skye
Tenía un gran tiempo libre entre el almuerzo y la cena, donde podía hacer lo que quisiera antes de tener que preparar algún platillo especial para los estudiantes y profesores de Bedford. Eran sus primeros días como cocinera y debía admitir que la estaba pasando mejor de lo que esperaba. Preparó unos brownies de extra chocolate para su propio gusto, saboreando los mismos mientras cantaba a pulmón una canción de One Direction. Estaba tan concentrada, que no se percató de la nueva presencia dentro de la cocina, por lo que al notarla, saltó, arrojando un par de ingredientes al suelo. “¡Dios mío! ¿A qué hora entraste? ¡Casi me matas del susto!” Se quejó. “Por favor, dime que no me escuchaste cantar. Eso podría requerir una seria operación de oídos.” bromeó.
Soltó una carcajada llena de burla, al mismo tiempo que mordisqueaba un pedazo de brownie “especial” o eso había dicho el muchacho que se lo regaló por despecho a mitad de la práctica de natación. “Tú me mataste del susto con ese canto.” Replicó, señalándole ligeramente, riendo todavía entre vocablos. “Ya, tienes que pagarme la operación. Mis padres no pueden pagarla y en serio necesito estas orejotas para escuchar los audios de mi mejor amigo a mitad de la noche.”



















