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Isla Cozumel
encontrar la sorpresa en la cotidianidad. la sorpresa encontrada en cosas simples como un cambio de luces, probar un restaurante diferente, cerrar los ojos y respirar consiente en medio de cualquier sitio de esta enorme ciudad. Una pop up, un bazar, cine al aire libre. La sorpresa en las flores de jacaranda amontonadas en las aceras, las bugambilias asomándose de alguna fachada, querer ir a avenida Miguel Ángel de Quevedo y ahora sin querer atravesar el callejón del aguacate que al mismo tiempo que te lleva a la avenida, te lleva a otra dimensión.
Estas ruinas que ves...
El otro día me acordé de un lugar con amates que vi en internet hace ya un tiempo, lo googleé y de repente ya estaba ahí.
Ex-hacienda San Jacinto Ixtoluca, cerca de Jojutla, Morelos.
¿Quieres ir?
Se puede acampar y se me ocurren varias cosas más que hay que hacer por ahí.
Murales vistos en Ciudad de México.
Guía de murales
El año pasado estaba en Indonesia con un montón de añoranza por querer estar en México y ahora un año después tengo un montón de añoranza por Asia. Ésta cuarentena he hecho de todo (como todos): ejercicio en casa, gelatinas, pan, pasteles, limpieza profunda, mascarillas caseras, ver un montón de series y ahora me ha dado tanto antojo de comida tailandesa que ya compre una salsa de pescado y curry rojo tailandés.
Pienso que uno no vuelve a ser el mismo después de probar la comida tailandesa o vietnamita. Me pregunto si lo mismo pasará con la comida mexicana... deber ser que sí.
la comida asiática se me hizo igual de reconfortante que la comida de mi país. la comida te abraza, te hace emocionarte, te hace pensar en ella ¿que podré probar mañana?
probé diferentes platillos, diario quería comer algo diferente y agregar nuevos sabores a mi paladar: hojas de kaffir, hierbabuena, limoncillo, galanga, salsa de pescado, papaya verde, leche de coco picante, fideos de huevo, etc...
Tanto tiempo sin verte...
Vista bajando de la pirámide del Sol en Teotihuacan.
Tokio tuvo todo lo que siempre imaginé.
No con todos puedes hablar de tus viajes.
No entiendo por qué. A mí me fascina escuchar las aventuras e historias de otras personas. Me gusta saber que es lo que notan cuando viajan, lo que les emociona o les molesta porque me gusta imaginarlo y me dan ganas de ir también.
Pero frecuentemente me ha pasado que cuando uno habla de sus viajes, las personas lo toman con mucho desinterés o te interrumpen o quieren minimizar el tema. Yo me jacto de ser buena escuchando, cuando alguien me cuenta sobre algo que le ha pasado le doy toda mi atención, es su momento, le hago preguntas, me interesa genuinamente.
En realidad solo conozco una persona a la que le puedo contar todo y siento que me escucha con mucha atención y se emociona conmigo...
Por eso mejor escribo, escribo para mí y para contarme a mi misma lo mucho que me ha gustado algún lugar, lo rica que estaba la comida, la canción que me recordó cierta cosa, lo perdida que me sentí, lo que aprendí, lo que me hizo reír o me hizo sentir ansiosa. Y me gusta mucho leer lo que mi yo del pasado escribió sobre sus viajes, a veces me da pena ajena pero normalmente me hace sonreír muchísimo.
a Puebla llegué tan de repente que siempre tuve el sentimiento de que no la apreciaba bien y por más veces que fui durante 4 años nunca lo hice. a Puebla siempre fui de paso, camino a Oaxaca o dando tours...
siempre tuve el sentimiento de que no la conocía, como cuando siempre saludas a alguien pero nunca has tenido una plática profunda con el, te da un sentido de familiaridad pero no de confianza.
Conocía muy bien los atractivos y calles aledañas porque me encantaba dejar a la gente explorar sola y yo aprovechaba para también hacerlo. Conocí las semitas (cemitas?) más ricas, el bazar de los sapos (que se volvió mi favorito), los churros a un lado de la catedral, los helados California, los tacos de la Oriental, los bolis de rompope en la calle de los dulces y la heladería de la esquina...
También me aprendí su historia y si no, me la inventaba... ahí fue cuando dejé de obsesionarme con las putas fechas de construcción de las iglesias (si has ido, sabrás por qué) Decidí que era más sencillo reconocer el estilo arquitectónico y entonces catalogarlo según el siglo, igual a nadie le importa si era 1874 o 1877.
Puebla