—Nishiyama, ¿qué es para ti la felicidad? —le pregunté.
—¡Vaya! ¿Te estás poniendo filosófica?
—No, sólo quiero que me digas qué te viene a la mente cuando piensas en la felicidad.
—¿Y tú en qué piensas? —repuso él.Â
[...]
—Tengo un pequeño reloj con un dibujo de Doraemon. Están los dos en la habitación de Nobita, delante de una puerta corrediza, leyendo tebeos con una sonrisa. A su alrededor se apilan volúmenes de manga. Nobita está boca abajo, echado sobre un cojÃn doblado por la mitad, con los codos apoyados, mientras Doraemon está sentado con las piernas cruzadas, y los dos comen dorayaki mientras leen. Será por la relación entre los dos, o porque la escena es tÃpica de una familia normal y corriente, o porque Doraemon vive en esa casa de gorra, pero ésa es para mà la imagen de la felicidad —le conté.
[...]
—Para mÃ… —dijo Nishiyama, mirando al cielo—, para mà creo que es la sensación de libertad. Mientras no me sienta apagado, no me importa adónde voy ni qué hago. En esos momentos siento que la energÃa me brota de muy adentro y tengo la impresión de que podrÃa llegar a cualquier lugar. En realidad, para mà la felicidad no consiste en ir a alguna parte, sino en sentir esa energÃa que nos impulsa.