Este es el día frío.
Ha pasado mucho tiempo y mucha vida.
Durante el último año admito que te he odiado, que el rencor jamás abandonó mi cabeza.
Mis almohadas, plagadas de pensamientos de ira y destrucción.
Evité el contacto lo más que pude,
pues cada que venías, instintivamente me aseguraba de herirte un poco.
No quise hacerlo, pero no quería hacer otra cosa.
Pero este es el día cruel.
Las cosas están mejor, y entendí, que todo lo oscuro que había quedado después de ti,
nunca fue más que una sombra pesada que se negaba a abandonarme.
Entendí que sólo te extrañaba.
Pues a pesar de lo imposible que pareciera, te sentía.
Y a pesar de lo mal que se sentía tenerte a mi lado en mi imaginación y en mi absoluta soledad, yo quería tenerte allí.
Tu recuerdo me hacía mal, pero me sentía mejor con él.
Ya no queda amor, ya no queda odio ni rencor.
Ya no te extraño.
Y ahora, sólo te deseo lo mejor.
Que seas grande en tus proyectos,
que llegues lejos en tu carrera,
que nada te quiebre,
que nadie te dañe.
Que el amor que tienes te haga más feliz que ningún otro,
y que hayan descubierto galaxias enteras mientras componen universos completos de música y color,
pues eso haces:
Irradias mil malditos colores... a la par de una bella canción.
Quisiera pedir perdón y a la vez perdonarte.
Pasará algún día.
Llegará el día desesperante.
Lo prometo.
Pero ahora, te deseo una vida larga y feliz.
Sólo te deseo lo mejor.
Te regalo una sonrisa sin odio
y sin amor.
Feliz cumpleaños.