Bocados a medio tragar (o por qué todos saben a ceniza)
Llegan con nombres distintos, la misma canción en distinta voz. ¿Te gusta esto? ¿Ya viste aquello? Preguntas que son sólo trampas para ahogarse en silencios incómodos.
Yo ya no sé si busco un alma o sólo un refugio contra el frío que se enreda en las sábanas a las 3 de la madrugada
Prometen ser la excepción, hasta que el reloj les devora las palabras y sólo queda el eco de un adiós a medio tragar
Y yo, que juré no repetir errores, vuelvo a poner la mesa para dos, a esperar que alguien, quizá el último traiga por fin la sal que falta en este amor siempre insípido
















