Diario de reflexiones - 012
Yo solía pensar que no debía molestar a mis amigos con mis asuntos, hasta que me di cuenta que hay una diferencia entre informar de forma sutil mi estado de ánimo a simplemente hacer un trauma dumping innecesario.

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Diario de reflexiones - 012
Yo solía pensar que no debía molestar a mis amigos con mis asuntos, hasta que me di cuenta que hay una diferencia entre informar de forma sutil mi estado de ánimo a simplemente hacer un trauma dumping innecesario.
Diario de reflexiones - 011
La vida no es como la escuela. Yo pensaba que para estar con otros, yo debía decir algo inteligente como si estuviera siendo evaluada en un examen oral, y a veces simplemente solo debo estar y acompañar en silencio.
Diario de reflexiones - 010
He intentado guardar el enojo y la tristeza en una caja, ya que me parecían emociones negativas. Pero sentirlas cumplen su función. Además, no necesito estar bien todo el tiempo para vivir de forma sana.
Diario de reflexiones - 009
Vivía pensando que debía mantener una actitud de hierro todo el tiempo y me ponía mal cuando no lo lograba, pero lo cierto es que los nervios me hacen más humana, lo cual invita a la gente a acercarse ya que nadie quiere una máquina sin emociones a su lado.
Diario de reflexiones - 008
Así como tengo que limpiar mi vivienda, también tengo que limpiar mi mente de malos pensamientos, ya que éstos contaminan.
Diario de reflexiones - 007
En la vida he tratado de masticar más de lo que puedo tragar, literal y figurativamente. En todos los casos me he visto sobrepasada por la situación.
Diario de reflexiones - 006
Al vivir en una burbuja, mis preocupaciones han crecido tanto que se volvieron ansiedad, pero la vida real no ha resultado tan terrible como imaginé.
Diario de reflexiones - 005
Me daba mucho miedo el afuera, como si todos estuvieran confabulando contra mí, pero solo eran pensamientos tontos. El problema siempre fue mi mente que ve males en cualquier rincón.
Diario de reflexiones - 004
Por muchos años mis proyectos eran solo míos, porque me aislaba, pero al abrirme y tener amigos ahora sé que son más enriquecedores en unión.
Diario de reflexiones - 003
Me frustra un montón no ir a sitios que me benefician cuando puedo hacerlo, pero también ignoro cosas que he logrado. Eso significa que muchas veces no tomo en cuenta lo positivo en mí.
Soné que Bob Esponja regalaba cangreburgers y Don Cangrejo se enojaba con él.
Diario de reflexiones - 002
He notado que la comida no solo es nutrición, sino también un ritual donde se comparte con la familia y un momento especial.
Diario de reflexiones - 001:
Hoy me di cuenta de algo: la comodidad es una trampa. Es tan fácil elegir el celular antes que moverme un poco, pero sé que a largo plazo esa comodidad me está aislando. Me frustra, pero reconocerlo ya es un primer paso para salir del círculo.
Cuento por Dianna Camps. Realizado el miércoles, 15 de octubre de 2025.
Contexto: Ciudad Esperanza es un lugar ficticio, una ciudad costera de Argentina. Transcurre en el año 357 después de Julio Astro. Julio Astro fue un fenómeno que salvó a la Tierra del calentamiento global, en el universo futurista AE5-27.
La Tierra tuvo cambios y renombramientos. Por eso pueden sonar similares a algunos lados, pero no iguales. Todo lugar aquí es ficticio y yo moldeo su mapa a mi antojo.
Título: ¿Obediencia o libertad?
Mi nombre es Juan Darío Martínez. Soy todo en cuanto a un campeón, el mejor jugador de la selección, inteligente, independiente y, para rematar, con dotes artísticos. El resto del equipo depende de mí, ya que yo soy el capitán, el diez de dieces: ellos no podrían meter un gol, ni aunque su vida dependiera de ello.
¿Qué puedo decir? Tengo todas las habilidades que una persona puede tener. Algunos llamarían eso “fanfarronería”, yo lo llamo tener autoestima. Aunque… mentiría si dijera que no he cometido algunos errores…
Mis “equivocaciones” han sido más que nada dentro de la vida misma, no dentro de la cancha. Supongo que por eso el fútbol se convirtió en un refugio seguro para mí: un lugar de escape…
Me crearon en el 336, en un laboratorio de Barrio Bermúdez, dentro de Ciudad Esperanza. Lo hicieron desde cero, en un tubo de petri, con ADN humano mezclado con el arácnido, sumado a implantes cibernéticos y una computadora interna. Esa computadora, que está entrelazada con mi sistema nervioso, tiene un control neural que me obliga a obedecer. Antes no me parecía un problema, puesto que mis viejos me criaron con amor, pero luego de ciertos incidentes se volvió un dilema, un dilema moral para colmo.
Me instalaron conocimientos previos como el fútbol y el violín; una combinación curiosa ¿no es así? Parece que mi destino estaba sellado desde el comienzo… En fin, qué me voy de tema. Dos años después de mi concepción, en 338 nací. La sumatoria de los saberes programados más mi naturaleza arácnida hicieron que comprendiera el mundo de entrada, tan solo con abrir los ojos.
Las arañas suelen tener una infancia de unos cortos meses, a lo que posteriormente se vuelven adultas. Lo mío… fue una adolescencia prolongada más que una adultez, ya que el estado animal suele ser instintivo, impulsivo e inmaduro con respecto a lo humano. En mi opinión es así, porque la consciencia humana permite seguir aprendiendo toda la vida, y vaya que me faltaban aprender cosas. Ahora lo sé.
Las arañas nacen sabiendo tejer, ya que no tienen a nadie que les explique nada y son, en su mayoría, solitarias… Mi vida fue completamente distinta a eso: como dije con anterioridad, mis padres me criaron con amor.
Mi viejo, Alejandro, fue muy atento conmigo. No hacía falta, pero en mi primer día me aclaró cómo usar el mapa de mi computadora interna, para llegar a la carnicería, y me ayudó a pagar con la billetera virtual. Lo recuerdo muy bien, fue el día de mi nacimiento: el 08 de junio de 338. Ese día preparé mi primer asado, el cual se me quemó, pero mis padres estaban orgullosos igual. Luego, terminé el día poniendo música en mi cabeza y saltando la cuerda, la cual creé con mi propia telaraña: así empezó mi entrenamiento.
La educación de un cyborg araña es totalmente diferente a la de un humano común: solo necesitaba refinar lo que sabía gracias a mi inteligencia artificial, estudiar ética ciudadana y entrenar en fútbol. Eso duró siete años, los primeros siete años de mi vida, que finalizaron en el 345.
Lo que vino tras eso fue muy fuerte: antes de mi graduación, mi viejo murió por un accidente automovilístico. Perdón… no me quiero poner demasiado sentimental. Si, me dolió, ¡claro que sí!, mi papá fue un ídolo para mí. Pero supe entender el hecho como un suceso natural de la vida.
Quién no lo pudo superar fue mi vieja, Yésica Muñoz. Ella siempre se me hizo una mujer muy inteligente: fue ella quién ayudó a mi papá con su idea de crearme. Sin embargo, era y es demasiado apegada a él. Según me contaron, mi mamá era la típica niña de la escuela que no tenía amigos y que se refugió en papá.
Podría entenderla, ya que por mucha lógica que se tenga, los sentimientos pesan más, pero lo que me hizo hacer es inentendible.
Luego de la muerte de mi viejo, buscó consejo de su hermana Sandra (a esa arpía me niego decirle tía). La hermana de mamá la convenció de que sería buena idea secuestrar al amigo, de una tal Natasha Fildegart, para robar los poderes de ella, ¿y para qué? Para revivir a papá.
¡Por un demonio! Me parecía un plan escabroso. Y a mi me tuvieron que enseñar ética ciudadana por siete años seguidos, porque tenían miedo de mi veneno de araña violinista. ¡Pero miralas a estas dos!
Yo debía seguir el plan, de todos modos, ya que tenía el control neural que me obliga a obedecer. Nunca quise seguirlo. El dichoso plan duró cinco años, y yo no encontraba forma de escapar de él. Como yo soy el más fuerte de los tres, me mandaron a secuestrar a ese tipo, ¡qué descaro! Ni siquiera fueron capaces de hacerlo solas.
Me parecía arruinarle la vida a dos personas: a Natasha y a ese sujeto secuestrado, llamado Miguel Amable. A Miguel lo estaban transformando en un cyborg con control neural, como yo. Para detener eso, tuve que hacer un mensaje encriptado en donde revelaba toda la historia y los motivos de mamá. Lo encripté en códigos difíciles para que mi vieja no me descubriera; creo que sospechó algo.
Por eso me puse nervioso: busqué a Natasha en su panadería y le dí el mensaje en un pendrive. Confiaba en que ella pudiera descifrarlo, o eso quise creer para tranquilizarme. Desgraciadamente, a la policía intergaláctica le llamó la atención y me interrogaron varias veces. Yo intentaba decirles la verdad, pero mi programación me lo impedía.
El mensaje lo entregué medio tarde: Miguel ya estaba transformado en cyborg para el 350. De repente, Natasha llegó prometiendo revivir a mi viejo… Fue todo muy raro. Mi mamá me pidió traerle el cuerpo criogenizado de papá, a lo que Natasha extendió sus manos para compartir su energía regeneradora.
Mi viejo volvió, sí, pero… incompleto. Mi mamá se emocionó, lo abrazó y yo me inquieté… Aún así, le devolvimos a Miguel a Natasha. Se fueron y nunca más supe de ellos.
Pasaron siete años, ahora tengo 19 años y más entendimiento de lo sucedido. Hoy en día, me gusta tocar el violín y bailar como pasatiempos, pero mi meta es ganar un intergaláctico de fútbol: gané muchos partidos con mi cuadro Los Barrizales y una copa mundial, pero aspiro a más.
De todos modos, tengo una deuda con la sociedad: hago el servicio militar. He aprendido a pescar con mi propia telaraña y a cocinar en entornos de supervivencia. Mi vieja insiste en que yo juegue con papá, como antes de todo esto, pero… me cuesta verlo en estado vegetativo.
FIN
Cuento por Dianna Camps. Realizado el domingo, 12 de octubre de 2025.
Contexto: Ciudad Esperanza es un lugar ficticio, una ciudad costera de Argentina. Transcurre en el año 357 después de Julio Astro. Julio Astro fue un fenómeno que salvó a la Tierra del calentamiento global, en el universo futurista AE5-27
Título: Natasha Fildegart: La historia de mi vida.
Mi nombre es Natasha Fildegart. Yo… en realidad no sé para quién va dirigido este escrito. He sentido cierta necesidad de resumir mi vida.
¿Por dónde empezar? Veamos… Quizás por el principio: nací el 02 de febrero de 326, luego de mi mellizo. Mi familia era… disfuncional. Mis padres eran negligentes; con mis hermanos me llevaba bien, aunque me cargaban diciéndome “bruja”.
Nunca entendí la razón de ese “bruja”. En el vecindario me tenían fichada por la mala fama de mi mamá: creían que yo sería igual. Mis hermanos… no sé por qué me decían así. Se me ocurre que, una posibilidad provenga de mi conexión con los animales, la aracnología y las ciencias naturales en general, sumado a mi vestimenta negra. Vaya, todo el estereotipo negativo de una bruja. Aunque yo me lo reapropié con orgullo: soy la brujita de Ciudad Esperanza, aunque en lugar de vestidos uso pantalones y prendas holgadas.
Un cierto marzo de 330, apareció un gato cyborg muy maltrecho en la vereda de mi casa. Yo, en ese entonces, tenía cuatro años y me sorprendió de sobremanera su capacidad de hablar: se presentó como Hunter the Wildcat. Huía de los malos tratos de la gente, por lo que decidí darle una latita de atún.
Jamás, en mi corta vida, habría imaginado que ese mínimo gesto de amabilidad sería suficiente para que Hunter quisiera vivir a mi lado…
Adoro a ese gato… ocupó, y aún ocupa, un rol paternal que ninguno de mis padres biológicos supo darme. Reparó la grieta que dejaron el abandono de mi padre y el odio constante de mi madre… Hunter es mi “verdadero papá”.
No obstante, si tuviera que reprocharle algo a Hunter, eso sería su persistente sobreprotección… Aunque lo entiendo: yo sufrí un “accidente” a los ocho años; me hospitalizaron por seis meses y mi cara quedó marcada por cicatrices de por vida. Para Hunter, ver a su humana dañada de esa manera debió ser un golpe duro… Pero estas cicatrices son señales de una guerrera que se cae y se levanta: ahora lo comprendo.
El caos de mi casa persistía. Mi madre nos decía cosas feas a cada uno de nosotros. Y cuando yo cumplí quince, mi mamá pensó que sería el momento perfecto para que yo me ganara el pan por mi cuenta, como empleada doméstica interina… Hunter se escandalizó con esa idea: “¡¿Cómo una niña de quince años va a trabajar, y para colmo metiéndose en casas de desconocidos?!” decía él.
Era como si mi madre quisiera echarme de la casa. Pero tuve suerte: me contrató una familia amorosa y tranquila. Hunter seguía de escéptico, decidiendo mudarse conmigo, para tantear el terreno y asegurarse de que nada malo pasara.
Ese mismo año, 341, empecé tercero de la secundaria e ingresó en mi un simbionte intergaláctico, al cual apodé simplemente como Magnolia. Magnolia se comunica conmigo mentalmente, aunque también puede proyectarse a través de las materializaciones…
Sí, tengo poderes, los cuales consisten en regenerar, que incluye revivir, y la materialización de la energía, la cual no dura mucho tiempo…
Hunter estaba preocupado por mi seguridad: me prohibió decirle esto a nadie. Yo no hice caso: era de espíritu rebelde, pues me gustaba el motociclismo, el rock nacional y el cabello largo tipo metalero. Era mi forma de combatir tanta sobreprotección.
Sea como sea, en la escuela me veían como un bicho raro, excepto él… Miguel Amable… mi mejor amigo de ese entonces, el cual era un artista nato que vio en mi poder un tipo de escultura efímera. Él… fue muy importante para mi. Un ancla emocional más allá de la familia… Compartimos momentos inolvidables juntos…
De pronto, problemas sucedieron. Robots en forma de maniquíes me perseguían para robarme los poderes. Me defendía como podía, materializando humanoides luchadores que pudieran hacerles frente. Hunter y Miguel estaban a mi lado, apoyándome.
Yo solo quería vivir en paz en la ciudad. Por ese motivo, en cierta ocasión, una persona dijo que yo era egoísta y ponía al pueblo en peligro… Pero un día, frenó sin más…
Cosas peores vinieron, como la muerte de la mamá de Miguel… En mi torpeza, no sabía cómo ayudar. Solo supe acompañar. Y hablamos de estrellas: él decía que su madre ahora es parte de ellas; yo no creía en esas cosas, aunque quise validar su visión… Esa noche solo nos quedamos en silencio, viendo el firmamento…
Tiempo después, Miguel me aconsejó hacer las paces con mi mamá. Yo lo seguí: como tenía diecinueve años, en el 345, yo ya trabajaba de panadera en la misma casa de la familia que me contrató… Mi madre pensó que era poca cosa…
Después de visitarla luego de mucho tiempo, me marché abatida… Al caer el ocaso, tenía que volver a casa, pasando por un cementerio, accidentalmente pisando la cola de un perro que me atacó… Una señora vio como mis heridas sanaban de inmediato. A mi me dio tanta vergüenza que solo agaché la cabeza y caminé rápido a mi hogar.
Las cosas se tranquilizaron bastante, hasta que Miguel enfermó. Cada vez se ponía más débil. Le dimos pastillas, pero parecía empeorar… Yo estaba a su lado, cuidándolo, velando por él y haciendo todo cuanto fuera posible para que se pusiera bien… Intenté usar mi poder de regeneración con él, pero no funcionaba. Me sentía impotente.
Llegó a un grado tal que solo lo llevamos al hospital. Yo estaba cansada, por lo que decidí ir a mi casa a dormir esa noche… A la mañana siguiente, me llegó un mensaje que decía que Miguel había desaparecido misteriosamente, la misma noche en que lo internaron… Me carcomía la culpa, ¿por qué no estuve ahí con él?...
Llamamos a la policía y nada, no podían encontrarlo. Me volví desconfiada con ellos… Así, pasaron dos años, era el 350, y todavía no se sabía nada… Yo estaba muy angustiada, sin saber qué hacer…
Un día cualquiera, Juan Darío Martínez, un cyborg arácnido, futbolista famoso, creado en 338, se acercó a mi panadería para comunicarse conmigo… Yo estaba emocionada. Él era un ídolo para mí, me hacía ilusión que me hablara. Recordé mi primer encuentro con una araña: la vi en la pared, me asusté, pero luego Hunter me contó su naturaleza y comprendí… Desde ese día, a partir de mis cinco años, no paraba de estudiar aracnología… Y el mismo Juan Darío me estaba hablando, encima ambos somos del mismo cuadro: Los Barrizales.
Sin embargo, todo fue confuso… No era el típico muchacho arrogante, como se mostraba en la tele. Se veía nervioso y me dio un pendrive, el cual, al abrirlo en mi casa, noté que tenía un mensaje encriptado.
Ni yo, ni Magnolia, sabíamos cómo descifrar códigos… Me perdí por un momento… Luego, hice memoria de Damián Alonzo, un cyborg un año menor que yo, al cual le pasé la bandera argentina del abanderado como el mejor alumno del salón.
Lo contacté. Me dijo que podía hacer el trabajito por 100 independencias (la moneda local). Acepté solo por la intriga que me producía el mensaje… Casi al simultáneo, a la policía intergaláctica le llamó la atención el encuentro entre Juan Darío y yo, de modo que empezaron a interrogarnos constantemente.
Afortunadamente, Damián logró descifrar el mensaje antes de que el temita de la policía se pusiera más engorroso. Ahí nos enteramos de que Miguel Amable fue secuestrado por Yésica Muñoz, para transformarlo en cyborg como una especie de cebo para robar mis poderes… Me enfurecí, pero después entendí el motivo detrás, el cual enterneció mi corazón… Yésica quería revivir a su marido, Alejandro Martínez, cuya pérdida le dolió mucho… ¿Y cómo sabía Juan Darío todo esto? Porque Yésica y Alejandro son sus creadores, o mejor dicho “padres”, a los cuales debe obedecer por el control neural que le pusieron… Su mensaje encriptado fue una de las pocas maneras que encontró de escapar de esa programación.
Entonces, yo fui en son de paz hasta la casa de Yésica y Juan Darío, para hacer lo que debía hacer… Magnolia quería oponerse al plan: “¡No se puede revivir a alguien que pasó muerto más de un año! ¡Ya no hay información de su mente!” decía… Yo no hice caso… Es cierto que nos enteramos por el mensaje que Alejandro falleció en el 345 por un accidente automovilístico, y era 350 en ese entonces. Yésica era la señora que me vio en el cementerio aquella vez. Pero… ¿y si había una posibilidad, aunque mínima, de que funcionara?
Me presenté a su casa, le afirmé que apelaba a la paz y que entendía sus razones. Si quería ver a su esposo, entonces así iba a ser… Me preparé. Ellos trajeron el cuerpo criogenizado, extendí mis manos sobre él y le traspasé mi energía regeneradora…
Abrió los ojos, respiró, sin embargo… no habló, no había consciencia… Yésica lo abrazó emocionada, ignorando el hecho, Juan Darío se inquietó, yo… solo observé.
Me devolvieron a Miguel. Estaba bien, supuse, pero luego en su hogar descubrimos que tenía el control neural como todos los cyborgs, lo que lo ata a obedecer a los militares…
A pesar de todo, vivimos tranquilos. Me reencontré con mis hermanos, los cuales me preocupaban luego de que se quedaran solos con mamá. Me casé con Miguel. Junto con Hunter, me fui a vivir a su casa. Tuvimos una hija, a la que llamamos Eugenia, que ahora tiene cinco años.
Pasaron siete años desde los sucesos con Yésica Muñoz. Hoy en día, todas las noches le leo un cuento a Eugenia, para que se pueda dormir… Sin embargo, no dejó de pensar en lo que hice: no creo que haya estado del todo correcto traer a Alejandro de vuelta, no en esas condiciones. Parece una violación a las leyes naturales. También me intriga el estado actual de ellos tres: solo espero que Alejandro haya recuperado algo de su consciencia… Y el control neural de Miguel, me inquieta… Pero Eugenia me ancla al presente.
FIN
Título: La lucha americana
Es el año 343 después de Julio Astro, en el universo AE5-27, una era y lugar caracterizado por una renovación luego de una catástrofe por calentamiento global en la Tierra, y un avance tecnológico impresionante.
Existen naves espaciales, puertas portales, cyborgs, robots: creaciones que han sido desarrolladas por un científico que prefiere mantenerse en el anonimato, que únicamente lo llamen por su nombre de pila. Se trata nada más ni nada menos que de Dexter, un joven prodigio de tan solo 17 años.
En estos instantes, en Ciudad Esperanza se está desarrollando una competencia internacional estudiantil, en donde se seleccionará quiénes serán los guerreros más aptos para defender la Tierra. En este caso, solo está participando el continente americano.
Esto se hace cada dos años, como las copas americanas de fútbol, pero está destinado a jóvenes de 17 años que decidirán su futuro con esta lucha. En cada encuentro, se elige una sede diferente, y esta vez le tocó a Argentina ser la protagonista.
Para evitar choques idiomáticos, todos los presentes usan unos traductores automáticos en forma de mini auriculares. Tales artefactos fueron diseñados por Dexter, que los había patrocinado y vendido. Ahora, tanto hispanohablantes como anglosajones van a entenderse mutuamente.
Entre los competidores están: Manny Rivera, el antihéroe mexicano que se transforma en El Tigre; The Powerpuff Girls, un trío de hermanas estadounidenses heroínas; The Rowdyruff Boys, la contraparte masculina de las chicas, quienes son unos completos villanos que solo quieren causar desorden; Dexter, el genio estadounidense con acento europeo que aún quiere demostrar que su ciencia vale la pena; y muchos, muchos más.
Entre los competidores argentinos, se encuentra una joven de perfil bajo, palabras titubeantes, sonrisa nerviosa y cicatrices. Se llama Natasha Fildegart. Ha venido hasta acá para demostrar que es capaz, aún en contra de las advertencias de su figura paterna.
El campo de batalla es el patio de una escuela, en dónde todos pelean contra todos, como si fuera una gran guerra de bandos múltiples. The Powerpuff Girls y The Rowdyruff Boys se enfrentan entre ellos, ignorando a los otros competidores. Se trata de una batalla encarnizada donde hay campos de energía y rayos que salen de sus ojos.
Manny Rivera usa su cinturón para convertirse en El Tigre. Se enfrenta directamente con Natasha, que se ve como una jovencita vulnerable, temblorosa y que juega con sus dedos para calmar su propia ansiedad. Él se burla de ella. Ella no sabe qué hacer. Todo el público, que observa el enfrentamiento, cree que Natasha es débil, lo que la pone más nerviosa. Ella traga saliva, pero resiste.
Manny no quiere lastimar a una chica, subestimándola, mostrándose como un macho firme y recto. Pero ella no se queda de brazos cruzados. Aún con el sudor en su frente, decide actuar. De sus manos salen chispas, las cuales se materializan en un luchador musculoso. Manny queda sorprendido, boquiabierto. Pronto se ve envuelto entre golpes y patadas con este luchador emergido de pura energía.
El luchador de Natasha resulta ser más fuerte, sacando a Manny del área de combate, lo que significa eliminación instantánea. Ella se siente orgullosa de sí misma, esbozando una sonrisa, quedándose parada y mirando como Manny se retira. Sin embargo, baja la guardia, y un golpe de un mecha gigante la lastima.
La joven de las cicatrices queda evidentemente ensangrentada, pero sus heridas se curan rápido. Al recuperar la consciencia, trata de hacer foco para saber que la golpeó. Ahí ve al robot. Decide hacer una acción. En lugar de dar órdenes a su luchador, lo envuelve en energía y lo transforma en una moto. Se sube, y cuando el mecha golpea el suelo, ella aprovecha para subirse en su brazo.
Al llegar cerca de la cabina, se encuentra con que el piloto es Dexter. Sólo se miran fijamente. No intercambian palabras. En pocos segundos, la joven Natasha transforma su moto en una espada enorme, cortando el cuello del robot gigante, dejándolo inutilizado. Dexter no puede hacer otra cosa que salir de la competencia, frustrado.
Mientras ocurre todo eso, The Rowdyruff Boys le han ganado a The Powerpuff Girls. Ellas ya son parte del público, siendo espectadoras de los que quedan. The Rowdyruff Boys arrasan con todos a su paso. Natasha simplemente crea un escudo protector, a partir de su espada que cambia de forma, con la poca energía que le queda.
Quedan solo cuatro competidores. Natasha resiste como puede. El público se altera. Alientan a The Rowdyruff Boys. Blossom, no obstante, la líder de The Powerpuff Girls, le da ánimos a Natasha. Le dice que ser mujer no es una debilidad. Natasha no está tan segura. Vacila un poco.
Ya los cuatro están agotados. Ahora no va ganar quién quedé dentro de la zona de combate, sino aquel que simplemente se mantenga en pie. Uno de The Rowdyruff Boys, Butch, el joven frenético de cabello negro y ropa verde, le hace una herida a Natasha, atravensando su escudo y creando un sonido agudo. Ella cae. Un dolor inmenso la invade. El público queda en silencio por unos instantes, expectantes.
Los chicos creen que son los victoriosos, por lo que, cansados, se dejan caer. De igual forma, cantan victoria muy rápido, porque la herida de ella se va curando, de manera que se levanta de a poco. The Rowdyruff Boys no pueden mover ni un músculo más. Inmóviles, se insultan entre ellos.
La multitud guarda silencio. Natasha, temblando, se incorpora mientras las heridas se cierran por completo. No queda energía, solo ella… de pie, intacta. El jurado se pone de pie. Ya no hay dudas: la ganadora es Natasha Fildegart.
El jurado, compuesto por el Professor Utonium, Mr Green y Mojo Jojo, le dan la medalla de campeón. Ella está feliz. En medio de su celebración, un muchacho rubio y apuesto se le acerca con una sonrisa insinuante. Ella lo mira un segundo… y lo rechaza. Natasha prefiere pasar tiempo con su mejor amigo, Miguel Amable, quién estuvo todo este tiempo apoyándola.
FIN
Escrito por: Dianna Camps
Fecha: Jueves, 10 de julio de 2025
"No fue su fuerza, su inteligencia, o los objetos que podía crear lo que la hicieron ganar, sino su resistencia y capacidad de recuperarse. Eso le garantizo la victoria a Natasha Fildegart."
🛸 Los Rowdyruff Boys bajan al sur
Por Dianna Camps
Nadie supo exactamente cuándo ni cómo llegaron. Solo que una mañana, en la bruma suave del Paraná, tres siluetas flotaban sobre los juncales frente a Rosario. No eran turistas. Eran los Rowdyruff Boys.
Habían cambiado. Brick llevaba el pelo largo, barba recortada y hablaba con pausa, como quien aprendió a pensar entre mates y pantallas. Butch, siempre inquieto, fumaba mientras pateaba piedras, maldecía el tránsito, y usaba camisetas de equipos que cambiaba como de humor. Boomer, el menor por segundos, parecía no haber envejecido ni un día. No bebía, no fumaba. Solo leía.
Se habían construido una casa entre los pastizales del humedal, una estructura rara, mezcla de bunker y quincho. No tenían dirección, pero el correo les llegaba igual. Rosario, ciudad de cicatrices y bondis, los recibió como quien no quiere preguntar demasiado. A veces robaban, sí. Pero pagaban el pan. Y devolvían los libros prestados a la biblioteca.
La gente los miraba raro. Eran villanos reformados, una categoría imprecisa. Tomaban mate amargo y comían facturas con dulce de leche. Se quejaban del calor y del precio de la birra. Una vez, en una cancha abierta, Butch alzó a una chica de las trenzas, y la lanzó por encima de una barra. La profesora de educación física casi lo mata. No lo volvió a hacer.
Boomer, en cambio, empezó a ir a clases. Juan Darío Martínez, un cyborg melancólico, les enseñó a jugar al fútbol. Les explicó el offside con palitos y tapitas de Coca. Boomer fue el único que entendió. Era el que más idiomas sabía. También el único que se quedó en silencio cuando le regalaron un libro para niños. Nadie lo vio llorar. Pero dejó de hablar por una semana.
El país no era fácil. Había cacerolazos por las noches. A veces, peleaban contra monstruos que parecían surgidos de los memes del conurbano. Una vez lucharon contra un gigante que olía a humo de cloaca. Otra, Boomer se enfrentó a ballenas azules, bajo un cielo gris. No se supo si eran reales.
Mientras tanto, en otras partes del mundo, otros tríos nacían. Mojo Jojo había vendido su fórmula a Rusia, Italia, Grecia, y hasta África. En cada país, una versión retorcida, más fuerte, más joven. Los Rowdyruff originales se sintieron viejos. Brick bromeaba: "Somos como los Redondos, nadie nos supera, pero ya no tocamos en vivo".
En una misión en Alemania, uno de los nuevos clones los traicionó. El ruso de pelo largo sonreía mucho. Demasiado. Escaparon en silencio. Después de eso, volvieron al litoral argentino. “Acá al menos sabés de dónde viene el ruido”, dijo Brick, refiriéndose a las ollas golpeadas en el aire espeso del verano.
Un día, Sandra Muñoz los invitó a unas clases. Prometía redención. Pero en lugar de ética, les enseñó a ocultar la maldad con buenos modales. Aprendieron a sonreír y decir “permiso”, pero no a dejar de romper vidrios.
Pasó el tiempo. Boomer seguía entrenando. Sus hermanos se burlaban, pero él insistía. Hasta que un día, un torneo intercontinental los llamó a competir. Había que defender la Tierra.
El escenario fue una escuela cualquiera. Argentina como sede. Techos bajos, patio de mosaico. Parecía poco, pero se sentía enorme.
Natasha Fildegart estaba ahí también. Seria. Callada. Joven. No quería llamar la atención, pero algo en ella brillaba. No llevaba armas, sino una energía viva. Los Rowdyruff la miraron. La olieron como se huele una tormenta.
En combate, ella los contuvo con un gesto. No gritó, no voló, no lloró. Solo extendió una mano y los encerró en una cúpula invisible. Por un momento, Brick recordó su infancia. Butch pateó el suelo. Boomer no hizo nada. Solo se dejó llevar por el silencio.
En otra visión, más lejana, ella aparece como su nueva empleada doméstica. Rara fantasía. Entraba en la casa sin decir palabra. Ellos espiaban por las rendijas, queriendo entender qué era. No mujer. No héroe. No rival. ¿Algo entre todo eso?
Pasaron años.
Los Rowdyruff se transformaron. Dos veces, como en Digimon Tamers. Una fue una armadura. Otra, un estallido de luz. Boomer desarrolló la capacidad de crear tornados con el pensamiento. Brick trabajaba freelance para empresas alemanas, desde la notebook. Butch decía que estaba escribiendo un libro, pero nadie lo vio tipeando jamás.
Y aún así, en cada historia, algo se repetía: Boomer intentaba ser bueno. Y era ridiculizado por ello. Pero en sueños, siempre volvía a levantarse. No con fuerza. Con paciencia.
Epílogo:
Hay quien dice que los Rowdyruff Boys nunca existieron, que fueron solo un sueño compartido. Que una chica los soñó tanto que vinieron a verla. Que les enseñó a tomar mate, a hablar con respeto, y a resistir sin destruir.
Hay quien dice que vuelan sobre Rosario, en las noches sin viento, y que aún se preguntan qué fue de esa chica silenciosa que los venció sin odio.