nyree. flashback
—Podríamos haber fingido que nos detestamos y usamos la excusa del teléfono para ignorarnos, no habría sido tan extraño —después de todo, ¿quién no se había refugiado en el móvil alguna vez para ignorar la presencia de alguien desagradable? De más estaba decir, sin embargo, que la morena no se estaba tomando en serio aquel asunto.— Bien, supongo que es mejor de ese modo. No sé qué tanto puedo confiar en mi madurez en caso de conocer de quién se trata —admitió, aunque le gustaba pensar que no se trataba de un ataque personal. Quizá la mala suerte era la única a quien culpar en aquel asunto.— Vaya, haces que me replantee la situación por milésima vez. Creo que sería más sencillo si me resigno a soportarlo —era claro que ninguna decisión sería tomada aquella noche, aunque quizá el plantearse y replantearse las ideas que llegaban a su mente fuese lo más útil que pudiese hacer al respecto.— ¿Ascenderlo a príncipe? Para eso debería casarme con él, o pedirle a mis padres que lo adopten… no sé cuál de las dos opciones sería peor —frunció los labios y entrecerró los ojos ante la sola idea propuesta por el escolta.— Espera, ¿dices que tú te mereces un ascenso a príncipe? ¿Estás esperando casarte con… la Princesa Miska? ¿O tal vez el príncipe Jarkko? —creía haber acertado al recordar los nombres de dos de los cuatro herederos al trono finés.— Él es… eh.. se toma su papel muy en serio, es hiper-formal, tanto que es incómodo estar a su alrededor. Pero quizá no es él el problema, si no el hecho de que no tenemos… ¿suficiente química?
Asintió lentamente ante el razonamiento ajeno, señalándola con una media sonrisa mientras se aproximaba en su dirección. Guardaba un muy buen punto en sus palabras. “Aunque sería un tanto asocial de nuestra parte,” la miró de reojo. Lo decía como si él no fuera naturalmente asocial, o como que en realidad le importara una mierda que otros lo vieran socializando por el teléfono en vez de interactuar con otros. “Si fuera mi trago, seguramente ambos ---el tipo y yo--- nos encontraríamos en la comisaría en este minuto,” comentó, sirviéndose de su petaca. “Comienzo a creer que realmente te importa cómo ese escolta te vea como princesa,” alzó una ceja. A él no le haría feliz que su princesa se sintiera incómodo con su presencia y lo enviara de vuelta a Finlandia, pero preferiría que ella se lo comentara, al menos, y no se lo guardara para sí o para sus más cercanos. Eso pensaba poniéndose en la posición del escolta extranjero, fuera quien fuera. “¿Ese es el título que sigue? Creí que sería duque, o marqués, teniendo en cuenta que, al menos en mi situación, mi padre es un duque,” se encogió de un hombro, con una mueca de confusión en el rostro. “Aunque... ¿te confieso algo? Si alguno me lo propusiera, seguro no me negaría, pero viendo que somos como hermanos, no me podría casar con alguno de ellos sin el pensamiento de incesto acosándome a cada segundo,” arrugó la nariz. Esa era una imagen desagradable de imaginar. Tomó otro trago mientras oía la descripción sobre el escolta de la neozelandesa. “Oh, vaya, es igualito a mi,” mono-tono e ironía en su voz, la miró extraño. Él no era para nada así, o no creía serlo, al menos. “Sobretodo si tomas como hiper-formal el hecho de que me voy de putas con mi príncipe,” se encogió de un hombro, casual. “¿Mi conclusión? Mi conclusión, mi conclusión, mi conclusión...” repitió, pensando en las palabras que le seguirían. “Es... que yo creo que le estás buscando la quinta pata al gato. No le vengas con que no eres tú, soy yo, sólo dile que lo ves devuelta en tu país y que no te guarde rencor pero su servicio junto a ti se acabó.” Una pequeña y amigable sonrisa se formó en su semblante, a la par que una de sus cejas se alzaba.













