mis amigos los saben, en mi trabajo lo saben, yo no me oculto, porque la forma en la que amo no es un delito.
Tengo que aceptar que las cosas han mejorado, pero también que el miedo sigue ahí, la diferencia es que ya no me detiene.
Lo que pasó en Orlando me parte el corazón, esas personas tenían un futuro, una vida, una familia, talvez una pareja que les esperaba.
Pudo ser cualquiera, pudimos ser nosotras, o mis amigxs o conocidxs, pudo ser mi familia, personas heterosexuales o no, y es triste, duele que amar sea una ruleta rusa para las minorías, que el odio se apodere de las personas y que no exista el respeto cuando hay diferencias.
Nadie quiere morir, nadie ama pensando que aquello que le hace tan feliz puede costarle la vida y nadie, NADIE tiene el derecho de violentar otra vida porque vive y ama de manera distinta.
En la medida que entendamos que el amor puede más que el odio, que la valentía puede más que el miedo y que la unión puede más que una división, las cosas van a mejorar.