Quiero llorarte, Alicia García Bergua

titsay
will byers stan first human second
he wasn't even looking at me and he found me
$LAYYYTER

JBB: An Artblog!

izzy's playlists!
taylor price
Alisa U Zemlji Chuda
todays bird
Keni
wallacepolsom

No title available
Stranger Things

No title available
sheepfilms

★
Jules of Nature

shark vs the universe
Mike Driver
Xuebing Du

seen from United States
seen from United States

seen from Malaysia

seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from United States

seen from Romania

seen from United States

seen from Chile
seen from United States

seen from France

seen from United States

seen from Japan

seen from Australia
seen from United States
seen from Germany
seen from United States
seen from Romania
@cherrylema
Quiero llorarte, Alicia García Bergua
Un amor, Constantino Cavafis
The Story of Us
NASA and SpaceX launch astronauts Robert Behnken and Douglas Hurley to the International Space Station. [May 30th, 2020]
Abulia emocional
Soy un vaivén entre la cordura y la pura rebeldía, entre lo que soy y lo que quisiera ser, lo que los otros esperan de mi hoy ya no me angustia tanto; lo que no deja de ser un asunto complicado.
La indecisión siempre presente parece saber más de mí que yo de ella. Me controla, paraliza, abruma y preocupa mucho más de lo que debería y detesto que aparezca sin anunciarse.
No se cuantas horas habré pasado pensando que eso del amor ya no es para mi, pero tampoco estoy para el sexo desvinculado de emoción, me parece insípido, algo que podría ser sucedáneo, pero ya no lo es, en mi caso.
Me aterra la idea de generar un vínculo, de tener alguna obligación, pero me niego definitivamente a los encuentros esporádicos, un par de risas y hasta luego. No necesito camuflar de pasión mi necesidad de afecto. Eso jamás. Podría decir que estoy vacía de cualquier ilusión sentimental, no contengo mariposas y no me salen las sonrisas tontas.
Es tan extraño. Extraño y novedoso. Pero deseo en el fondo verme sorprendida, aunque me resulta muy complicado enviar mis coordenadas porque no sé donde estoy.
Me hago mayor, lo siento.
A-Mar 💙
Soy un ser creador y mis emociones son intensas.
Cuando entro en mi poder soy un ser curador.
Conectó con otros de manera dinámica y mi energía es intuitiva.
En el amor, la seguridad hace mi corazón cantar.
🌟
Escuchando ahora ABRA - Thinking of you
Una rosa para Virescence Records. Proximamente un proyecto músical con demasiada pasión
Hay muchas cosas que no me salen bien, como por ejemplo cantar. No soy muy buena con las matemáticas, o en los juegos de mesa, tampoco en las carreras. Soy pésima para dar sorpresas, hablar en público, maquillarme o contener las lágrimas. Tampoco sirvo para contar chistes, cuidar plantas (lo intento), ni pintarme las uñas. Mucho menos lo soy para confiar en alguien que me haya lastimado o enamorar a alguien hasta las trancas. Soy un desastre que se convence a sí misma los dos segundos antes de un arrebato y se arrepiente inmediatamente después. Soy un caos que no sabe conversar en línea recta y que siempre acaba hablando de algo disparatado que a nadie interesa y pero que yo considero muy importante. No puedo reir sin hacer ruido, ni caminar con tacones. A veces me pregunto cómo he podido haber sobrevivido hasta la fecha habiendo hecho tantas cosas mal, habiendo cometido tantos errores... Generalmente me sorprendo cometiendo los mismos una y otra vez, porque soy una desmemoriada... Hay muchas cosas que no se me dan bien, como por ejemplo pedir perdón. No soy buena excusándome sin hacer daño. Soy malísima para esperar, para dejar espacio, para decir lo que siento. Por esas y muchas otras razones, soy terriblemente torpe para el romance.
Hay veces en las que me siento como un monstruo. Que no me entiendo ni me hago entender. Que permito que los malos pensamientos se adueñen de mi mente y me conviertan en un ser irreconocible, amargo y estúpido. Hay veces en las que no sé vivir en el mundo y me cuesta mucho interactuar, me pierdo en las formas, en las palabras y en los gestos. Hay otras en las que hubiera preferido no salir de la cama en todo el día, aunque no tuviera por seguro que las cosas pudieran ir a mejor. Hay días en los que no me quiero. Y no me quiero con razón. Porque ¿quién iba a querer a alguien gris, agrio y desencantado a su lado? Yo no. Y me lamento mucho por ello. Tengo la cabeza llena de desórdenes. Soy un caos. Un caso. Una cosa. No sé en qué orden poner estas cuatro letras.
La próxima vez que la gente diga “Solo sé tú mismo” hay que pararla en seco. Nadie quiere oír todo lo que pasa por nuestra mente. Solo quieren que vivamos a la altura de lo que sale por nuestra boca.
La felicidad es una combinación de mar, arena, hierba y una buena compañía. #tbt en uno de mis lugares favoritos del mundo. Y así es, soy feliz sin nada, contemplando todo ❤
Hay que ser realmente idiota para...
Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone. Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.
Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforecente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso --lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad-- yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es mas que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epicteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforescente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con o que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta "L'année dernière à Marienbad", ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.
Julio Cortázar - La vuelta al día en ochenta mundos (1967).
Cada sensación comparte la misma característica, surgir y desaparecer, surgir y desaparecer. - S.N. Goenka. Que viaje tan loco, difícil, extraño, profundo, básico, liberador. #dhamma #ānāpāna #vipassanā #mettābhāvanā #sīla #samādhi #pañña #anicca
Intervención de Memo Vallejo 🎨💥