Estaba de acuerdo. ¿Qué había aprendido en la universidad si no era a cuestionar todo? Se decía, ya en un aspecto más político, que un pueblo educado tenía que cuestionarlo todo. —Yo no soy sabia, sólo no me gusta conformarme con las respuestas que se me dan,— respondió, y sí, también era una indirecta para indicarle que, si bien el tema de sus vinos habían pasado a un segundo plano, eso no significaba que lo olvidaría. Y es que ya comenzaba a hacerse a la idea de realizar una investigación a fondo. —Oh, al contrario. Estoy bastante preocupada,— aceptó, enarcando una ceja y mirándole con cierta duda. —A menos que, cuando lleguemos, aceptes tomarte un par de copas de tus propios vinos, claro,— le miró con intención, incluso con un poco del reto que iba implícito en sus palabras bañando sus facciones femeninas. Lejos de tomarse lo siguiente como una ofensa, dejó que una risa saliera de sus labios y volvió su mirada a la ajena. —¿Desentonar? ¿Por qué? ¿Porque yo no soy importante?— quizá cualquier otra persona se hubiera ofendido, pero Marianne sabía que no debía tomarse esas cosas personales, mucho menos cuando venían de alguien en una posición como la de Lavoie. —Aunque si me das esa oportunidad… Prometo comportarme a la altura,— no sería la primera vez que la enviaban a cubrir un evento importante, con políticos y demás personalidades. Al menos, compartía un poco su visión de lo ocurrido, aunque también existía la posibilidad de que lo dijera sólo para darle la razón. Cuando llegaron al lugar comentado, Marianne lo observó con una sutil sonrisa en los labios. —No puedo creer que es la primera vez que veo este lugar,— admitió, dedicándole una rápido mirada a su entorno antes de volverla a su acompañante. —Vayamos adentro, está refrescando un poco,— y había dejado su saco en la oficina, así que adentro estarían bien. Comenzó a adentrarse en el lugar, buscando una mesa vacía, escogiendo una en la esquina del local. Mera manía que tenía: esa de que le gustara sentarse en una posición donde pudiera dominar todo el local. Tomó asiento y observó al otro. —Ya que estamos aquí, quizá tú puedas hablarme de ti. No he dejado de hablar de mí, y comienzo a sentirme en una entrevista de trabajo. Además, apuesto que tener una empresa dedicada a la vitivinicultura debe ser más interesante.—