En un día nublado, cuando el sol ni se ha asomado el cielo se viste de gris, y todo el color perdido ha quedado. Allí, cuando todo carece de matiz el artista toma sus materiales y empieza a ser feliz, pues entre tramo y tramo la boina avanza con montones de colores llenos de esperanza. Es entonces cuando tamaña sonrisa rodea la nariz, con las manos extendidas y el corazón pidiendo ‘bis’ ya sale, ya llega otra Boina Chimango... ¿A quién no lo hace feliz?













