A veces no hay un adiós de por medio y te quedas con un tequiero en los labios, los brazos extendidos y los ojos vueltos mares. Lo buscas en canciones y en chistes que otros no saber contar; en el fondo de tu taza de café y en los atardeceres que lo nombran. Arrancas una y otra hoja al calendario, hasta que la esperanza se va extinguiendo y comienzas a asumir que tu añoranza no lo hará volver. Al final sueltas ese amor que te quema, deseando que en otra vida su historia tenga un mejor final.
Ciria
















