Jarkko.
“Por supuesto, un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer.” dijo, acomodando su chaqueta. “¡Pero si la noche se hizo para descontrolarse! Te juro que no es una buena fiesta sin un poco de droga o alcohol.” sugirió, mostrando una sonrisa de oreja a oreja. “Mhm sí, la verdad es que al principio nadie quería mis drogas porque ya sabes, tienen que ser príncipes y dar un ejemplo, pero cuando dije que había descuento no dudaron dos veces.”
Asintió lentamente ante las palabras ajenas, entretenida por la frase trillada que el príncipe acababa de soltar.— Un hombre tiene que... ¿vender droga? —inquirió entonces, entrecerrando los ojos.— Te fuiste a topar con la que ni siquiera tolera el olor a marihuana... Aunque el alcohol es aceptable, ¿también vendes eso? —se cruzó de brazos, evaluando la ropa ajena como si pudiese ver allí toda la mercancía que cargaba consigo.— Entonces no se trata de que no quieran meterse en problemas, sólo son tacaños.










