¿Es normal este sentimiento de absoluta desdicha y soledad? No puedo pensar con claridad, me estoy ahogando en un mar de tristeza y desilusión. Lo que antes me llenaba de felicidad hoy solo me trae amargura. Me siento tan solitaria. Mis amigos se preocupan por cosas que a mí no me interesan, a mí alrededor todos están muy ocupados peleando por cuestiones sin sentido que se olvidan de lo que sus acciones y palabras causan en mi ser.
He llegado a la conclusión irremediable de que estoy rota. No rota con algún trastorno o deprimida a más no poder. Nada del otro mundo. Se trata de una estupidez con los sentimientos y pensamientos.
Hace un tiempo si me hubieras preguntado algo, cualquier cosa, sobre mi carrera me hubiera embarcado en una fascinante explicación de los motivos que me llevaron a elegirla. Pero ahora no sé qué pasa por mi cabeza. No quiero hablar de nada referente al asunto, no me apetece tener largas conversaciones sobre cosas sin importancia. No siento nada de nada. Eso me preocupa, no crean que lo hago a propósito, de verdad quiero cambiar.
Sin embargo, cada día me hundo más en este profundo abismo de infortunios.
Quisiera que las cosas fueran diferentes, pero mi enfoque ha cambiado, continúa cambiando a cada segundo, minuto, hora que transcurre y no sé cómo ponerle fin. ¿Es esto madurar? ¿o me estoy volviendo loca?
No sé cómo ni cuándo comenzó. Pero día a día las cosas pierden importancia, pierden color. Mis momentos de dicha son tan fugaces que puedo enumerarlos con los dedos de mi mano. Lo que más me impactó es como han mermado mis ganas de estudiar. No puedo creerlo. Si alguien, hace un par de meses, hubiera dicho que esto iba a pasar me habría partido de la risa. Pero henos aquí.
La tragedia antes mencionada se fue originando poco a poco, apagando todo a su paso dentro de mi psique. Primero, aumentaron mis ganas de dormir. Así durmiera por más de ocho horas me levantaba cansada, quería continuar en ese estado de inconsciencia en donde el dolor no podía alcanzarme. Imaginé que era una de esas etapas que le suceden a cualquiera. Lo siguiente, fueron las situaciones que imaginaba al intentar conciliar una siesta. Todos y cada uno de ellos eran utopías en donde me enamoraba de alguien de diferentes maneras. Que si viajando a otro país, en la universidad, en el bus, en un aeropuerto,…, etcétera. Ahí fue cuando empecé a preocuparme. Desde niña entendí que mi felicidad no depende de nadie más que yo. Pero me encontraba cada día imaginando llegar al júbilo ilimitado cada vez que me enamoraba de un hombre. Era absurdo. Luego vinieron las ganas de permanecer sola en cualquier sitio. En mi casa me encerraba en mi habitación, en la universidad me alejaba de todos mis compañeros. No quería salir a ningún lado salvo para ir a la escuela. Pero la gota que colmó el vaso fue cuando empecé a aburrirme con los libros. Eso jamás lo creí posible. Ellos eran mi escape de la realidad, mi refugio de la oscuridad, mi respiro del dolor. Entré en pánico.
Pasaron los días, y me convertí en la sombra de lo que era y de lo que quería y quiero ser. No sé cómo cambiar mi estatus actual de perra sin corazón. Tengo mucho miedo de lo que pueda pasarle a mi maltrecha alma si sigo por este camino de desgracia.