Hector De La Hoz. XXXVI años. Músico. En Willow Creek desde hace 3 años. Propietario y Director de la Escuela de Música Roberto De La Hoz. ᴇsᴄʀɪʙᴇ: ɴᴏᴄᴛᴜʀɴᴀʟ.
Algunos son niños de mami, otros de papi. Hector fue un niño de abue.
Habrá sido algo en su aterciopelada voz o su perfume, tal vez. Notas de rosa y cítrico. El brillo de sus ojos. La amabilidad que el abuelo Charles no tenía tratando al personal de la casa. Su sonrisa.
La tranquilidad, descansando la cabeza sobre sus piernas mientras veían cine de oro en la televisión. Ella embelesada por Cary Grant y Humphrey Bogart. Y él, siendo un pequeño no necesariamente comprendía los diálogos, pero le gustaba estar allí, con ella. Jugar a chocar sus carritos en el piso mientras la mujer leía una revista, sonando un slow jazz de fondo... Su influencia en la actualidad es notoria, en su gusto por la música y su forma de vestir; una criatura nacida a destiempo.
Odiseo Bichir y Sigourney Weaver como Roberto (+) y Nydia De La Hoz.
Sus padres adoptivos. ¿Cómo explicar lo agradecido que está con ellos? No es que menosprecie el amor de sus padres biológicos y sus recuerdos de infancia, pero estos segundos papás lo salvaron del abismo. De crecer en la amargura y la orfandad.
Del mundo actual podrán decirse un montón de cosas y todas ellas ciertas. Pero Hector querrá golpear a quien diga en su cara que todas las personas son iguales y que todos los mexicanos son criminales. Porque es válido desconfiar, pero no generalizar.
Daniel Brühl como Braulio De La Hoz.
Su hermano mayor. Su mejor amigo. Hoy en día su relación es complicada y la vida los ha llevado por diferentes caminos. Hector artista, Braulio político. Lo que en un principio fueron debates y choque de ideas, con el paso de los años se ha vuelto un distanciamiento en el que el otro siempre tiene más culpa. La política con el vicio de manipular y el arte con su tendencia a la crítica… Pero ninguno está en condición de negar un pasado compartido. Que de intentarlo sería imposible. La lealtad de hermanos, la verdadera lealtad, se olvida de gestos y malos entendidos. Aunque no quita el hecho de lo peligroso que es caminar sobre un campo minado.
Soltó una risa al escuchar la pregunta del rubio, al menos a él, los lunes no le afectaban tanto como a la mayoría, realmente le gustaba su trabajo así que no le pesaba tanto, además de que siempre había sido mañanero por lo que levantarse temprano no era un problema tampoco. “No, no, la comisaría sufrió una pérdida, de uno de los policías, entonces todos andamos un poco afectados.” pronunció el detective. Se sentía mal, toda la situación era extraña, no parecía ser algo normal, muchas cosas que simplemente no encajaban, y ahora sentía esta responsabilidad de que tenía que hacer algo y buscar al culpable, después de todo, era el detective. “Pero estoy tratando de olvidarme de todo eso, al menos por un rato.”
“Ooh.” Dejó entreabierta la boca y arrugó el ceño, ligeramente perplejo por la noticia. “No tenía idea. Lo siento.” Willow Creek, a sus ojos, era un lugar muy tranquilo y que hacía contraste con todo lo que había conocido anteriormente. Que muriese un policía no fue algo que esperaba escuchar. “¿Imagino que estás de servicio y recomendarte un trago no es una opción?” Señaló un gesto empático en el rostro, esbozando una sonrisa de medio lado. La última vez que la muerte tocó a su puerta, el dolor fue más que el sabor dulce o amargo de cualquier licor recorriendo su garganta, y se vio en la necesidad de subirse en el coche. Tapar el sol con un dedo, aunque sea temporalmente, con el sonido de los neumáticos en la carretera... Pero estaba claro que no todos cuentan con las mismas posibilidades. Dio otra calada a su cigarro y expulsó el humo, medio girándose para el otro lado. “¿O tu rol en la comisaría es más administrativo?”
“no.” respondió seco a la pregunta ajena. tiene una resaca del demonio y el calor de la primavera no ayuda a mejorar su humor─el cual se acorta drásticamente cuando se trata de conversar con otras personas. “no me interesa, tampoco.”
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“¿Seguro? Porque cupones para la tienda del cine no suenan mal.” En especial para una persona joven como su interlocutor. “Pero va, va... No pasa nada.” Hector se los habría guardado en el bolsillo, sí... pero de tenerle más fe a los estrenos. Accionó el Zippo y prendió fuego al cuadernillo de cupones, mismo que aventó al piso, teniendo poco espacio entre los dedos y el fuego.
No había sido el más cercano con Lucian, apenas y le había conocido prácticamente pero es que pensar que no le vería jamás era extraño, que iría a la comisaría y no estaría más, que apenas ayer le había visto feliz y ahora no existía, aunque no fueran tan cercanos, le parecía irreal. Los pensamientos del masculino fueron interrumpidos cuando mientras iba caminando, chocó con otra persona, volteando para ver quién era —Hey, lo siento, venía distraído. — @wc-starters
El repentino choque empujó su brazo y el encendedor que tenía en la mano fue a dar al suelo. Manteniendo el cigarrillo entre sus labios, se agachó para recogerlo. No fue hasta que la llama activó el Gauloises y le dio una calada que finalmente dijo: “No te preocupes. También iba distraído.” Guardó el encendedor en el bolsillo de su pantalón y sostuvo entre sus dígitos el pequeño cilindro de nicotina, ya aromatizando el ambiente. “Aunque me llama la atención que eres el segundo que me encuentro que anda como zombi. ¿Es porque es lunes?” Arrugó el ceño buscando los orbes del castaño.
“¿Sabes que es lo mejor de esto? La publicidad gratis que estoy obteniendo en el hote gracias a todos los actores y al crew de la película”
“No, bueno...” Se quejó aparentemente ofendido, y se levantó de la silla mientras soltó la servilleta de tela en la mesa. “Eres la consentida de la Señora Lápida.” Frunció el ceño, fulminando a la rubia con los ojos. “No puede haber lugar para dos grandes empresarios en un pueblo tan pequeño sin esperar que uno se irrite, Esme.” Una carcajada emergiendo de los labios de Hector, destruyó toda sospecha de haberse molestado en serio. “Voy a abrir mi hotel. Tenlo por seguro.” Llevó la mirada al techo y sacudió la cabeza, volviéndose a sentar. “La crema de champiñones está deliciosa, por cierto.” Dijo tras agarrar la cuchara, dispuesto a seguir comiendo.
“¿quieres ir a husmear en las grabaciones?” @wc-starters.
“No te voy a mentir, sí suena interesante. Pero... no sé si la simple idea de ir me convence.” Frunció la boca mientras acariciaba su barbilla. “¿Hay actrices guapas dentro del elenco? Lo siento, pero no he tenido el tiempo de leer sobre la película.”
los días en que debía llevar a su padre al hospital eran siempre los más densos para rory. siempre había tenido capacidad para dejar sus problemas de lado, ocuparlos con otra cosa, y de alguna forma siempre parecía tener energía, fueran cuales fueran las circunstancias, pero precisamente esa mañana se encontraba bastante agotada. usualmente a esas horas el lugar se encontraba vacío, y por lo mismo fue bastante sorpresivo (y lamentable) para ella toparse al contrario. no se habría acercado de no ser por la falta de encendedor que arruinaba su rutina de espera: no tenía con qué encender su cigarro. “por favor dime que andas con fuego encima.” suplica a la persona luego de acercarse e interrumpir lo que sea que hacía.
@wc-starters
“Ah, seguro.” Del bolsillo del pantalón sacó el Zippo metálico y se lo extendió. En teoría debió llegar a la escuela de música desde hace un par de horas, pero como era el propietario y el director, está de más explicar que siempre tenía bajo la manga las mejores justificaciones. ¿Quién se detendría a cuestionarlo? “¿Tuviste el tiempo encima al salir de casa?” Se le ocurrió preguntar y es que, si era fumadora habitual, el encendedor sería de aquellas pertenencias del diario vivir tan indispensables como el celular, las llaves y la cartera. Algo no cuadraba.
“¿te molesta si me siento?” lo hizo de todos modos “ha sido un largo día”.
“El mundo es libre. Adelante.” Apartó la mirada del celular, fijándose en el hombre que ahora ocupaba el otro extremo de la banca. “Sí, es lo que veo.” Enarcó una ceja. No sabía cuál era el nombre de quien transmitía cansancio en el rostro, pero estaba seguro de haberlo visto antes. “Quizá es algo atmosférico... Pasan de la siete y el cielo todavía está claro.” Acto reflejo, se volteó y se quedó mirando el cielo. “Es extraño, ¿no te parece?” @evanvs
Linda era una mujer bastante expresiva, le encantaba contar historias sobre los desencuentros amorosos -y no tan amorosos- que ha tenido a lo largo de su vida y aquella vez, tomando un café con la persona que tenía en frente, no dudó en soltar en una de sus anécdotas de mujer empoderada.
—Entonces fui y le dije: “Nena, levanta ese culo gordo que tienes, ponte guapa y nos vamos a ir de fiesta. Ese tipo no se merece ni una sola lágrima por tu parte.”
Por mucho que trató de reflejar seriedad, el ritmo de su interlocutora aunado a la gracia de su discurso, hizo de aquello algo imposible, y una efusiva carcajada emergió de los labios del rubio, arqueando ligeramente la cabeza. “Lo siento, lo siento...” Dijo entre risas, removiéndose en la silla, pegando la espalda. “El desamor no es un tema de risa.” Bueno, a veces sí... Depende siempre de la estupidez de la gente, el contexto y las malas decisiones que toman. Agarró su taza de café y le dio un sorbo, con la esperanza de calmar su lapsus histriónico. Entrecerró los ojos y se remojó los labios, pensativo. “Me parece genial que seas una mujer con actitud.”
“Oye… ¿Cuál es tu tipo de comida favorita? ¿y platillo favorito?” preguntó a la persona a su lado, quería estar al tanto de qué era lo que le gustaba más a la gente, por eso mismo cada cierto tiempo trataba de actualizar su información, para que los eventos que organizara dejaran a la gente satisfecha. @wc-starters
“La mexicana.” Respondió instantáneamente. Más allá de la influencia de su familia paterna adoptiva, la gastronomía mexicana era reconocida por ser una de las mejores en el mundo. “A mí dame una orden de tacos al pastor o de carne asada, y te ganarás mi corazón.” Pronunció con falsa coquetería, mostrando los dientes en una sonrisa de medio lado. Sí, claro… Como si enamorarse fuera así de sencillo. “Pero las pastas y la cocina italiana también funcionan para mí.”
“No sé si ya te diste cuenta” musitó una vez se hubo acercado a la persona “pero hay un poco de merengue en tu ropa”.
Localizó la mancha abajo, en uno de los extremos del blazer. Frunció la boca, indiferente, y levantó los hombros. “Es para las hormigas.” Mencionó con gracia y soltó unas risillas. Avanzó a la mesa más cercana y estiró la mano para alcanzar una servilleta. “Debió ser aquel niño de traje rojo que chocó conmigo hace unos minutos.” Explicó mientras se limpiaba, echándole un vistazo a la joven. “De todas formas no tardo en irme.”
“¿Es una boda de ensueño no te parece?” apenas formo una sonrisa en sus labios, su mirada fija al frente, justo en la mesa de los anfitriones: Anabella & George. No era cuestión de gusto si no de experiencias, por lo cual Céline estaba un poco sentimental “Si no estuviese aquí, no creería su historia de amor si te soy sincera.”
“Yo no sé si creerla. Simplemente la acepto.” No conocía a los viejos y a la edad de Hector, las bodas de conocidos eran tan frecuentes, que estos festejos en algún punto ya se tornaban predecibles. Al final, siempre hay gente casándose. “Para ser honesto, me hace ruido que invitaran a todo Willow Creek.” Torció los labios, sacudiendo la cabeza. “Entiendo que la fiesta se la organizaron a ellos. Pero me cuesta hacerme a la idea.” Admitió, emergiendo de sus labios una breve risita. “Estas cosas no se hacen en San Francisco.”
“¿crees que está bien escribir en esta tarjeta ‘felicidades, les deseo mucha felicidad, cuenten conmigo para monitorear su presión arterial’?” ( @wc-starters )
“No. Eso sería grosero.” Fijó su mirada en la tarjeta en blanco, entrecerrándola con gesto reflexivo. “Limítate a desearles felicidades y ya. ¿Por qué te complicas?” Él, por ejemplo, ni consideraba escribirles algo en el cuaderno de pensamientos. Todo lo que tenía para decir, se los hizo saber en el momento que los felicitó y entregó el regalo.