Si yo fuera capaz de hacerte entender que mi amor va más allá de lo que tus ojos y mis ojos puedan ver, el mundo sería de los dos. Si tan solo Dios decidiera que mañana, pasado u hoy mismo fuera el fin del mundo, yo estaría preparada y dispuesta para ir por ti a él, sería capaz de caminar entre fuego, de tragar hielo, de sentir mi cabeza en el suelo, de quedarme sin aliento, de sentir diario el desvelo, para que por fin tus manos puedan tocarme a mí y tu alma entendiera que, desde que te vi, ahora todo se trata de ti. Se trata de el rayo de luz que entró a mi habitación cuando te conocí, mi habitación siempre fría y sola, escribiendo poesía alcoholizada y deprimida, sin esperanzas y sin anhelo, tu eres ese cambio eterno. Eterno porque después de besar tus labios ya nada es finito, todo se volvió de colores, volví a comer, a reír, a disfrutar, a vivir. Las mañanas tenían nubes y sol, no me daban miedo las noches pues dormía contigo en mi corazón, esperaba el mañana solo para volver a abrazarte y sentir que después de pasar años de mi vida en agonía, mi corazón volvió a sentir aquello que, pensó, no existía ni merecía para mí; el amor. Y aunque jamás me dijiste que me amaras y no estoy segura de que lo hicieras, yo si lo sentía con solo tomar tu mano y sentirla plena, mía, aunque sea un instante, aunque sea sin un beso, aunque solo fuera eso, tu mano y mi mano.
Quisiera correr a gritarte que me devolviste la esperanza, que por ti abrí los ojos y el mundo vi, que por ti me dieron ganas de volver a apostar por lo que siempre me fallaba, por lo que dije que jamás volvería a experimentar. Te lo ganaste y sin esfuerzo, solo siendo tu. Solo acercándote a mi sigiloso e intenso al mismo tiempo, poniendo atención a los detalles, observandome al comer, escuchando mi risa, oyendo mis historias y cantando conmigo las mismas rolas. Qué hermoso aquel tiempo y qué fino este recuerdo, la esperanza era más grande que el miedo y yo, siempre pensando en tu alma y en tu cuerpo.
Ya nada más existía, ya nadie más había existido ni nadie más existiría, solo eras tú y tu sonrisa, tus manos y tu pecho, ese que huele a que te quiero. Pero es que nada me falta si te tengo, nada sería más que estar contigo, nada rebasaría la plenitud de sentir que contigo vuelo, vuelo y muy lejos, vuela conmigo esta poesía que contigo está agradecida, pues en mi vida podría haber salido algo anhelador, sincero, feliz y enamorado si no hubieras venido a enseñarme qué es amar siendo sinceros.
La sinceridad me exige esto, que te grite, que te explique, que te hable, que te dibuje todo este sentimiento, que tanto te quiero, tanto te quiero amor. Aunque nunca te lo dije siempre antes de llamarte pensaba en un amor. Pero si no te puedo hablar ni explica, te escribo, en esto que es lo más sincero que puedo hacer; poesía. Nada de lo que está técnica artística saque de mí es mentira, la poesía es tan sublime, que no me permitiría mentirte. La poesía es la primera en decir que el infinito es para ti, solo para ti, la que me ruega que deje de hacerme tonta y tome el lápiz porque si no se crea no puedo probarte que te quiero, que es la herramienta más eterna que tengo, que si esto existe es porque sin ti, no me muero, vivo y no siento.
Pero si no me crees, no hay nada que detenga el querer seguir escribiendo, aunque no te guste, aunque te de risa o te enoje. Mi poesía existe, tú le das vida y sentido, contigo, la cerveza empezó a tener amor y cerveza con amor, nació no de sus cenizas, si no de la luz que le diste cuando llegaste. Y no te dejaré de escribir hasta que ese fin del mundo llegue y así pueda hacer realidad romper con todo para ir por ti, porque mi corazón, siempre, es totalmente para ti.