Reirei anda calienteeeeee
— No la culpo… —
OutOfWitch;
—Cállate dragón sensual, solo dije que si te daba las nalgas.
—…
— Creo que a alguien no le agradó ese comentario... — De alguna forma le gusta ver a la pelirroja, celosa.

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Reirei anda calienteeeeee
— No la culpo… —
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—Cállate dragón sensual, solo dije que si te daba las nalgas.
—…
— Creo que a alguien no le agradó ese comentario... — De alguna forma le gusta ver a la pelirroja, celosa.
Reirei anda calienteeeeee
— No la culpo... —
Bajo la luz de la luna, en esa temporada.
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Bajo la luz de la luna, en esa temporada.
Apenas sentir sus manos sobre de su piel fue suficiente para hacer que esta se erizara un poco. Los vellos de su nuca se erizaron así mismo y la ansiedad aumentó. El dragón soltó un jadeo por lo bajo y luego de unos instantes ya estaba acercando su mano a su creciente erección tratando de calmarse. Acarició su miembro un poco, volviendo a jadear entre gruñidos que esperaba la otra no escuchara. Maldita sea, el dragón estaba perdiendo el control por el toque de esas curiosamente suaves manos ¿Cómo se sentirían alrededor de su erección? Sacudió la cabeza un poco y apartó las manos echándose algo de agua en el rostro. Bajo el agua que le llegaba por encima de la cadera, nada se notaba, pero lo sentía.
Se giró entonces y asintió en un gruñido, pero la espalda de la mujer le llamaba. Era tan tersa y blanca que pedía a gritos ser marcada por sus afilados dientes. Sus manos, temblorosas en ese momento por estar soportando, se acercaron a sus hombros y comenzó a tallar su cuerpo.
El dragón tragó saliva, delineando con los ojos el cuerpo de la otra. Normalmente se cubría, era alguien “cohibido” dentro de lo que cabía pero esta vez, esta vez era más bestia que hombre. Sus manos se deslizaban por su espalda tallándole, pero en algún punto estas se desviaron y fueron a dar hacia adelante. Con descaro las fuertes y grandes manos del dragón dieron con sus pechos, suaves y voluptuosos, apretándolos un poco a la vez que su rostro de hundía en la curvatura del cuello de la pelirroja. — Mhh… — Gruñó un poco, aspirando mejor su aroma. Sus palmas y dedos sentían de forma perfecta aquellos suaves senos, rozando los pequeños y erectos pezones de la hechicera, mientras bufaba ahora contra su cuello, notablemente ansioso. — Mfhh… — Por todos los dioses, realmente esperaba que cuando ese lapsus estupidus se le pasara, ella pudiera perdonarlo.
MerLyn first time (?)
Quise pintarla para que pareciera, siento si se ve fail pero es mi otp.
looks so lovely , right ? :)
—Grrr...— De peor humor que de costumbre y echando humo de entre la boca, el dragón custodiaba la entrada a la cueva manteniendo dentro a Lyn. ¿Por qué? Eso era sencillo... Entrando la temporada de celo, ponerse extra posesivo con quien en este caso consideraba SU hembra, era esencial. No iba a haber una sola alma que tocara a Lyn y de ser necesario destriparía a cualquiera que acercara de más. Eileen no estaba cerca, rayos. Esta vez su atención sí estaría en su propia persona y necesidades.
Desde hace unos días el dragón con el que vivía estaba de un humor pésimo, sin contar que prácticamente no la dejaba salir de aquella cueva y si lo hacía él estaba tras de ella cual guardián. Lo que más le sorprendía de todo era su posesividad, es decir, ¿por qué? ¿Cuál era la insistencia por protegerla? Decidió ignorar todo esto, se incorporó y desde el fondo, exclamó.
—Quiero salir, Merrick. —Aquello era una afirmación, no pensaba aguantar estar tan aislada del mundo.
Sabía que se estaba comportando como un idiota pero no era su intención, estaba irritable, más de lo normal. Sentía esa necesidad de lanzarse contra ella y hacerla suya todas las veces que su cuerpo le permitiera. Entre gruñidos chasqueó la lengua una vez más y se puso de pie, solo mirándola de reojo.
Era peligroso estar cerca pero quizá con el agua, esas ansias e le pasarán un poco. Fue así como decidió sacarse la ropa. La camisa que le cubría y los pantalones, hasta quedar desnudo. Esta vez el descaro gobernaba pues antes, el dragón hubiera tratado de no ser visto por completo.
Tal cual había llegado al mundo, entró en el agua aun a distancia de la mujer, pero siempre vigilándola, observando con dedicación y de alguna forma, tratando de ver solo su espalda. Solo con eso era suficiente para acelerar su pulso. La mujer poseía una cintura increíble, caderas perfectas y unos hombros exquisitos.
¿Qué si antes no lo había notado? Claro que sí, ciego no era. Sin embargo antes podía controlarse y ahora mismo, no estaba seguro si podría hacerlo. — No estoy de mal humor. — Murmuró, desviando la mirada. Era inútil. Su solo aroma era suficiente para despertar sus más bajos instintos. — T-Tch… —
Le complacía que al menos le estuviese mirando de reojo, por lo menos con una ducha podría enfriarse su cabeza o eso esperaba. A Lyn no le gustaba ese Merrick irritable que estaba con ella, ni siquiera le permitía acercarse o en su defecto tocarlo porque él se ponía tan brusco o se alejaba de ella.
Le vio entrar al agua pero seguía distante, escuchó su respuesta y se giro con suavidad para acercarse hasta él, ella por su parte se tallaba los brazos y se echaba agua en los pechos, tranquila, pero el silencio a estaba matando por lo que decidió a cercarse a él.
Al estar frente a frente desvió la mirada unos segundos y poco después lo volvió a mirar. —¿Te tallo la espalda, Dragón? Si, quizá había sido tonto su intento de conversación, pero nunca antes había visto así a su compañero y menos tan alejado, aquello le hacía sentir un tanto insegura y mientras esperaba su respuesta se quedo viéndole, con curiosidad.
Por su mente pasaban muchas cosas, desde que Merrick había perdido el interés o simplemente estaba en unos días irritantes, se iba por lo segundo, el hecho de pensar en perderlo le dolía porque sin darse cuenta ella se había acostumbrado a él, a su aroma. —Merrick…
—... Como quieras. — Masculló. Maldita sea, realmente no le agradaba comportarse así, no con ella al menos, pero era inevitable, no quería hacerle daño. Y pese a que su razón le gritaba que la protegiera, sus instintos le decían que se le lanzara encima y la hiciera gemir. La situación era realmente problemática, aún más porque con la piel brillante por el agua y la luz de la luna y estrellas, se veía realmente apetecible y era más difícil controlarse. ¿Y si se lo decía? La razón de su rabia en ese instante y de que estuviera tan sensible y distante... No, eso no era una opción, la otra podría tacharlo como un enfermo o algo así y no quería eso.
Le dio la espalda y miró a otro lado menos a donde estaba ella, de alguna forma diciéndole que si iba a tallarle la espalda lo hiciera ya, no tenía tiempo para estar perdiendo. El sonido de los grillos se escuchaba a lo lejos, era una noche agradable ¿Por qué no podía disfrutar de ella y ya? Maldita sea. — No te odio. — Se adelantó a decir, solo por si acaso y solo porque fue lo primero que su mente, que estaba en todos lados menos en la tierra, logró expresar. Esperaba que ella no comenzara a odiarlo por lo fastidioso que estaba. Realmente era lo último que deseaba, pero con cada brisa el aroma de la mujer se acercaba más y más, especialmente ahora que estaba a su espalda. Bufó un par de veces por lo bajo, respirando agitado. “Basta, basta… basta…” Se repetía, tratando de controlar sus instintos, pero… Estaba perdiendo contra ellos. Ya tenía el inicio de una erección y maldita sea, siquiera lo había tocado aun.
—Grrr...— De peor humor que de costumbre y echando humo de entre la boca, el dragón custodiaba la entrada a la cueva manteniendo dentro a Lyn. ¿Por qué? Eso era sencillo... Entrando la temporada de celo, ponerse extra posesivo con quien en este caso consideraba SU hembra, era esencial. No iba a haber una sola alma que tocara a Lyn y de ser necesario destriparía a cualquiera que acercara de más. Eileen no estaba cerca, rayos. Esta vez su atención sí estaría en su propia persona y necesidades.
Desde hace unos días el dragón con el que vivía estaba de un humor pésimo, sin contar que prácticamente no la dejaba salir de aquella cueva y si lo hacía él estaba tras de ella cual guardián. Lo que más le sorprendía de todo era su posesividad, es decir, ¿por qué? ¿Cuál era la insistencia por protegerla? Decidió ignorar todo esto, se incorporó y desde el fondo, exclamó.
—Quiero salir, Merrick. —Aquello era una afirmación, no pensaba aguantar estar tan aislada del mundo.
Entre gruñidos,el dragón terminó por acceder, haciéndose a un lado de la entrada de la cueva y esperando a la pelirroja, sentenciando con que la estaría vigilando de cerca, y esta vez no le importaba si la veía desnuda o no. En medio de un silencio sepulcral y la oscuridad de la noche que les cubría, el dragón de ojos rojos caminó tras de ella,a unos 4 o 5 pasos atrás, vigilando cada uno de sus movimientos y excesivamente alerta de cualquier sonido o aroma desconocido.
Al llegar al arroyo en el que solían asearse,lavar la ropa,pescar y beber agua, el dragón se quedó sentado cerca sobre de una roca, con los brazos cruzados y una expresión de molestia mezclada con frialdad. Debía controlarse un poco. — Desnúdate y haz lo que tengas que hacer. — Masculló, chasqueando la lengua.
Era probable que ella no comprendiera, que se sintiera hasta intimidada, pero debía cuidar a su hembra de cualquier otro macho, tanto humano como dragón. Por otro lado, copular con ella no era una opción posible, o eso pensaba. Es decir, en esos tiempos evidentemente no había métodos anticonceptivos. ¿Si ella quedaba preñada? Seguramente moriría. No, se rehusaba a tener que criar a algún mocoso y más aun, a perderla de esa forma.
Ahora que había accedido por lo menos podría salir, aunque desconfiaba del aura que desprendía aquel dragón de ojos rojos, no le gustaba y hasta cierta forma le estremecía. Nunca le dijo que tenía esos momentos de frialdad pero bueno, no podía hacer nada.
Comenzó a caminar hacía el arroyo donde solían abastecerse y ducharse, por fin podría darse una merecida ducha que necesitaba por razones obvias. Trato de ignorar los pasos y que su compañero la seguía sin quitarle la mirada de encima, de alguna forma eso comenzaba molestarle.
Al llegar rápidamente se acercó a la orilla y al escuchar aquello que dijo no dudo en girar el rostro. —Idiota —respondió, molesta, la actitud de Merrick el dragón era intendible y no se iba a esforzar por entenderlo ahora. Con libertar se quito el vestido que traía con sigo y poco después hizo lo mismo con su ropa interior y se metió al agua, tan fresca, tan pura.
—Deberías darte una ducha para que se te quite el maldito mal humor —sugirió, en verdad quería que se fuera ese estado de animo o terminaría harta.
Sabía que se estaba comportando como un idiota pero no era su intención, estaba irritable, más de lo normal. Sentía esa necesidad de lanzarse contra ella y hacerla suya todas las veces que su cuerpo le permitiera. Entre gruñidos chasqueó la lengua una vez más y se puso de pie, solo mirándola de reojo.
Era peligroso estar cerca pero quizá con el agua, esas ansias e le pasarán un poco. Fue así como decidió sacarse la ropa. La camisa que le cubría y los pantalones, hasta quedar desnudo. Esta vez el descaro gobernaba pues antes, el dragón hubiera tratado de no ser visto por completo.
Tal cual había llegado al mundo, entró en el agua aun a distancia de la mujer, pero siempre vigilándola, observando con dedicación y de alguna forma, tratando de ver solo su espalda. Solo con eso era suficiente para acelerar su pulso. La mujer poseía una cintura increíble, caderas perfectas y unos hombros exquisitos.
¿Qué si antes no lo había notado? Claro que sí, ciego no era. Sin embargo antes podía controlarse y ahora mismo, no estaba seguro si podría hacerlo. — No estoy de mal humor. — Murmuró, desviando la mirada. Era inútil. Su solo aroma era suficiente para despertar sus más bajos instintos. — T-Tch… —
—Grrr...— De peor humor que de costumbre y echando humo de entre la boca, el dragón custodiaba la entrada a la cueva manteniendo dentro a Lyn. ¿Por qué? Eso era sencillo... Entrando la temporada de celo, ponerse extra posesivo con quien en este caso consideraba SU hembra, era esencial. No iba a haber una sola alma que tocara a Lyn y de ser necesario destriparía a cualquiera que acercara de más. Eileen no estaba cerca, rayos. Esta vez su atención sí estaría en su propia persona y necesidades.
Desde hace unos días el dragón con el que vivía estaba de un humor pésimo, sin contar que prácticamente no la dejaba salir de aquella cueva y si lo hacía él estaba tras de ella cual guardián. Lo que más le sorprendía de todo era su posesividad, es decir, ¿por qué? ¿Cuál era la insistencia por protegerla? Decidió ignorar todo esto, se incorporó y desde el fondo, exclamó.
—Quiero salir, Merrick. —Aquello era una afirmación, no pensaba aguantar estar tan aislada del mundo.
Un gruñido aun más fuerte y de hecho casi salvaje y sin razón humana que le dominara, se hizo notar, alzándose entre el eco de la caverna. Los dientes del dragón parecían incluso más afilados de lo que ya eran y su mirada se mantenía oculta tras de sus mechas de cabello algo revueltas. No había comido desde que comenzó a comportarse de esa forma y curiosamente en lugar de parecer fatigado parecía un guardián de la cueva, más feroz que nunca. Cazaba sí, pero sus presas eran arrojadas dentro. De alguna forma trataba de mantener distancia con ella, sin siquiera dirigirle la palabra.
Al escuchar algunas cuantas piedrecilas moverse bajo los pies de la mujer, el dragón, su mirada se afiló como una daga y le miró de la peor forma que hasta el momento había hecho, poniéndose frente de la salida (y entrada) de la cueva.
Sus manos temblaban y las venas de su cuello estaban bien marcadas, bombeando sangre a todo lo que da. — Quédate… — Logró articular, con los labios temblorosos por los gruñidos que soltaba entre cada sílaba. No quería herirla y de hecho estaba tratando de controlarse pero tenerla cerca, sentir su aroma femenino en esos instantes no era exactamente algo que le ayudara.
Estaba sorprendida por lo que sus ojos podían presenciar, no todos los días se veía al dragón Merrick con esa finta tan espantosa, pero lo que más le sorprendió fue la mirada tan afilada que le había dedicado, no hacía falta decir que era la primera vez que le veía así, pero eso no le asustó, al contrario, le hizo sentir inmensa curiosidad. ¿Qué tenía? ¿Era algo malo? ¿Por qué tanta protección hacia ella? Además del sonido que hacía su dentadura ante la presión que ejercía sobre ella.
Aquellas palabras le hicieron quedarse quieta, aun si seguía viéndole así no podía evitar detenerse, no quería hacerlo enfadar demás, pero quería ducharse y adentro estaba demasiado húmedo lo cual no le gustaba del todo.
—Necesito ducharme. Necesito salir. Si no quieres que lo haga sola ven conmigo pero déjame agarrar algo de aire. —su voz seguía neutral y había procurado no sonar tan berrinchuda, pero era sumamente necesario para ella estar en el aire, cerca de la naturaleza que le susurraba que fuese a contemplarle y sobretodo a limpiarse un poco, solo esperaba que él accediera.
Entre gruñidos,el dragón terminó por acceder, haciéndose a un lado de la entrada de la cueva y esperando a la pelirroja, sentenciando con que la estaría vigilando de cerca, y esta vez no le importaba si la veía desnuda o no. En medio de un silencio sepulcral y la oscuridad de la noche que les cubría, el dragón de ojos rojos caminó tras de ella,a unos 4 o 5 pasos atrás, vigilando cada uno de sus movimientos y excesivamente alerta de cualquier sonido o aroma desconocido.
Al llegar al arroyo en el que solían asearse,lavar la ropa,pescar y beber agua, el dragón se quedó sentado cerca sobre de una roca, con los brazos cruzados y una expresión de molestia mezclada con frialdad. Debía controlarse un poco. — Desnúdate y haz lo que tengas que hacer. — Masculló, chasqueando la lengua.
Era probable que ella no comprendiera, que se sintiera hasta intimidada, pero debía cuidar a su hembra de cualquier otro macho, tanto humano como dragón. Por otro lado, copular con ella no era una opción posible, o eso pensaba. Es decir, en esos tiempos evidentemente no había métodos anticonceptivos. ¿Si ella quedaba preñada? Seguramente moriría. No, se rehusaba a tener que criar a algún mocoso y más aun, a perderla de esa forma.
Reblog if you rp nsfw.
And just as a reminder to all of my followers:
NSFW doesn’t just mean sexually explicit content; it can also mean:
blood
gore
horror
psychological
and anything possibly largely triggering
Reblog With Your RP Character's 'I Will Cut You' Face
—Grrr...— De peor humor que de costumbre y echando humo de entre la boca, el dragón custodiaba la entrada a la cueva manteniendo dentro a Lyn. ¿Por qué? Eso era sencillo... Entrando la temporada de celo, ponerse extra posesivo con quien en este caso consideraba SU hembra, era esencial. No iba a haber una sola alma que tocara a Lyn y de ser necesario destriparía a cualquiera que acercara de más. Eileen no estaba cerca, rayos. Esta vez su atención sí estaría en su propia persona y necesidades.
Desde hace unos días el dragón con el que vivía estaba de un humor pésimo, sin contar que prácticamente no la dejaba salir de aquella cueva y si lo hacía él estaba tras de ella cual guardián. Lo que más le sorprendía de todo era su posesividad, es decir, ¿por qué? ¿Cuál era la insistencia por protegerla? Decidió ignorar todo esto, se incorporó y desde el fondo, exclamó.
—Quiero salir, Merrick. —Aquello era una afirmación, no pensaba aguantar estar tan aislada del mundo.
Un gruñido aun más fuerte y de hecho casi salvaje y sin razón humana que le dominara, se hizo notar, alzándose entre el eco de la caverna. Los dientes del dragón parecían incluso más afilados de lo que ya eran y su mirada se mantenía oculta tras de sus mechas de cabello algo revueltas. No había comido desde que comenzó a comportarse de esa forma y curiosamente en lugar de parecer fatigado parecía un guardián de la cueva, más feroz que nunca. Cazaba sí, pero sus presas eran arrojadas dentro. De alguna forma trataba de mantener distancia con ella, sin siquiera dirigirle la palabra.
Al escuchar algunas cuantas piedrecilas moverse bajo los pies de la mujer, el dragón, su mirada se afiló como una daga y le miró de la peor forma que hasta el momento había hecho, poniéndose frente de la salida (y entrada) de la cueva.
Sus manos temblaban y las venas de su cuello estaban bien marcadas, bombeando sangre a todo lo que da. — Quédate... — Logró articular, con los labios temblorosos por los gruñidos que soltaba entre cada sílaba. No quería herirla y de hecho estaba tratando de controlarse pero tenerla cerca, sentir su aroma femenino en esos instantes no era exactamente algo que le ayudara.
—...— Es temporada de celo. Ella debería huir.
*Él solo viene a babear un rato(?)*