La encontré caminando por la plaza, si soy sincero era la primera vez que la veía sola, casi siempre estaba con alguien, así que está vez tenía que aprovechar un poco.
-Hola, ¿cómo estás?-, le dije sin acercarme mucho.
Me miró como se mira algo que se reconoce pero que al mismo tiempo crees que nunca habías visto.
-Bien, bien-, dijo mientras ponía sus manos libres para abrazarme. Ha pasado mucho tiempo, ¿cómo estás tú? ¿Qué haz hecho?
-¡Caray!-, le dije sonriendo, he hecho mucho, he cambiado, sabes, estoy mejor de lo que he estado en muchos años, sin embargo contarlo me tomaría mucho tiempo.
Entre el abrazo y lo que dije intercambiamos varias miradas buscando reconocernos. No es tarea fácil.
Ahora trabajo y hace unos años que soy padre, la verdad la vida me cambio mucho. Uno vive la vida como puede no como quiere, no obstante jamás me había sentido tan bien como me siento hoy (me encargue que no notará que está felicidad estaba por este instante, por ella). Creo que entendí lo que era ser un hombre e intentar ser también un ser humano, mantenerme humano, que mis problemas sean un punto de partida, no un lastre que me hunda en la mierda que hice.
-Hablas como si antes hubieras sido un mal hombre-, me dijo mientras encendía su cigarro número dos-, y no me gusta, al menos a mí no me lo pareces.
Agradecí que pensara eso, pero en ese momento recordé que cada una de las mujeres que ame pensaron lo mismo en algún momento y un escalofrío me recorrió el cuerpo, no sé si fue el remordimiento o que en ese momento me tomo de las manos y sonrió. Jamás he creído estar enamorado, de hecho normalmente devaluó el amor en el simple hecho de la atracción, pero ella, pienso en ella y sonrió.
-Sí, puede ser que sea un poquito malo, aunque intento que cada día sea menos-sonreí-. Tuve que entender a la mala que culparme de lo que hice no me hace mejor, ahora trato de entenderlo y no repetirlo. Creo firmemente que si puedo volver a intentarlo, debo agradecerlo y hacerlo mejor.
La noche empezaba a alcanzarnos, el frío y un poco de oscuridad nos hacían compañía y aunque estábamos en un lugar lleno, sentía que solamente estábamos ella y yo. Y no me malentiendan no romantizo solamente soy sincero.
-Oye, ¿quieres un café? Yo no tomo café pero si quieres podemos ir- dije esto buscando alargar lo más posible estar cerca de ella.
-¡Cómo que no tomas café!- me dijo riéndose.
-Si, no me agrada mucho-conteste con pena.
Pensó uno rápido y me tomo de la mano, como guiandome, -conozco uno muy bueno, está cerca de aquí-, y empezó a andar. Recordé a Beneditti, en la calle codo a codo somos mucho más que dos.
-Pero sígueme contando, que te hizo cambiar tanto según tú-, sonrió y bajo la mirada.
-Todo-dije respirando hondo, el tiempo, la vida, las circunstancias.
-Entiendo, solamente te pido que seas más específico.
La verdad no estoy muy acostumbrado a hablar de mí, y más si es algo particularmente mío, de algo que solamente yo sé; y aunque aquí en mis libretas parece que no me para la lengua, en la vida "física" normalmente abro la boca para nada, no obstante estar con ella y pensar que quizás no volvería a estarlo en mucho, mucho tiempo me animó.
-Mira cuando te deje de ver estaba completamente perdido, no tenía idea de que quería, ni hasta donde podría estirar la paciencia y el amor de quienes me rodeaban. Poco a poco mi familia se estaba empezando a cansar de mí, de lo que era, sin embargo eso no me influía en lo más mínimo, no me causaba nada. Cada día parecía que me adentraba más en la destrucción de lo que era, o sea que lo que era buscaba irremediablemente dejar de ser. Conocí los vicios, y uno que particularmente me atrapó, las mujeres, hice de todo por ellas, cosas de las que no me siento muy orgulloso.
-Pero- me apretó el brazo y me dijo-, antes de entrar en ese tema, que aunque lo dudes conozco bien, dime a qué te refieres con tratar de destruir lo que eras, no me queda claro.
Me quedé pensando un momento y le dije:
-Mmm, un hombre tan sucio como yo, un hombre que de hombre ha tenido muy poco, un ser que se desprecio y busco reducirse a nada por no querer enfrentar sus problemas. Un hombre que de hombre nunca demostró nada, que cuando tuvo miedo corrió y cuando se siento inmortal dejo que todo lo tocará y no todo es necesario. Un poco de todo y nada de lo que necesitaba. Un don nadie que creyó que la felicidad dependía de cuando lo conocían. Un hombre que era todo lo que mamá te pidió que no fueras y nada de lo que papá buscaba. El problema de la familia y la solución de quienes lo dejaron solo. Los insomnios de aquellas que me quisieron, sus lágrimas y su rencor, la víctima del amor que no existe. El dolor de quien quiso mitigarlo, la herida de quien quiso curarme. Un hombre tan roto que solamente juntaba los pedazos para volverlos a romper. Si puedo definir esa etapa de mi vida lo haría así, como puedes notar es muy obvia mi tendencia a destruir y tarde entendí que lo que destruyes, al final te destruye a ti.
Se detuvo y me miró, me miró largo rato, quizás buscando una respuesta diferente en mis ojos, no lo sé bien.
-Pues mira, si que es una definición muy acertada de querer destruir algo.
-Lo sé, le dije y comencé a andar.
Unos cuantos pasos más y llegamos.
-Es aquí- abrió la puerta-.
Me quedé mirando, era una cafetería de lo más bonita, antigua y con algunos libreros; se escuchaba "Strollin" de Baker, me sentía muy bien.
-Sigue, por favor- me animo-, las mujeres y tú.
-Sí, claro- le dije y me senté frente a ella-. Cómo te decía hice muchas cosas y me hicieron otras tantas, pero sin duda la más interesante resultó ser la mamá de mi hijo, una mujer preciosa, más grande que yo, pelo negro, ojos de un café muy claro, alta, ebria y apasionada por lo que no tiene remedio. Nos conocimos muy rápido y en menos de tres meses quedó en cinta. Todo se complicó mucho porque precisamente en esos días el encanto que me causó se había esfumado, ya no me interesaba y lo nuestro era una causa perdida, supongo que por eso se aferró y cuando le pedí que no tuviera al bebé me dijo que estaba loco y no la vi por unos ocho días, hasta que una amiga en común me dijo donde estaba y di con ella, hablamos y decidimos intentarlo. Fueron dos años de relación en donde la única constante fueron mi ausencia y su constante amenace de irse y dejarme a mi hijo, para que "viera lo que se siente", decía. Al final cumplió, se fue un tres de marzo y desde ese día no sé nada de ella, mi hijo se quedó conmigo y bueno, te diría que eso me hizo cambiar pero mentiría.
Llegó el camarero y pedimos, yo un té y ella un café y un panque de moras.
-Mi familia, como siempre se hizo cargo, ahora no sólo de mí también de mí hijo- dije y baje la mirada-. Quiero que entiendas que nada de lo que ahora te digo me enorgullece o quisiera contarlo, sin embargo creo que quieres saberlo.
No dijo nada, solamente movió la cabeza asintiendo y yo seguí.
-Seguí en lo mío, en la calle, fumando, bebiendo, aparentando que no tenía miedo. Y de un momento a otro era un adicto. Podía parar pero no quería y eso era horrible.
-Pero, ¿cómo pudo pasar eso?-me interrumpió-, tu familia siempre estaba detrás de ti, tu padre te imponía tanto, como pudiste hacerle eso.
-Pues crecí-, dije sonriendo.
Y es verdad, cuando uno crece para un padre es estresante recordarle algo que ya se habló, que día a día sea la misma plática, el mismo problema, todo, todos tenemos un límite.
-Sus bebidas- dijo el camarero.
Hubo un silencio, yo aproveche y la mire, sus ojos, sus dientes, sus manos, su pelo, todo era lo mismo y al mismo tiempo era completamente diferente. Cada uno de los menos que yo pase con ella se agolparon en mi memoria, recordé el dolor que experimente cuando ya no supe más de ella, la felicidad de oírla por el teléfono, las veces que quiso decirle lo que sentía por ella pero no sé atrevió.
-Mi papá se alejo- continúe-, tuvo que hacerlo, no fue nada sencilla esa etapa, los gastos de mi hijo y su propio hijo sumido en la nada que tanto le atraía. Era necio y obviamente creía que tenía la razón. Mi mamá también se canso y se resigno a verme deshecho. Así seguí hasta que un día, sin tener noción clara de lo que es perder algo mi papá se fue. En ese momento todo se deshizo, ya nada, ni mi nada, tuvo sentido. Ver llorar a mi hijo, no poder consolar a mi madre, me volví loco al ver lo poco hombre que era.
-Creo que eres muy duro contigo mismo, todos nos equivocamos, todos tenemos derecho a ello- se acomodo el cabello-. Creo que eso te ayudo demasiado.
-Quizás- le dije-, pero en ese momento no puede verlo así. Me destruí tanto que destruí lo que amaba de verdad.
Me quedé callado, aún hoy es complicado hablar de mi papá, repase la última vez que lo vi en mi mente y sonreí, porque por más que quiera cambiarlo no puedo.
Ella estaba quiera, me veía y esperaba que siguiera, aunque creo que entendía que tal vez no lo hiciera. Tomé la iniciativa y le pregunté por su vida.
-Ahora cuéntame tú, llevamos casi dos horas y nada más he hablado de mí.
-Tienes razón-, me dijo y comenzó a reírse-, pues no ha sido sencillo, ahora estoy separada, deje al papá de mi bebé porque intento golpearme.
Cuando dije eso, sentí que me hervía la sangre, sin mirar derrame mi vaso, ella llamo al encargado y se puso a limpiar y yo seguía sin entender lo que me dijo.
En verdad no esperaba escuchar eso, siempre pienso que los problemas solamente me ocurren a mí y por ende todo con todos está bien.
-Pero, ¿cómo? No entiendo, ¿golpes?- le dije con un poco de temor.
-Sí, golpes. Mira, tú sabes que con el papá de mi primer bebé también sufrí de malos tratos.
Me quedé mirando y no supe qué contestar, la verdad no recordaba nada de eso, no sé si me contó a mí o quizás era algo que me decía por primera vez sin ella darse cuenta.
-No recordaba eso- le dije.
-Estoy segura de haberte contado, sin embargo no lo recuerdas. Quiero fumar, vamos a afuera.
Se levantó y pedí la cuenta, pagué y salimos. Continuo contando, cada vivencia me dejaba pensando mucho en qué tipo de amor estamos dispuestos a creer que hay en una relación en donde faltar al respeto es algo común. Supuse que quizás por eso siempre estuve solo, porque era un imbécil que demostraba amor insultando o era un imbécil que no sabía demostrarlo.
-A veces pienso que no estoy hecha para que me amen, o sea, que tengo que sufrir para pagar algo que hice. Todas mis relaciones me llevan a eso, siempre terminan mal, no lo entiendo. ¿En qué podría mejorar?
Como dije hace un momento, no suelo hablar mucho, sin embargo quise pensar que en ese momento hablar, decir lo que ella despertaba en mí era estrictamente necesario.
Mira- la mire-, para mí tú eres increible, y no solamente porque haya estado enamorado de ti o porque me parezca que eres hermosa como ser humano y linda, muy linda, en verdad lo creo, eres capaz de soportar grandes tempestades y seguir, y eso no siempre agrada, porque ¿Para qué podrías necesitar a alguien? Todo lo que quieres tú misma lo obtienes y como dije, eso no siempre agrada, como hombres buscamos proteger, cuidar, proveer y tú quitas todo eso, quizás por eso, no estoy seguro que por eso no quieren acercarse.
-Lo peor es que se acercan- interrumpio y exhalo el humo de su cuarto cigarro-, sin embargo no me atrae pensar que lo único que buscan es sexo, es una muñequita con la cual jugar, peinsan que durar mucho o que una grite como loca es suficiente...
Y que decía yo ahí, parecía que ella misma conocía las respuestas a lo que preguntaba, ella misma entendía lo valiosa que era y lo valioso que es el tiempo que se otorga a alguien.
...No entiendo casi nada de nada, pero me aferro a pensar que puede pasar, que puede suceder, que un día alguien aparecerá y me amará tal y cual yo lo necesito.
Su mirada se clavó en mí, quería abrazarla o besarla, hacer algo que cambiara un poco lo que ella sentía, no obstante había poco que yo pudiera hacer, no era diferente a lo que ella huía, mis relaciones siempre se basaron en mujeres y no en un buen sentido, senos, vaginas, nalgas, quiero pensar que entendía un poco a las mujeres con las que estuve pero siendo sincero creo que no sabía lo que hacía.
Guardó silencio. El frío se hizo intenso y una luna hermosa se asomó.
Trato de entender un poquito lo que sientes- le dije mientras me ponía el abrigo-, sin embargo si puedo ser sincero, nunca he experimentado lo que tú y jamás he necesitado a alguien para ser feliz, aunque mucho en mi vida está basado en mi familia. No estás incompleta, quiero pensar que solamente estás distraída, te cuesta ver todo lo que tienes y miras, aunque ya muy de lejos, aquello que perdiste o que te perdió.
-Sí, lo entiendo amigo, probablemente no necesite nada.
-No es que no lo necesites, es que no te hace falta, pero mira que te puede decir un hombre que se volvió adicto a algo que lo estaba matando.
-Puedes y has dicho mucho, creeme que todo me lo quedo, lo guardo y lo atesoro. Solamente entiende que todos tenemos un proceso y no para todos es rápido.
-Eso lo entiendo, créeme, sólo quisiera ayudarte más, que no se quedará en mí perspectiva, poder ayudar en serio.
-¿Por qué crees que no ayudas?
-Porque, bueno porque... uhm, en realidad no sé porque, simplemente quisiera tener eso que te falta y poder dartelo.
Siempre he querido, pero nunca pude, recuerdo cuando me dijo que salía con el papá de su primer hija, quise decirle que yo era mejor, pero me calle, recuerdo cuando me dijo que estaba esperando; recordé las canciones que me hacían pensar en ella, los lugares, los días. Recuerdo cada uno de los momentos en los que tuve que tragarme lo que sentía y sonreír, hacerla reír y olvidarla.
-No es tu responsabilidad, de hecho, hoy, este día, que me escuches ya han hecho suficiente por mí.
-Gracias, yo, yo te quiero mucho, lo sabes, mucho.
-Lo sé, lo dices siempre y me lo demuestras.
Nos quedamos mirando y supongo que entre los dos surgió un poco la pregunta, ¿qué hubiera pasado si? No obstante, nadie dijo nada de eso. Seguimos platicando, empezamos a reír y el tiempo pasó más rápido de lo normal, como siempre que estoy con ella.