Relatos a destiempo. El texto que les adeudo desde hace dĂas.
Terminó la celebración, despedimos la visita que nos acompañó. A los amigos, colegas,  conocidos de antaño y a las recientes sorpresas.
Enfilamos al edificio de SITE Santa Fe y recogimos el material, que previniendo, habĂamos traĂdo hace poco más de un mes, para montarlo en el camiĂłn una vez agotada la primera mitad del recorrido.Â
En esa primer tramo instalamos ya 25 mojoneras, ahora llevamos con nosotros material para 22 más.
Como a las cinco de la tarde salimos de Santa Fe hacia el norte por la interestatal 25, peinando el paisaje a una hora idĂłnea y disfrutándolo mucho,  ya que al arribo cuatro dĂas antes por la misma vĂa viajábamos de noche.
 En este retorno pasamos por varios pueblos, entre ellos las Vegas N.M. donde paramos a comer. HabĂa estado ahĂ Â alguna vez, que corta la memoria que me asiste, que recuerda la gente, más no recuerda ya los barrios de la primera visita.
Una vez alimentados, manejamos hasta Pueblo, Colorado, donde buscamos un parque para acampar. Después de dar varias vueltas ubicamos un lago alimentado por una afluente del Arkansas. Sacamos nuestros catres y bolsas de dormir y sin dar muchos rodeos nos concentramos en cerrar los ojos.
 Despertamos en un lugar hermoso , singular. Otra bella sorpresa!
Pero hoy es un nuevo dĂa, el rosario sigue y  hay que completar la ruta de 47 mojoneras.
Acabamos de montar la nĂşmero 26, es la primera de la segunda  parte del viaje  y quedĂł en un montĂculo con vista a la ciudad de Pueblo, Colorado,  justo por encima de  la Estacion del ferrocarril.  El punto donde se monto esta del lado pobre de la ciudad, donde vive la mayorĂa de la poblaciĂłn hispana,  en barrios arbolados y casas con presencia y cierto carácter,  pero que hace tiempo ya vivieron sus mejores dĂas.
Aquà empieza con mas fuerza a aparecer México,  a filtrarse por todos lados y sudar , o es quizá que supura? Como una herida vieja que se niega a cerrar.
Los paisajes son ya un poco mas similares a los del México conocido y los rostros morenos se dejan ver en este calor del diablo, que en unos minutos nos hará pagar el precio de marcar la tierra con pilones de metal.
Luego de instalarla enfilaremos al Este, rumbo a la pradera, hacia Kansas y sus millones de reses para el matadero, luego a Oklahoma y, finalmente, Texas.Â
 Seguiremos por buen tramo el rĂo Rojo y despuĂ©s, en un caluroso y hĂşmedo descenso, al rĂo  Sabina, hasta que este Ăşltimo inevitablemente llore sus aguas al llegar al mar.