Eres el verdadero sentimiento.
Sad Eyes, Para mi lindo Guillermo (via sad-eyes-escribe)
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Eres el verdadero sentimiento.
Sad Eyes, Para mi lindo Guillermo (via sad-eyes-escribe)
Una vida
Tócala: no se encogerá como pupila esta rareza oviforme, clara como una lágrima. He aquí ayer, el año pasado: palmiforme lanza, azucena, como flora distinta de un tapiz en la quieta urdimbre vasta. Toca este vaso con los dedos: sonará como campana china al mínimo temblor del aire aunque nadie lo note o se anime a contestar. Los indígenas, como el corcho graves, todos ocupadísimos para siempre jamás. A sus pies las olas, en fila india, no reventando nunca de irritación, se inclinan: en el aire se atascan, frenan, caracolean como caballos en plaza de armas. Las nubes enarboladas y orondas, encima. Como almohadones victorianos. Esta familia de rostros habituales, a un coleccionista, por auténtica, como porcelana buena, gustaría. En otros lugares el paisaje es más franco. Las luces mueren súbitas, cegadoramente. Una mujer arrastra, circular, su sombra, de un calvo platillo de hospital en torno, parece la luna o una cuartilla de papel intacto. Se diría que ha sufrido una particular guerra relámpago. Vive silente. Y sin vínculos, cual feto en frasco, la casa anticuada, el mar, plano como una postal, que una dimensión de más le impide penetrar. Dolor y cólera neutralizadas, ahora dejad la en paz. El porvenir es una gaviota gris, charla con voz felina de adioses, partida. Edad y miedo, como enfermeras, la cuidan, y un ahogado, quejándose del frío, se agazapa saliendo a la orilla.
Sylvia Plath
Canción putesca
La blanca helada se acabó, los sueños verdes nada valen, tras un mal día de trabajo llega el momento de la sucia puta: su simple fama llena nuestra calle. Todos los hombres: blancos, rubicundos, negros derivan hacia su forma desmañanada. Fijaos, os pido, en esa boca hecha para bofetadas en ese rostro costuroso sesgado a fuerza de pintarrajos, hondones, marcas, violado por cada hosco año. Ningún hombre se le acerca que sea capaz de concentrar aliento con que corcusir fuego de amor en tan fétida mueca como apuntan mis castísimos ojos saliendo de charco, zanja, trago.
Sylvia Plath
No sé de qué manera comenzar. Me pesan las manos para tomar el lápiz y enfrentar el papel, pero esto no duele más que decirle adiós a tus memorias. Me encantaría darle un poco de carne y hueso a tus recuerdos para no buscarte en otros, para no llamar al destino y cruzarnos por una vez. Sí, desearía estar frente a vos hablando en voz baja y contándote todo lo ha sucedido por levantarme con el pie izquierdo en las mañanas, las veces donde el sueño se apodera de mi y termino en la estación equivocada del metro. También tendría que disimular el cosquilleo en mi cuerpo cuando tus cachetes esbozan una sonrisa, algo tendrá de positivo esta lejanía, porque entre mis brazos: No durarías un segundo con un beso en la boca y las sábanas mojadas. Dicen que decir adiós mil veces no es despedirse, en estos días lo he comprobado. Las quinientas noches de Sabina no me han servido para enterrar el término que nunca fuimos. Hoy ya no puedo llevarte en mi mochila, necesito espacio y abandonar tu abandono. Ver desde otros ojos lo bonito del amanecer, buscar en otro abdomen la ruta de mi tranquilidad. Ya tengo suficiente con verte en mis malas decisiones y el café frío de mis tardes grises. No tolero ver que ni siquiera nuestros pensamientos pueden coincidir, no tenemos más vidas para intentarlo y todo se fue al carajo cuando la frase que nos unía; también nos separaba. Ahora tomaré una bocanada gigante de aire para tener el coraje de abrir la herida y sacar todo el dolor que provocas. Ya no puedo buscarte entre amigos y cerveza porque una canción se vuelve tu sombra, mucho menos escribir tu nombre en las últimas páginas de mi cuaderno: Es el espacio de la inmortalidad para mis sueños. Esto es lo último que me queda, palabras, palabras que nunca podrán tocarte como lo hacían mis dedos o besarte hasta quebrarte los labios. Aquí puedo dejarte lo único que sé hacer: Letras, pedazos de mi ser, las veces que el tiempo no puede derrumbarme. Buenos días amor, hoy es mi último día contigo, bueno con tu adiós, ahora sigo yo. Ya sé que el mundo es redondo, pero si nos chocamos, procura no volver a mirarme a los ojos, ellos no saben mentir.
Café para la Luna, Daniela Arboleda. (via palabrasenpastillas)
Quiero morirme con los ojos cerrados; que nadie nunca me mire de mirada vacía.
J. Weitnauer (via intentandoserhumano)
Estoy más colmada de intrigas que de dudas.
PaoH (via vidaoceanica)
Insomnio con sabor a él.
(via sad-eyes-escribe)
Lo que hay de nuevo
Tú y yo, de viejo Soledad. Tú, yo y de uva el veneno.
Tú y yo aquí en mi pieza, no al amor, tu hiriente. Tú aquí queriéndome, a tu manera queriéndome. Tú buscando verme, en mil astillas verme.
¿A qué has vuelto Soledad con tu nombre de mujer? ¿cómo echarte no a patadas?
¿A qué has tocado Soledad con tu amor de macho? ¡Oh, vete o a patadas te saco! Tu allí, yo escribiendo otra carta de despedida como otras tantas. Yo y mi tinta en tecla inútil. ¡Tu haces humo las palabras!
Pero y@ no soy tu víctima, otrora fui sí, tu prisionero.
Ese
Federico García Lorca. (5 de junio de 1898 - 19 de agosto de 1936)
Despedida a una compañera de vida
Compañera cobardía: ¡Ay de mí sin ti! Sin temblor, sin murallas. Sin mis firmes carnes de roca.
¿Será acaso sin ti cobardía, que mis labios besen los míos, que a mi amor resulte de una vez imposible e impensable la huída?
¡Ay de mi sin ti cobardía! ¿Dónde irá a parar la lluvia? ¿Dónde irá entonces el frío? ¿Dónde si no serán mi compañía?
¿Qué será de ti cobardía? Sin ya secuestrar mi voluntad, ¿a quién más deberás tu fidelidad? ¿A quién ahora tu seguridad carcelaria?
La verdad, con esta despedida, lenta, cruda y empedernida, mi boca sangrante de costuras será ya roja de rubor con valentía.
Vieja compañera cobardía: tu abrazo de ayer no está al día, hoy congela el hierro de tus cadenas y es mi ansia viva fundirlas con la luz y el fuego tormentoso de un ave nueva que las cenizas revolotea.
Ese
¿No podría ocurrir que la prosperidad le resultase antipática al hombre? ¿No podría ocurrir que prefiriese el sufrimiento y también que éste le resultara tan provechoso como la prosperidad?
Memorias del subsuelo, Fiódor Dostoievski (via entreletrasycafeina)
Si al menos alguien se encontrase la esperanza que perdemos.
(via sergiocarrion)
Me duelen las manos de tanto no tocarla, me duele el aire herido que a veces soy…
Jaime Sabines (via zara-alvarez)
divina voz que pasas y te quedas para siempre
Jesús Guillermo, Letras para mi todo, mi Raquel (via eljujeniodeletras)
Debajo de sus párpados se esconden las respuestas a las preguntas que nadie tuvo tiempo de formularse.
Fragmentos | Heber Snc Nur (via tormentadepensamientos)
Mi mayor prejuicio soy yo mismo.
J.Rueda/Dentro de un instante(fragmento)