໒✦ 𝙜𝙡𝙚𝙣𝙙𝙖 & 𝙡𝙤𝙧𝙘𝙖𝙣.
Esa noche había salido más tarde de lo usual, ocupada al clasificar el número de vinilos recién llegados a la tienda. Su jefe le había ofrecido acompañarla a casa, pero Glenda creía que no era necesario. Cerró la puerta y se despidió del dueño, notando pocas personas en el Callejón Diagon a esa hora. Salió por el Caldero Chorreante y comenzó a caminar hacia su vivienda, la cual no se encontraba muy lejos de ahí. Los transeúntes muggles avanzaban a su lado con calma. Tras unos minutos, conforme iba acercándose a su hogar, notó como las luces del alumbrado público comenzaban a parpadear poco a poco. Lo pensó normal, quizá algún problema de electricidad. Continuó caminando, a pesar de que aquella sensación de angustia que la perseguía desde hace días volvió a aparecer en su pecho.
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Un par de días le bastaron para determinar el momento y la hora exacta en la que iba a encontrarse con la rubia. Sus ideas cavilaron más allá cuando recordó uno de los lazos que mantenía con el semi vampiro, ¿no sería una oportunidad perfecta para crear un argumento en contra de éstas criaturas? Si bien en el Ministerio han existido testigos que puedan hablar en pro de bestias como hombres lobos y esta nueva apertura con los semi vampiros, conocía en demasía la ortodoxia en los pensamientos de los más viejos magos de la sociedad. Con todo ello en la mente, falsificó una nota firmada por Chittock para citar al cantante. Si lo hacía ver como una urgencia era probable que pudiera acudir, así que esperó mirando las manecillas del reloj en su brazo, ocultando su rostro de la luz para cazar sigilosamente a la víctima. Tic, tac, tic, tac. Escuchó los pasos, la voz que pertenecía a la fémina que buscaba y empezó la cacería. No pasó más de un par de minutos en los que esperaba la aparición de una tercera figura, Barty quién permanecía en la oscuridad pendiente de su varita en caso que pudiera necesitarla pero ha practicado tanto que ha comenzado a dejar de usarla de vez en cuando. d’Eath apareció corriendo del otro lado de la calle, casi frenético y esperó que estuviera dentro de su periferia para empuñar el mago de su varita, susurrando la maldición de control: imperius. Total era la concentración que poseía, sabiendo exactamente lo que debía hacer para llevar a cabo su plan. Por su cuerpo recorrió una ola de intenso entusiasmo, relamiendo sus labios. ‘Vamos, basura. Tienes que hacer lo que yo te diga’, ordenó en su interior.
ᴄᴏɴᴛɪɴᴜ́ᴀ. @lorcxndeath












