American Guerrilla in the Philippines / Fritz Lang / 1950
Posiblemente la más extraña de las películas de Fritz Lang, la más ajena a su mundo cinematográfico y a sus intereses como autor, resulta también una de las mejores para reafirmarlo como maestro absoluto del cine. Porque con todo en contra, Lang hace suya la película y demuestra que el cine consiste en trabajar sobre la imagen, más allá de los temas, los actores, los lugares o los géneros en los que te muevas. Porque American Guerrilla in the Philippines es, ante todo, un film puramente languiano, en cada imagen, en cada plano, en cada segundo. Es cierto que Lang trabajó en muchas ocasiones los mismos temas: la culpabilidad del individuo y la naturaleza de la ley y la justicia. Su estilo no es tan marcado como otros cineastas, porque nunca recurrió a imágenes espectaculares. Sus encuadres son de acción pura, lo que importa es el movimiento de los actores, el trabajo realizado en el interior del plano antes que un interés artístico. Se presta mucho menos que Ford, Hitchcock, Sirk o Vidor a ser lobomotizado a base de capturas. En su cine se encuentran sobre todo planos americanos. Apenas hay primeros planos, es mucho más común encontrar la versión griffithiana donde se encuadra hasta el pecho y los antebrazos de los actores antes que un plano del rostro aislado del actor. Como digo, las acciones son muy importantes, de ahí que sean abundantes también los planos donde se aislan pies y manos, en los que vemos cómo realizan acciones muy concretas. La fuerza, la dinámica de las personas y los objetos (de los más mundanos a los celestes) mueve el cine de Lang. Se construye bajo las fuerzas de la naturaleza, y a través de ella, se desprende una moral, edificada paso a paso, soldada a los cuerpos y las mentes de sus antihéroes como si hubiese estado ahí desde tiempos inmemoriales, transmitiéndose vía genética. Creo que aquí radica la importancia de las películas americanas de Lang sobre las alemanas. Si las germanas están construidas como grandes obras de arte, con una enorme ambición en los temas, las americanas, con Lang sometido a las leyes del mercado, todos esos temas y esa ambición aparece subterráneamente. Aunque para ser justos, no deberíamos dividirlo entre un período alemán y uno americano, sino como un cambio progresivo, pues ya en las últimas películas alemanas había un cambio hacia la ocultación, tras los géneros, de las ideas del film, de esa "moral" y las primeras americanas, como Fury o You Only Live Once parecen mucho más conscientes que todo lo que vendría después. En M o Fury el tema central del film es un hombre que lucha frente a un colectivo que lo quiere linchar. La idea no es tanto si es inocente o no, más bien si la ley es justa en su aplicación. Es algo que aparece continuamente en los siguientes films de Lang. En Ministry of Fear, un hombre se enamora de una mujer que resulta ser la hermana de un líder de una asociación nazi en EEUU. Al final del film, el protagonista y la chica, para salvar su vida, matan al nazi. Al escapar, la mujer, que durante toda la película se había debatido entre la fidelidad hacia su hermano y el amor hacia ese otro hombre, ni se molesta en mirar el cadáver de su hermano muerto. Estados Unidos es un país donde se acepta de forma muy ligera la justicia de matar a un hombre. Lang creó muchos personajes convulsos que matan, o bien se saltan la ley sin remordimiento alguno. Son films que nunca tratan directamente si eso es justo o no, ni se evidencia el debate interior del protagonista. Simplemente sucede. En American Guerrilla in the Philippines asistimos a esta situación. Cuando los lugareños del pueblo amigo de los americanos se enteran de que uno de sus vecinos va a delatarlos ante los japoneses, lo cazan y matan como un perro. No hay ninguna duda, ninguna discusión o juicio, simplemente lo matan a sangre fría. Los americanos, escondidos en la selva, se encuentran con una patrulla de japoneses. Consiguen acabar con ellos y mientras examinan sus cadáveres, escuchamos en off la voz de Tyrone Power: «we lived our first moment of satisfaction, we killed our first japs». Matar a otro hombre como satisfacción. El acierto de Lang radica en no convertir todas estas ideas en algo pretendidamente profundo. Las películas actuales de guerra siempre ponen a soldados lloricas o reflexivos preguntándose amargamente el porqué de su lucha. En Lang no. El asesinato es frío y directo. Las reflexiones las tiene que hacer el espectador. Y no es tampoco frivolidad. Cuando la guerrilla americana mata a un guarda japonés para hacerse con una embarcación, Lang se olvida de la acción y se queda con el cadáver del japonés, flotando en el agua, un poco a la manera del final de Notorious de Hitchcock, cuando Cary Grant e Ingrid Bergman se marchan de la casa del nazi y la cámara enfoca al compungido Claude Rains quedándose solo y abandonado. En las mejores películas de Lang no hay enfoque moral, ni mucho menos un punto de vista del autor sobre los hechos que filma (al margen del humor que maneja a veces), sino que se desprende una moral. Hay que atender a la acción, a la planificación, para entender el complejo pensamiento del autor. Puesta en escena que, como señalaba antes, es asimismo complicada en sus continuos procesos de ocultación. Como si el propio Lang fuese un criminal que intentase esconder un delito tratando de simular normalidad. Quizás nunca fue tan lejos como en American Guerrilla in the Philippines, un film que es directamente un film propagandístico sobre las bondades de la intervención exterior del ejército norteamericano. Pero en Lang nunca es así. Que el film carezca de un drama desgarrador como los de Human Desire, The Big Heat o Clash by Night o que no exista ningún juego retórico como en The Woman in the Window o Beyond a Reasonable Doubt, no quiere decir que sea inferior. Más aún, la hace todavía más pura, más conceptual. Más transparente a la hora de mostrar el estilo de Lang. Incluso se permite dudar de la propia política norteamericana. Cuando el pueblo es liberado de los japoneses y se avecina la llegada del general MacArthur, el cura del pueblo se dispone a colgar de un mástil la bandera de barras y estrellas. Tyrone Power se acerca y le dice: «why don't you rise your own banner?». Porque al igual que Ford o Walsh, una película de militares de Lang es todo lo contrario a una película militarista. Es, principalmente, una película humana.
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