Echo de menos a mi Litwick...
—Solo tuyo y para toda la vida—. Admití suspirando. Le observé con una sonrisa dulce y, finalmente, besé su cabeza de forma tierna, con amor. —Descansa, mi amor. Sueña cosas bonitas—. Deseé, tirando de la sábana para tapar ambos cuerpos.
Ronroneé un segundo y me quedé bien pegadito a él, porque así quería dormir.--Descansa tú también, mi vida --murmuré, medio ido. El sueño no tardó en vencerme, y caí dormido casi sin darme cuenta.











