El año pasado tuve una idea.
No es la más brillante de las ideas, pero creo que se va a quedar para largo.
La idea surgió mientras recorría la biblioteca de Birmingham y mi cabeza volvía al manido pensamiento derivado de nuestra mortalidad e imposibilidad de leer todo lo que nos podría llegar a interesar.
"Este año debería pedir más libros por navidad".
El caso es que surge un problema que creo que en parte se deriva de internet: Tenemos un acceso casi total a una oferta demasiado grande para poder abarcar, y tenemos una capacidad mucho más alta de conocer de qué va el libro.
Esas dos cosas, que a priori son positivas, tienen ciertos elementos negativos.
Primero, que hay tantas cosas que nunca puedes, ya no leer todo, si no llegar a conocer que ese todo existe. Es decir, muchas cosas que te podrían interesar no las conoces.
Segundo, yo al menos dedico bastante tiempo a leer opiniones, reseñas y comentarios. Ver de qué va un libro (o película, o juego, o serie, etc) es en muchos casos necesario. Nuestro tiempo es limitado, y la oferta es tan enorme que el coste de oportunidad se vuelve abrumador. No queremos perder el tiempo en algo que no nos guste. Y por tanto, acabamos mirando y comprando solo aquello que sabemos ya, a priori, que nos va a gustar (o con un alto porcentaje de probabilidad).
Claro, eso está bien, pero pierde parte de la gracia que la aleatoriedad nos da: La sorpresa. El descubrir nuevos mundos, nuevas ideas, nuevas visiones, nuevas formas artísticas, etc.
A veces, en resumen, hacer zapping está bien, aunque tengamos la capacidad de seleccionar directamente el programa que queremos ver.
Vale. Necesitamos pues algo intermedio. Algo que nos permita no irnos muy lejos de lo que nos puede gustar pero que a la vez esté en un mundo que no sea directamente el que conocemos de primera mano. El truco ya está inventado: Relación de segundo grado.
Es decir, libros que les gusten a tus amigos / conocidos. En este caso, seleccionar cinco personas (por ejemplo) para que decidan qué libro te vas a comprar (con tu dinero). Tienen que ser personas con la que compartas un mínimo de relación y de confianza. Esto es perfecto por dos razones:
- En primer lugar, una optimización en la compra de libros. Mirad, si un libro me interesa, me lo compro, ya sea 23 de diciembre o 6 de junio. No tiene sentido pues, bajo ningún criterio, que nadie piense o gaste su dinero en libros que "quizá" puedan interesarme. La teoría económica ya ha estudiado esto y ha decidido que lo optimo es que los regalos sean en forma monetaria, pero claro eso va en contra de cualquier espíritu relacionado con los regalos (dar dinero a alguien en navidad a cambio del mismo dinero por su parte es absurdo, y si el intercambio es desigual no es un regalo entre iguales y más que un regalo es una limosna, a no ser que sea mi abuela, en ese caso está guay). Bajo este sistema, consigo libros que muy probablemente me gusten sin saber qué libro es y sin tener que conocerlos a priori. Por eso la selección de las personas es tan importante.
- La segunda razón es la más valiosa, por su puesto, aunque quizá mi mente de economista haya debido mencionar la primera por costumbre. La segunda razón se basa en algo fundamental: Tener el regalo de alguien sin forzarle a pasar por caja, lo cual es, por otra parte, la peor parte de hacer un regalo. ¿Por qué es un regalo? Esto es importante. En primer lugar, todo se debe basar en algo fundamental: El libro que recomienden debe estar basado más en ellos que en ti. Es decir, yo no quiero un libro que vaya destinado a mi. Eso ya lo puedo comprar en cualquier sitio. Entro a Amazon y el cabrón ya me está recomendando cosas que me van a gustar. No. La gracia está en que el libro sea un pequeño representante de la persona que te lo recomienda. Esto es: Su libro preferido, el libro que siempre recomienda, el libro que más le ha gustado en los último x años, etc.
De hecho, el sistema (a pesar de lo que he explicado al principio) intenta que el regalo se base más en el que lo da que en el que lo recibe. Esto actúa en dos niveles:
- Primero, para que el que lo recibe se encuentre algo original, algo de la persona en la que ha confiado, no algo que podía ver en la estantería de "top libros diciembre" de cualquier librería del centro.
- Segundo, porque el que lo da probablemente no tenga ese grado de confianza contigo como para saber qué narices puede gustarte. Y nada es peor que tener que estar mucho rato pensando en qué narices comprarle a la persona X para no quedar mal.
Claro, aquí hay que dejar claro dos cosas más: (1) Nadie va a quedar mal. Aunque alguien me regalase una novela romántica que poco tiene que ver con mi estilo, el libro tendría su gracia al venir de quien viene, y al tener una "cierta historia" con esa persona. Y (2) hay que estar abierto a cualquier cosa.
Creo que más o menos he dado bastantes razones por las cuales este sistema me parece perfecto.
Es un sistema original y creativo de dejar que otras personas te regalen su tiempo (incluso, por qué no, se abran un poquito) recomendando específicamente un libro. El regalo, por tanto, no es el libro en sí, si no lo que ello representa: El tiempo que han dedicado a pensar cual decir, el tener un objeto físico que represente un recuerdo tanto suyo como de vuestra, pequeña o gran, relación, etc. Y, coño, porque es un libro, y eso siempre está bien.