Es bueno saber reconocer la fantasía de la realidad.
Así decidí dejarte ir.
Tu realidad y la mía son muy diferentes,
mientras que en nuestras fantasías nos encontramos.
Papittafritta
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Es bueno saber reconocer la fantasía de la realidad.
Así decidí dejarte ir.
Tu realidad y la mía son muy diferentes,
mientras que en nuestras fantasías nos encontramos.
Papittafritta
🩷 "Disfrutar de la vida, aprovechar al máximo cada experiencia y vivir de manera plena con gratitud" 🩷
''The Last Centaur'' por Tim Conrad.
(Epic Magazine, Diciembre 1981).
Lencería, vino tinto y tú...
Fantasía te he vuelto,
inalcanzable, volátil,
y tan necesario para respirar.
Papittafritta
Credendo vides
El Exilio de los Brujos.
Durante siglos, Sakkrad fue una auténtica cuna del saber mágico. Filósofos, eruditos, estudiosos de los flujos de magia y académicos de todas las disciplinas acudían a la ciudad atraídos por su reputación como centro del conocimiento. La investigación constante, el intercambio de ideas y la voluntad de comprender la magia en todas sus formas definían el espíritu de la ciudad.
Fue precisamente ese clima intelectual el que sembró la semilla de su mayor tragedia.
Con el tiempo, comenzaron a surgir voces que defendían que el conocimiento no debía tener límites. Algunos magos y hechiceras, amparándose en la idea de que toda magia debía ser estudiada para ser comprendida, empezaron a explorar prácticas cada vez más controvertidas. Al principio, se habló de ampliar horizontes, de no estancarse, de no temer a lo desconocido. Se insistía en que investigar no equivalía a corromperse, y que negarse a ciertos caminos era una forma de ignorancia voluntaria. Sakkrad toleró esas posturas durante demasiado tiempo, y lo que en un inicio fueron experimentos controlados y debates académicos, pronto se convirtió en una deriva peligrosa. Algunos comenzaron a utilizar hechizos y rituales que no solo estudiaban la magia oscura, sino que la empleaban, justificándose siempre en nombre del conocimiento. Se cruzaron líneas que no eran académicas, sino morales, aunque muchos se negaron a verlo.
La magia negra empezó a contaminar los flujos mágicos de la ciudad y a corromper a quienes la practicaban. Muchos de aquellos investigadores acabaron perdiendo el control, consumidos por la energía que manejaban. Surgieron brujos y aquelarres que ya no buscaban comprender la magia, sino dominarla a cualquier precio.
Cuando la ciudad quiso reaccionar, ya era demasiado tarde.
En el año 689 d.L., la magia negra se había extendido por todo Sakkrad. La población vivía aterrorizada, y la energía misma de la ciudad estaba profundamente dañada. Las autoridades recurrieron a la Academia Amarus Gratia, dando inicio a un largo y doloroso proceso que pasaría a la historia como el Exilio de los Brujos.
El Exilio no fue inmediato ni sencillo. Durante cerca de una década, Sakkrad se vio sumida en conflictos constantes. Enfrentamientos abiertos, persecuciones, debates amargos y divisiones internas. Muchos se negaron a abandonar sus prácticas, convencidos de que estaban siendo censurados injustamente. Otros comprendieron demasiado tarde que habían confundido el ansia de conocimiento con la ausencia de límites éticos. El precio fue devastador. Hasta un tercio de la población perdió la vida durante aquellos años tan oscuros. Este acontecimiento marcó el inicio de una ruptura profunda entre dos formas de entender la magia. Desde entonces, Sakkrad sostiene que no toda magia es aceptable, y el problema nunca fue el deseo de saber más, sino la voluntad de causar daño en nombre del conocimiento. La magia negra no hace a un mago más sabio ni más capaz; solo demuestra que ha decidido cruzar límites morales que otros se niegan a traspasar.
Tras el Exilio de los Brujos, y con la ciudad gravemente dañada, surgió la necesidad de proteger Sakkrad y evitar que aquella tragedia se repitiera. De ese propósito nació el Concilio de los Arúspices, formado por magos y hechiceras encargados de velar por la ciudad y por Kaelkoth en su conjunto. Su misión era preservar el conocimiento sin permitir que volviera a convertirse en una herramienta de corrupción. Con el tiempo, Sakkrad logró reconstruirse y prosperar de nuevo, pero nunca olvidó la lección aprendida. La ciudad que hoy se alza en los cielos no solo es un bastión del saber, sino también un recordatorio permanente de que no todo vale, y de que el conocimiento, desprovisto de ética, es un camino en línea recta hacia la autodestrucción.
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