“Okay, tú fuiste quien me convenció de que salir a correr todos los días era una buena idea” murmuró casi sin aliento, bajando la velocidad de su trote. Apenas llevaban veinte minutos, pero luego de un verano sin la constancia de él ejerció, era un poco difícil volver a aquella rutina, “no puedes rendirte ahora, no te lo permito”, poso su mirada en su acompañante una vez más, a la espera de una respuesta, ¿iban a seguir o iban a rendirse de una vez por todas? .
Cada vez que lo recuerda se maldice a sí mismo. Pero es cierto, hacer algo de ejercicio todos los días ayuda a mantenerse. Si bien no puede dar demasiado ejemplo, pues lleva varios años sin mover un dedo más que para hacer trabajo de campo, lo cual no es demasiado movido. Hace un gesto con la mano para que se detenga. No es tan mayor pero ya empieza a sentirse como un viejo-. Y lo es. Pero la idea era que salieras tú, no que me arrastrases contigo... -no debería culparle, al fin y al cabo él aceptó a acompañarle.










