–¿De verdad tengo que hacerlo?– preguntó, observando a la persona frente a ella que le había propuesto hacer algo para poder despejarse de las horas de estudio. – Hace bastante frío afuera y la verdad es que no tengo demasiadas ganas de salir de aquí. – la biblioteca era uno de sus lugares favoritos, pero en invierno su amor por el lugar aumentaba debido a la calefacción. – Aunque he de admitir que tampoco quiero seguir leyendo acerca de derecho laboral… – frunció el ceño, mirando nuevamente a la persona contraria aunque esta vez con una sonrisa. – Si me aseguras que iremos a un lugar con calefacción iré contigo.
“Creo que si hay calefacción a donde la llevare señorita Perry, no me haga perder más mi tiempo.” El profesor arrugó la nariz, cansado ya del balbuceo ajeno ¿por qué lo mandaban a hacer esas cosas? ¿para eso se había matado estudiando? ¿para llevar adolescentes de un lado a otro? “Camine, no sé las razones por las que el decano la necesita pero la necesita.”












