Amazing Science Toys/Gadgets
https://www.youtube.com/watch?v=mwzExNYs12Y&list=WL&t=203s&index=34
https://www.youtube.com/watch?v=wcKyq-e-Soo&list=WL&t=0s&index=41

titsay
untitled

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The Bowery Presents
Sade Olutola

pixel skylines
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Interview Vampire Daily
RMH
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YOU ARE THE REASON
Lint Roller? I Barely Know Her
cherry valley forever
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EXPECTATIONS
Mike Driver
Game of Thrones Daily

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@curiosidadesdmchc
Amazing Science Toys/Gadgets
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Simple But Ingenious Life-Changing Ideas [more]
I want that bottle opener!
I want that brush!!
THE BRUSH
Buenas ideas
Fun Paper Kirigami and Karakuri Puppets with Unexpected Behaviors by Haruki Nakamura
Macetero Lyfe – un sistema de cultivo de gravedad cero.
Lyfe es un pequeño macetero de silicona geodésica de 12 lados diseñado para flotar por encima de una base de madera. Lyfe está diseñado para permitir que las plantas floten y giren, incluso para la exposición al sol durante todo el día.
Proyecto WARKA: Torres de bambú que recogen agua potable del aire.
Cada gota cuenta. Warka Water es una torre de 10 metros de altura, fabricada a mano a partir de materiales naturales, que tiene la capacidad de recoger hasta 100 litros de agua potable desde el aire en las zonas rurales de los países en desarrollo. Diseñado por Architecture and Vision, el concepto ha sido implementado en los últimos 2 años a través de varios prototipos experimentales construidos.
Puede aprender más sobre las torres Warka Water en http://www.warkawater.org
Esculturas 3D en papel de Peter Dahmen.
Peter Dahmen es un artista alemán que trabaja el papel para realizar esculturas geométricas. A continuación mostramos un par de vídeo con obras suyas, así como un videotutorial elaborado por él mismo para realizar una más sencilla. En su web (http://www.peterdahmen.de) hay más imágenes, incluso ofrece plantillas para repetirsus diseños.
LOS INCREÍBLES ANIMALES ROBÓTICOS DE FESTO.
Los animales son, probablemente, los integrantes más mágicos de la Naturaleza; nos fascinan, nos emocionan y, con frecuencia, nos recuerdan a nosotros mismos. Por ello, observar creaciones humanas, como los robots, capaces de parecerse a los animales como si fueran uno más de ellos, es en sí un acto muy cercano a la magia que sorprende y admira.
Gracias a la biomimética, hoy podemos disfrutar de algunos maravillosos y sorprendentes animales robóticos, como los creados por la empresa alemana Festo.
https://robotsia.com/2015/10/27/festo-robot-animal-robotica-pajaro-medusa-mariposas-hormigas-canguro-libelula-raya-pinguino/
Las 10 grandes innovaciones que cambiarán nuestras ciudades.
Blade Runner (la película dirigida por Ridley Scott) está ambientada en la ciudad de Los Ángeles en el año 2019. Las calles de esta megalópolis triste y desquiciada están constantemente mojadas por una lluvia que, más que limpiar el ambiente, parece contaminarlo. Hay chimeneas por todas partes y edificios gigantescos que componen una arquitectura abigarrada y asfixiante donde los seres humanos aparecen aplastados por toneladas de acero y hormigón. El aire parece insalubre y los coches -incluyendo futuristas vehículos voladores- ocupan todo el espacio. Se trata tal vez de la película que mejor ha mostrado la pesadilla de la superpoblación y el hacinamiento. Ámbitos deshumanizados que trasladan su espíritu lóbrego a los habitantes de la ciudad. Un mundo, en definitiva, desesperanzado y a punto de sucumbir. La fecha en la que está ambienta la película difiere de la elegida por Philip K. Dick en la novela original ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1992 y 2021 en ediciones más recientes), pero en cualquier caso su descripción nos resulta muy familiar. Consiste, tan sólo, en aumentar un par de grados lo que ya ocurre en muchas grandes urbes del planeta. Así pues más vale que pongamos los medios para evitarlo si no queremos que las profecías de la ciencia ficción se conviertan en dolorosa realidad. Carlo Ratti, desde su cargo como director del Senseable City Lab del MIT, lleva tiempo pensando cómo deberíamos rediseñar nuestras ciudades para adaptarlas a los retos que se aproximan. En la actualidad más de la mitad de la población mundial (alrededor del 55%) ya vive en zonas urbanas. La idea de algunos gurús del mundo digital, que preconizaban un regreso al campo gracias a la descentralización del trabajo producida por los avances de las comunicaciones jamás se cumplió. De hecho, la tendencia es que este porcentaje continúe creciendo en los próximos años. Los problemas derivados de urbes densamente pobladas son múltiples: por poner un ejemplo gráfico, sólo la ciudad de Nueva York produce 33 millones de toneladas de basura al año. Resolverlos necesita un cóctel que incluya inversión, decisión política y nuevas tecnologías aplicadas con inteligencia. Este último ingrediente es el que sabe cocinar con maestría Ratti, por ello el Foro Económico Mundial le ha elegido para la elaboración de diez medidas innovadoras que deben ser implementadas si queremos hacer de las ciudades del futuro espacios habitables. La receta del ingeniero y arquitecto italiano pasa por soluciones muy ligadas a la cultura generada por las nuevas tecnologías. Y pueden resumirse con un puñado de verbos: compartir, colaborar, reutilizar y regenerar. Ratti es consciente de las dificultades que debe encararse en un mundo tan complejo para llevar a cabo las propuestas del documento aprobado por el Foro Económico Mundial, sin embargo no quiere entregarse a la resignación; asegura que “no podemos estar confiados”, pero sí trabajar juntos “para encontrar la forma de desarrollar las ciudades que queremos en el futuro”. Texto: José L. Álvarez Cedena
Árboles luminosos para sustituir las farolas en las calles de las ciudades.
Cuenta la mitología budista que un día, alrededor del siglo V antes de nuestra era, Sidarta Gautama se sentó bajo una higuera una noche de luna llena y prometió no levantarse hasta alcanzar el Nirvana. Permaneció en la misma postura durante 49 días con sus noches. Cuando abrió los ojos se había convertido en un iluminado (un buda) y estaba tan agradecido a aquel “ficus religiosa” por haberle dado cobijo que permaneció una semana entera mirando sus ramas en señal de respeto y admiración. En el caso del Buda la luz llegó de su interior -una iluminación metafórica- pero Antony Evans, fundador de Glowing Plants, quiere que esa luz tenga una dimensión física y que provenga de las plantas. La idea de conseguir que algunas especies vegetales brillen en la oscuridad no es nueva. En los años 80 ya se consiguió al introducir encimas luciferinas provenientes de luciérnagas en algunas plantas. Los resultados, aunque llamativos, fueron modestos: había que fotografiar a la planta con una exposición de ocho horas para apreciar una tenue luminiscencia. Más adelante, en 2010, investigadores de la universidad Stony Brook modificaron genéticamente una planta de tabaco al transplantarle algunos genes de una bacteria marina productora de luciferina. Lo novedoso en el proyecto que lidera Evans es que diseñan las secuencias de ADN en un ordenador con un software especial, y después lo imprimen para inyectarlo con una pistola de genes. Cualquiera puede conseguir una de estas semillas milagrosas a través de la web de Glowing Plants y hacer crecer una planta luminosa en casa. Incluso, si se atreve, probar sus propios experimentos, puesto que el ADN creado es de código abierto y, por lo tanto, modificable. Antony Evans y sus socios insisten en que su proyecto es la solución a un mundo que consume recursos de forma enloquecida, lo que llevará a quebrar los límites del planeta. La propia Naturaleza, afirman, tiene la respuesta a través de la bioluminiscencia, puesto que es una energía limpia, renovable y sostenible. “Estamos, afirma Evans, entrando en una era en la que diseñar un organismo biológico será tan fácil como diseñar una aplicación móvil” por eso confía en que sus plantas podrán, en pocos años, servir para eliminar las farolas en las ciudades y sustituirlas por árboles luminosos. Texto: José L. Álvarez Cedena
El joven inventor que sueña con limpiar los océanos.
Se han buscado muchos nombres para intentar describir los materiales que flotan en el Pacífico Norte, aproximadamente entre los 135 y los 155 grados de longitud Oeste y los 35 y 42 grados de latitud Norte. Los hay poéticos -el séptimo continente- y descriptivos -isla de plástico-, pero también los que se dejan de eufemismos para llamar a las cosas por su nombre -isla tóxica o isla de basura-. El hombre que documentó por primera vez este terrible desastre medioambiental fue más gráfico: lo calificó como un “gran remolino de alcantarilla”. Charles J. Moore se quedó perplejo cuando en 1997, regresando de competir en una regata, su barco se vio rodeado por inmensas cantidades de porquería en mitad del mar: “mirando desde la cubierta del barco hacia lo que debería haber sido un océano prístino, el paisaje frente a mis ojos era una enorme extensión de plásticos. Había botellas, botes de champú, tapones, bolsas... Parecía increíble, pero era imposible encontrar un lugar despejado. Durante la semana que tardamos en cruzar la cresta subtropical, no importa a que hora de día te asomaras a cubierta, siempre te encontrabas con deshechos plásticos”. Los científicos no se ponen de acuerdo acerca de las dimensiones de esta concentración de plástico (que proviene en un 80% de las costas estadounidenses y asiáticas), pero hay estimaciones que van desde los 700.000 hasta los 15 millones de metros cuadrados. La diferencia entre unos y otros cálculos está justificada porque, a pesar del dantesco paisaje descrito por Moore, gran parte del material que hay en la zona está formado por pequeñas partículas de plástico difíciles de detectar a simple vista. Desde que descubriera la gran mancha del Pacífico (existen otras similares en el Atlántico y el Índico) Moore ha dedicado su vida a luchar contra ella. Afortunadamente, no está solo; hay investigadores que traen nuevas y revolucionarias propuestas que pueden terminar con este desastre. Uno de ellos es Boyan Slat, un joven holandés que, con tan solo 21 años, ha ideado un sistema con el que promete limpiar toda esta basura en un tiempo récord. La compañía que él mismo ha creado se llama The Ocean Cleanup y su proyecto consiste en instalar barreras flotantes en el océano que, aprovechando las corrientes marinas -las que causan la concentración de plástico-, atraerán los deshechos para poder recogerlos y reciclarlos sin dañar la fauna de la zona. Aunque, debido principalmente a su juventud, Slat ha tenido que enfrentarse a quienes tachaban su idea de estrafalaria y poco efectiva, las voces en contra se han visto silenciadas por la efectividad de las pruebas realizadas hasta la fecha. Desde The Ocean Cleanup aseguran que una sola barrera de 100 kilómetros de longitud podría recoger el 42% de la basura plástica del Pacífico Norte en 10 años (unos 70 millones de kilogramos) a un coste de 4,53 euros por kilo. Mucho más barato y en mucho menos tiempo -se ha calculado que nos llevaría siglos intentarlo con los métodos tradicionales- que todo lo que se ha probado hasta ahora. El proyecto ya está en fase de pruebas y Boyan Slat confía en que su idea esté funcionando a pleno rendimiento hacia el año 2020. La degradación medioambiental es un problema ineludible y la actitud del investigador holandés es, sin duda, la única correcta para encarar la solución a este tipo de desastres: “la cuestión no es si podemos hacerlo, la pregunta es cómo podemos hacerlo de la forma más rentable posible”. Texto: José L. Álvarez Cedena
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