Y nunca te conté
que lloré
besando
otros labios,
pensando
en los tuyos
y muriéndome
de ganas
de que sintieras
lo mismo
por mí.
–Qué estúpida–.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?, #10
Kim Soyoung Hendrick.
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Y nunca te conté
que lloré
besando
otros labios,
pensando
en los tuyos
y muriéndome
de ganas
de que sintieras
lo mismo
por mí.
–Qué estúpida–.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?, #10
Kim Soyoung Hendrick.
La pena
que conlleva
el darse cuenta
de que soy
suficiente
a las 3 de la mañana
–un sábado cualquiera–
para el ansia
oportuna,
en cama caliente
bajo mantas
con o sin alcohol
por las venas;
mis palabras
sin embargo
no tanto
en una conversación
de un miércoles
por la tarde
–¿cómo va todo?–.
Supongo que no soy tan interesante.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?
Kim Soyoung Hendrick, #9
Y me pregunto
esta noche
–igual que otras noches–
cuál será
el capítulo final
de esta historia.
Porque ya van
seis últimos
mensajes,
dos últimos
besos
y veinticuatro
veces dichas
que ya se me ha pasado,
que ya lo he superado,
que no me importas nada
mientras busco tu nombre
en mi lista
de contactos,
cada tres días y medio.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?
Kim Soyoung Hendrick, #8.
Había días
en los que soñaba
que cazábamos
mariposas.
El campo
a rebosar,
nuestros botes
llenos
–sin oxígeno–.
Alas que se rompen
sobre otras
que sin espacio
aletean.
Ahora
siento dolor
por todas aquellas
mariposas
–muertas–.
Quiénes éramos nosotros
al fin y al cabo
para privarlas
de su libertad.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?
Kim Soyoung Hendrick, #7
Cruzaste la puerta,
y mi cabeza
dejó de quererte.
Entraste,
mirándome;
de pronto
me pregunté
qué hacías ahí
en pie
esperando.
¿Qué hacíamos ahí,
fingiendo?
Si las cosas
no están bien.
Lo siento,
te idealicé.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?
Kim Soyoung Hendrick, #6.
Quizás
si no hubiese sido
tan yo,
quizás
si no hubiese sido
tan real,
si hubiese llenado
los silencios
de mentiras,
o de más silencios,
de graciosas situaciones
donde no hay cabida
a la tristeza
y todo
es color celeste,
quizás
–quizás–
te hubieses quedado
un rato más.
–Creo que voy a marcharme–.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?
Kim Soyoung Hendrick, #5
Caos.
Caos fue
lo que destruyó
la posibilidad
ínfima
de un futuro
en el que
tú me quisieras.
Caos,
caos
que come,
revienta
y construye
la vida
que deseo
apagar
–sopla las velas–.
Feliz cumpleaños.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?
Kim Soyoung Hendrick, #4
Duele
cada esquina,
cada sábana lavada
y cada camiseta
con tu olor.
Duele
sentir cómo se rompe
en cada palabra
no dicha,
no mencionada
–17 de febrero–,
la manera
en la que me usas
–amnesia selectiva–.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?
Kim Soyoung Hendrick, #3
Y cuando me cure
–curé*–
de ti,
–nunca hubo un nosotros–
las neuronas vuelven
al cauce
insostenible
de la tristeza
sin nombre
ni apellido
ni razón
de ser.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?
Kim Soyoung Hendrick, #2.
Me caí,
en cada vuelta.
Casi,
casi al suelo.
Me caí,
y tus brazos
me recogieron
–sin amor–.
Ten cuidado.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?
Kim Soyoung Hendrick, #1.
Esta noche
dormí
en una cama
de 1.90
con el amor
de mi vida.
Vida
que no fue más vida
que tres días.
Tres días
en los que me sentí
viva.
C.Y.P.C.B.S.I.C.L.Y.F.?
Kim Soyoung Hendrick, #0
Y cuando todo cae y no quedan más que las gotas corriendo en el cristal, el vaho de tu aliento contra la ventana, del calor de tu cuerpo, tus ojos cerrados a destiempo, las lágrimas que nunca quisiste; pero están. Y cuando todo cae y el frío azota la piel que se eriza, los labios morados no tienen bufanda en los que rendirse y decir basta, tu nariz congelada quiere dejar de respirar. Y cuando todo cae, las nubes que permanecen se van riendo tras el llanto que tanto han aguantado, y tú suspiras, porque cuando todo cae, todo ha caído ya, y sabes que habrá cinco –¿minutos? ¿días? ¿años?– en los que la paz y la calma llegarán a un cuerpo hecho de conflicto.
D.F. #1, Kim Soyoung Hendrick.
La chica de la bufanda —¿verde, naranja, amarilla?— mete las manos en los bolsillos de su cazadora deseándolo todo sin poder hacer más que sentarse en una fuente de la plaza y soñar que alguien escribe sobre ella.
N.C.A.B. #5, Kim Soyoung Hendrick.
La chica de la cazadora verde se la abrocha cuando nadie ve a pesar del ardiente aliento que en el centro comercial la calefacción desprende. —¿No tienes calor?— Se rasca los brazos, —mangas de la camisa hasta el codo— y quien sospecha no lo hace del lugar correcto.
N.C.A.B. // 4, Kim Soyoung Hendrick.
La chica de la camisa de cuadros muerde sus labios para evitar suspirar. Al final del día no quiere volver a casa, —cuando ni quería salir—. Al hacerlo, sus ojos bajan y ya no miente con la sonrisa de dientes torcidos que nunca enseña —por vergüenza— sin saber que las miradas sonríen más que 32 piezas dentales colocadas de posición correcta —o incorrecta—.
N.C.A.B. #3, Kim Soyoung Hendrick.
La chica de los leggins negros mira de reojo sus piernas una y otra y otra y otra vez. Busca —continuamente— una forma de sentarse, y se levanta y se sienta y se levanta y se sienta y así todos los días. La gente la mira, ella no quiere salir, y si lo hace oculta su rostro bajo una bufanda para llorar sobre caliente —como los abrazos que nunca tiene—.
N.C.A.B. #2, Kim Soyoung Hendrick.
La chica de los zapatos de leopardo se sienta en la fuente de la plaza que llena de gente ignora los bellos ojos que tras las gafas redondas asoman con brillo de las esperanzas que no quiere apagar. La mochila que adorna en su espalda, repleta de ilusiones que como piedras su columna tuercen pero no rompen. Es fuerte. —O le gusta que duela—.
N.C.A.B. #1, Kim Soyoung Hendrick.