Si me preguntan cuanto dura reponer un corazón roto, diria que 10 meses, 240 horas, 350 minutos y 1 segundo. Si, todo ese tiempo. Pero es mentira que hay timers, deadlines, y manuales. No hay nada para reponer el corazón roto.
Y el proceso... el proceso se parece mucho a usar un microondas viejo y arruinado. Meter la comida, sacarla, fijarse si ya está, decepcionarse, y volverla a meter. Sí. Es así. Hay días que el corazón está brillante, reluciente. Ya casi le sale humito. Pero lo saco y está congelado, todavía tiene grietas y no está listo para andar por ahí solito.
Y en ese segundo, en ese un segundo, el corazón puede hacerse añicos nuevamente sin ninguna explicación, sin tener el por qué, abrazado al dolor.
¿Sabían que el corazón no es amigo de las fotos, de las cartas, ni de nada de todo eso que le hacía bien y ya no más? El corazón se va corriendo intentando alejarse y todas esas cosas lo acechan recordándole el momento en el que estaba ya tibio para comer, ya listo para abrazar, totalmente dispuesto a amar.
Si me preguntan qué disfruto de este proceso, no se qué decir. Una persona que quiero mucho dice que es lindo pasar por esto porque habla bien de lo mucho que ama y amaron a tu corazón. De lo bien que se sintió. Pero yo no estoy tan segura, ni mi cabeza ni mi corazón lo están. A veces el corazón necesita vacaciones. ¿Sabían?
¡Y casi nunca se las puede tomar!
Porque creo que es lo único en esta tierra que esta de vacaciones cuando más está en acción. Porque parece que deja de latir y se reinicia cuando más involucrado está. Y por eso es tan difícil.
¿Sabían que el corazón tiene una relación tóxica, pero hermosa, con la cabeza? ¿Sabían que son un “tira y afloje” constante? Y no saben de soltar. Están el uno al otro buscándose cuando uno parece perdido y en otro asunto, y cuando hablan los dos juntos, al mismo tiempo, y conectan, es lo mejor del ser humano en el mundo.
Entonces el corazón no sabe de despedidas. Porque no puede despedirse ni de su peor enemigo porque, es a su vez, su mejor relación, su mayor conexión, su sueño máximo. Casi nunca están de acuerdo y eso les encanta. Casi siempre se complementan cuando están conectados, y eso los asombra. La cabeza siempre sale con cosas nuevas, y el corazón no deja de latir mandando impulsos y sensaciones cada vez que algo pasa por sus venas. De repente los ojos mandan un impulso, al ver otros ojos. La cabeza dice “no, no de nuevo, no caigas”. El corazón ya cayó y la cabeza se vuelve loca de tan sólo verlo ahí abajo, pequeñito, sangrando pero brillante de emoción. Y va a buscarlo.
¿Sabían... la cabeza más quiere al corazón cuando este mejor está? Cuando vuelve a ser el que siempre fue solito, desconectándose un poco de ese cerebro tan grande que no deja de mandar.
Pero hasta roto, el corazón sigue buscando a la cabeza. Hasta roto. Porque siente algo, porque le pasa algo. Porque no deja de latir, de bailar, de amar. Y la cabeza corre. Porque no quiere a nadie roto por la mitad. Porque no es corazón, no tiene mitad. Y una mitad de cabeza y una mitad de corazón forman algo extraño, que no puede ni latir, ni pensar, ni hacer nada sin dejarlo por la mitad.
La cabeza espera una señal. El corazón espera a su vez otra señal. Y en el medio, una corazonada que silencia a la cabeza un buen rato, y en ese silencio, la cabeza cae perdidamente enamorada... y el corazón, sale victorioso sin tajos, sin grietas, sin granizos, y al rojo vivo.
- el título es así porque Tumblr sugiere “Title, if you have one” y cuando uno esta con el corazón roto cree que el otro no tiene corazón. Pero quizás este se este tomando un recreo de cabeza y de sentimientos y esté trabajando part time, sin objetivos claros ni sentimientos verdaderos.