ALICIA.
“Bueno, siempre puedo llevarte algunas si quieres. O dejártelas con Lily, tu prefecta… aunque no te prometo que queden muchas. Ninguno se resiste.” Advirtió de manera bromista. “Es una chica bastante singular. Me agrada.” Comentó, con una sonrisa. “En realidad, sí. Pero mi mamá me restringe de estar a menos de tres metros de distancia del estante donde tenemos la cristalería. No me deja usar magia en la casa, así que si rompo algo no puedo usar un encantamiento de reparación.”
“Por supuesto, nunca le diría que no a la comida.” asintió, claramente entusiasmado ante la idea. “Algo me dice que Lily estaría encantada con esa idea.” respondió, una sonrisa en su rostro. “Sí, a mí también.” concordó con la contraria. “Comprendo tu dolor.” bromeó, con una sonrisa ligera en sus labios. “En mi casa tampoco me dejan usar magia. Hay tantas cosas que podrían resolverse con un solo movimiento de varita, pero no.”











