Mary Oliver. Poesía.

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@chefherrera
Mary Oliver. Poesía.
EL HOMBRE DE LA BANCA
Hay un hombre sentado en una banca en una plaza en un pueblo. La banca es de cemento, donada por alguna de las familias del pueblo y el nombre de la familia queda estampado en el respaldo.
El pueblo es como cualquier otro pueblito del altiplano. Tiene poca gente, el ambiente es seco y frío, hay aromas de humo, hojas secas, estiércol y mineral, los perros ladran y hay más viejos que jovenes.
EL hombre que está sentado en la banca es uno de esos viejos. Todos lo conocen y él conoce a todos. Todos los días llega a la plaza y se sienta en la misma banca y contempla el atardecer. Lo reciben un montón de ruidosos zanates y tordos y se reúnen a su alrededor. Luego de un rato, ya cuando ha bajado el sol y se acerca la oscurana, se levanta y se marcha. Las aves remontan el vuelo y se posan sobre las ramas secas de los árboles de la plaza. Comienza a soplar un viento frío y cae la noche. Suenan las campanas de la iglesia a la cual nadie asiste ya, se encinenden luces en todas partes y los grillos comienzan su canto.
La banca donde este hombre siempre se sienta lleva el nombre de su familia, por ello es su preferida. És el último que queda de la familia.
Todas las tardes gente atraviesa la plaza, lo ven, lo saludan y él regresa el saludo. Nadie conversa, sólo se miran y asienten. Por ahí pasa el que atiende la miscelánea, luego la señorita de la panadería, el de la ferretería, la señora de la esquina, el que cuida burros y caballos, el tipo que anda siempre con tres perros, el que repara y pinta, la doña que cocina y un señor que no hace nada más que recorrer todo el pueblo a pie.
Esa tarde el señor que se sienta en la banca de su familia no llegó. La gente que pasa por ahí todos los días no lo advirtió. Pero al día siguiente comenzaron a darse cuenta.
Al tercer día se preguntan entre ellos si alguien había visto al señor de la banca. Todos dijeron que no.
Al cuarto día se corrió la voz, la gente comenzó a preocuparse y empezaron las suposiciones; se habrá enfermado, se fue de viaje, se ocupó en algo, vinieron por él, se murió.
Al quinto día se reunieron en la plaza, justo frente a la banca del señor, y hablaron de varios asuntos. ¿Tiene familia? No. Él era el último. Vamos a su casa. Ya llegan. Llaman a la puerta. No hay respuesta. Gritan su nombre. Nada. alguien se brincó la reja, le dio la vuelta a la casa y entró por la puerta de atrás. Atravesó la casa y abrió la puerta principal para que los otros entraran. Las cosas están en su lugar. Hay fotos, adornos y vasijas de porcelana polvorientas. La atmósfera está como difuminada. En la mesita de la cocina se ven una taza fracturada con un poco de café frío y un plato de peltre con migajas. En la pequeña despensa hay latas, especias, una bolsa de arroz y otra de frijoles. La sala parece que no la han usado en muchos años. Entran a la recámara. Aquí no hay nadie. La cama está tendida, la ropa colgada, los zapatos en su lugar. Vamos al baño. Las toallas secas, dobladas sobre el tubo transversal. Botiquín con medicinas caducas y un olor a mentol, alcanfor y alcohol. Recorren la cortina de la regadera: está seca y polvosa. La casa, pues, está vacía.
Al sexto día se organizaron y lo buscaron por todo el pueblo y como el pueblo es pequeño no tardaron en recorrerlo todo. Pero no lo encontraron. Al final del día se reunieron en la plaza y concluyeron que el hombre de la banca se había marchado. Pero desaparecer de esa manera, sin dar aviso, sin despedida, qué inconsistencia.
Séptimo día. La gente ha vuelto a su habitualidad, a sus recorridos y rutinas. Ya atienden sus negocios, preparan la comida, reparan cosas, escuchan la radio o hacen mandados y diligencias. Atraviesan la plaza, como todos los días. Al principio no lo notan, pero alguien se da cuenta: se detiene frente a la banca donde se sentaba el señor a contemplar el atardecer y advierte que el estampado con el nombre de su familia ha desaparecido. Sólo queda una fría y grisácea banca de cemento.
De pronto, un montón de zanates y tordos posan sobre ella.En silencio.
Marfa, Tx. #marfa #roadtrip
Nuestras tumbas.
Recuerdos rotos, olvidados.
Pero nos resistimos a desaparecer.
Si no fuera por un par de pedazos de mármol o unas decoloradas y desteñidas fotos, ¿quién se acordará de nosotros?
Y los dioses que tanto invocamos y en quienes confiamos, mudos.
"¿No estaremos todos embrujados hoy? ¿No andará algún demonio suelto por aquí? Sin duda, algo singular le ocurre hoy a la gente."
Dostoievski, El Otro
Marfa, Tx.
Catedral de Tlaxcala
Cañón de guitarritas, La Huasteca, Nuevo León
Muchos fotógrafos odian el formato 110. Sabiéndolo usar, se logran cosas interesantes. Sobre todo porque, al tratarse de un negativo tan pequeño, al ampliarlo se genera una textura peculiar, granulosa, en donde resaltan los colores. No siempre se debe buscar un formato con la mejor resolución, hay que entender todos los formatos de fotografía y ver qué se puede hacer con ellos.
¡Jump!
Tlaxcala
CARNE ZARAZA. Este es una preparación clásica del estado de Nuevo León. Es una variante de la cecina huasteca, carne magra cortada muy delgada y sazonada con naranja agria (naranja de cucho). La zaraza sólo va con un poco de sal y asoleada lo suficiente como para generar una costra pero que por dentro quede cruda. Se sirve como botana, en tacos, con guacamole y una salsa. Mi versión lleva una mezcla de limón y naranja, sal y un recaudo de orégano, comino y pimienta negra. La ahumo en frío media hora, la asoleo unas horas por los dos lados y listo. Yo la sirvo cocida a las brasas, con tortillas de maíz, salsa de chile piquín y aguacate. También la presento cortada en tiras muy delgadas, sazonada con una vinagreta de xoconostle y cilantro fresco, como botana. Aunque presentarla cortada en tiras con jugo de limón y cerveza es super cantinero y no falla. Se acompaña de una cerveza muy fría. Las notas a humo, especias y cítricos se combinan de manera profunda e intensa configurando un código de sabores, texturas y aromas característicos de Nuevo León. Ese es mi estilo.Que no le digan que la zaraza o la cecina la inventaron aquí o allá; la cecina viene de España y acá se adaptó en diversas regiones, cada una con su estilo muy característico, y esto incluye cortes distintos de la res, grosores, sazón, tiempos de asoleado, etc. Al final, lo que importa es la técnica: carne con sal y sol. Lo demás es cosa de cada quien. #guisosvergas #cocinaregional #cocinanorestense #cocinamexicana #zaraza #cecina
"Así, Hasib Karim al-Din aprendió todas las ciencias, y a continuación vivió, comiendo y bebiendo, la vida más dulce y deliciosa, hasta que le sorprendió la muerte, la que destruye los placeres y divide las compañías".
Noche536 de Las Mil y Una Noches.
Miré al viento
Hojeando páginas y páginas
De una gruesa enciclopedia
Tirada en la basura,
Apresurándose en encontrar una respuesta
Charles Simic
Sierra Madre Oriental. N.L.
Ha pasado la alegría.
Ha llegado la tristeza.
¡Y tanta tristeza!
Juventud y vigor:
¿Cuánto tiempo durarán?
¿Y qué hacer con la vejez?
Emperador Wu
Enrique Jardiel Poncela
Mi papá leía en aquellos años a Enrique Jardiel Poncela y decía que poco a poco íbamos perdiendo el sentido del humor para sustituirlo por una comedia grotesca, procaz e innecesariamente sexual. Del humor a la vulgaridad. Porque hacer comedia de verdad es muy difícil, tanto escribirla como entenderla y, al final, su conclusión lógica: reír con ella, dejarse arrobar, arrebatarse y entrar, quizá, en estados catárticos.
Esa tarde, merodeando por esas librerías de libros antiguos y viejos de la calle Donceles, di con un librito de la editorial Aguilar. Reúne los escritos más emblemáticos de Jardiel Poncela. De inmediato lo compré y lo he estado hojeando cada que comienzo a sentirme muy serio, muy formal o cuando me tomo las cosas muy a pecho. A continuación una breve lista de definiciones de este escritor, algunas tan actuales como cuando se escribieron allá en la década de los veintes.
Reloj: aparato para comprobar que se llega tarde a las citas
Esperanto: idioma universal que no conoce nadie en el universo
Claxon: aparato que suena después de atropellar
Paso para peatones: sitio estratégico para atropellos
Vegetariano: Persona que no come carne delante de testigos.
Cerillos y alfileres: Unas de las pocas cosas que todavía se hacen con cabeza en el mundo
Lápiz: maderita para sacar virutitas
Sombrero de mujer: receptáculo de colores brillantes, dentro del cual van metidos los cabellos y a veces una idea: la de comprar otro
Dentífrico: pasta para limpiarse los dientes y ensuciarse el resto del organismo
Novela de 300 páginas: ladrillo combustible
Taxímetro: aparato que marca lo que quiere el chofer y con el que puede medirse la tensión cardíaca del viajero.
No tocar, peligro de muerte: cartelito que debe ponerse al lado del timbre en las casas de algunos médicos.