“No. Ni siquiera te molestes en disculparte, me gusta que tomes el control.” Asiente con la cabeza, mientras que sobre sus labios se dibuja una divertida y coqueta sonrisa. La diferencia entre sus culturas le parece maravillosa, Narae tiene algo especial, no puede entender el motivo por el cual no puede dejar de frecuentarla. “No has perdido tus modales, de hecho me parece encantador.” Imaginaba que se comportaba así con sus clientes, y estos le respetaban. La joven era alguien admirable, a su corta edad ya estaba a cargo de una empresa importante. “Por supuesto, sorpréndeme.” Y al decir esto, abre un poco los ojos, esperando oír su elección. Siempre que está a su lado se siente segura, es una extraña sensación ya que no se conocen hace demasiado tiempo. Eva observa al mesero con curiosidad, le apena su ignorancia en cuanto a platillos finos se refiere. Sabe que disfrutará de vino chianti, lo ha degustado en algunos eventos. Enseguida regresa su mirada hacia Narae, podría observarla por horas sin quejarse. Guarda silencio durante algunos segundos, es tanta la atención que tiene sobre la fémina que nota el leve cambio de tono en sus mejillas. Le sienta de maravillas. “Puedo recordar perfectamente el día en que nos conocimos. Lucías radiante como hoy. Tus ojos tienen aires de misterio, a veces me gustaría saber qué tienes en mente.” No teme al dejar ir aquellas palabras, quisiera que fuesen más cercanas. Tal vez en un futuro próximo. Aunque cabe la posibilidad de que no lleguen a ser más que amigas, pero disfruta en demasía de su compañía. “No estoy segura de eso… No creo ser esa persona excepcional de la que hablas. No se asemeja a mi, aunque me gustaría llenar tus expectativas.” No quería crear falsas expectativas. Era una perdedora, o al menos ese era su punto de vista. Su familia se había encargado de hacérselo saber mediante acciones. Ni su propio hermano guardó cercanía con Eva. Un aire melancólico la rodeaba todo el tiempo. “¿Por qué me frecuentas? ¿Hay algo especial aquí?” Quisiera ahondar en el tema, pero tampoco la forzará a decir una verdad que le incomode. Seguidamente coge suavemente su mano. Su intención no ha sido avergonzarla, al contrario. “Muchas gracias, eres dulce como de costumbre.” Baja la vista, le agrada oír halagos de labios ajenos, podría acostumbrarse “Si esta fuese una competencia no tendría oportunidad de ganar y lo sabes.” Deja partir su mano con cuidado, acto seguido, se queda quieta y en silencio, disfrutando de lo siguiente. Eva permite que Narae arregle su cabello, sabe de antemano que su aspecto es un desastre. “Le pones atención hasta los más mínimos detalles, me agrada.” Menciona pacíficamente. Ahora tomándose un respiro profundo la observa directamente a los ojos. A Eva no le sorprende su repentina distancia, está casi segura de que se arrepiente de su atrevimiento, pero a la francesa no le molesta. Siempre le ha agradado ser directa. Le agradan las sorpresas, incluso si se trata de un gesto como aquel “Si te soy sincera, tomaría lo que fuese. No me gustaría tener que ir a rogar por un poco de efectivo.” Ni pensarlo, la relación con sus madres no era de lo más cercana, incluso podía decirse que existía una especie de tensión. Ella jamás fue la favorita de su familia, el rechazo era evidente para la castaña. “No quiero molestarte con mis tonterías…” Menea un poco la cabeza, descartando el tema previo “¿Qué hay de tu día?”
“No tendría reparo en decirte lo que hay en mi mente en este preciso momento.” Replicó con un evidente jugueteo en su tono de voz. Porque la verdad es que si lo tendría, tal vez se arrepentiría al instante de liberar sus pensamientos, que ciertamente durante esos días únicamente se conformaban de dudas y preguntas que no tenían respuestas prontas, no a la velocidad que ella deseaba. “Pero quizás lo haga después de mi segunda o tercera copa de vino, quizás…” No pretendía prometerle nada, tal vez el alcohol la ayudaría a envalentonarse o volcarse en su cobardía. Quería poder sentirse valiente, apta para hablarlo, pero no estaba segura de ello, no aun. Así que extendió su mano para tomar su copa de vino, esperando que el primer trago del líquido rojizo le ayudara a despejar su mente y a poder habilitar su –muchas veces– escasa habilidad con las palabras. En definitiva Narae estaba esperando mucho de sí misma ese día y ni siquiera llevaba un motivo claro. Así que con el peculiar sabor del vino inundando su paladar dejó de esconderse detrás de su copa para poder mirarla una vez más. “¿Expectativas? No lo llamaría así, yo sólo hablo desde lo que me has dejado ver. Mira que suelo ser bastante objetiva y cuadrada. Pero si quieres hablar de expectativas tienes que saber que te sales por completo de mis expectativas habituales, lo cual no es malo en absoluto.” Sus palabras se acompañaron de una sonrisa apenas perceptible, para ella era muy obvio el significado de sus palabras, esperaba fuese igual para Eva. “No suelo idealizar a las personas, para serte sincera no puedo hacerlo, me es imposible.” Algo aprendido desde su niñez y que poca relevancia tenía en ese instante, dejaría que su acompañante lo descubriera por sus propios medios con eventualidad. “Y sí, hay algo especial pero en ti.” remarcó el final de la oración. “Tu voz, tus platicas, tú… me envuelves de una forma que es difícil de explicar.” Las palabras tomaron mayor peso ante sus oídos y supo que era momento de abandonar el peligroso camino que estaba tomando esa charla, solo se confundiría más. “Eso me sorprendió durante la fiesta de San Valentín, que por cierto, yo también la recuerdo a la perfección.” Desde ese instante, durante la fiesta, supo que estaba tratando con alguien por quien valía la pena soltarse de las cadenas sociales que ella misma se había impuesto. La mayor parte del tiempo Narae pretendía, porque eso le iba bien a su familia, pero esa noche había sido diferente. Con Eva había podido ser ella misma, o al menos había intentado ser su versión más transparente. Lo cierto era que siempre que se encontraba con ella lo intentaba. “Pero bien… Espero haber dado razones válidas para que mi descripción sobre tu persona se sostenga por si sola ya que no pienso retirar mis palabras.” Determinó antes de dedicarle una mirada suspicaz. “Primero dejemos claro que no son tonterías, estás hablando de un trabajo, es importante.” Reprendió con sutilidad, no le agradaba que su contraria le quitara importancia a sus vivencias. “Si me lo permites podría ayudarte con ello, ya sabes, conseguirte un par de entrevistas. Pero tendrías que contarme más: lo que te gusta y lo que no te gusta de tu actual trabajo, tus expectativas para tu próximo trabajo.” ¿Su modo jefa estaba siendo activado? Quizás. Lo único que esperaba era no estar siendo demasiado entrometida, solo tenía afán de ayudarle. “Hmm, mi día.” Repitió en apenas un susurro, a sabiendas que aun rondaban por toda la ciudad los rumores -que de cierto lo tenían todo- sobre el soborno a los jueces para que su familia obtuviera un veredicto favorable. Habían logrado salir de esa incómoda situación pero la mirada de las autoridades seguía sobre su padre, quien había decidido retirarse a Seúl en lo que el tiempo pasaba y los problemas se enfriaban. Por ende, ella y su hermano habían quedado a cargo de la empresa. Ella de cuestiones legales y su hermano de los aspectos ilegales que manchaban la fortuna familiar. “Ha ido… bien.” Decidió mentir, esa mañana se había decidido por un maquillaje más pesado de la usual que pudiera cubrir su evidente cansancio; demasiadas responsabilidades para una sola persona. “Y estoy segura de que irá mejor después de esta comida.”