Esta es una carta de amor
¿Por qué a la gente no le gusta la Puerta del Sol?
O sea, me lo puedo imaginar, tiene que ser por los turistas, por la gente que es siempre mucha, moltissima. Yo también el año pasado - cuando vivía en La Latina y pasaba por Sol para ir en la Carlos III en Getafe - pensaba que vivir aquí tenía que ser un infierno. Siempre había tanta gente, la plaza estaba llena de guiris (¡dijo la italiana!), los osos gigantes de peluches y los atracadores con mono rojo y máscara de Dalí. Los mariachis, aunque no estamos en México. Por favor.
Lo entiendo, Sol puede fastidiar mucho.
Pero hoy quiero defender la Puerta del Sol y le voy a escribir una pequeña carta de amor.
Querida Puerta del Sol,
¿Cómo estás? Sé que en los últimos meses no te lo estás pasando muy bien, que te sientes abandonada y olvidada. Estabas acostumbradas a un estilo de vida diferente, siempre rodeada de gente, conociendo nuevos amigos. Me pregunto cuántos idiomas diferentes habrán cruzado tus ladrillos. Cuántas historias, cuántos amigos encontrarse y amantes despedirse. Todo pasa por ti, no solo las carreteras de España. Por ti pasa la historia de esta ciudad. Cada año nos permites cerrar un capítulo de nuestras vidas y empezar desde cero - esto es lo que nos gusta creer. Es mucha presión, pero tú aguantas siempre. Incluso este año has sido a la altura y no era nada fácil.
Me doy cuenta de que no es siempre bonito tener que chocar con decenas y decenas de personas cada vez que intentamos cruzarte. No tener el espacio vital para moverse, incluso en tiempos no de pandemia. Pero, por favor, ¿de verdad me vais a decir que no es maravilloso perderse en Sol? Dejar que toda esta gente nos convierte en invisibles. ¿En una hormiga más de esta maravilla de ciudad que es Madrid? Esto te puede pasar solo en Sol, si es lo que quieres.
Pero no termina aquí tu magia. Lo que es verdaderamente sorprendente es que si quieres te puede pasar lo contrario. Por la noche, cuando las luces de Tío Pepe se confunden con el reflejo de los ladrillos mojados. Cuando tienes todo el espacio para bailar y sentirte dueño de la ciudad, esta misma ciudad que de día hace de ti una hormiguita. ¿Qué otro sitio en el mundo es capaz de provocar emociones tan diferentes? Lo digo en serio, decídmelo y voy. Por ahora, solo me siento así en la Puerta del Sol. Y si no os convencí, os invito a pasar una noche conmigo por aquí.
Mejor con lluvia. Mejor ebrios.








