heilin-ness:
-Nadie, absolutamente nadie suele ir a visitarle a su casa. ¿Cómo iba a ir alguien si no tenía amigos? Su tartamudeo le había impedido forjar relaciones sociales importantes desde la adolescencia, cuando la gente ya se empezó a cansar de las conversaciones lentas y patéticas. Pero Heilin ya se había acostumbrado y así, su casa se había convertido en su pequeño templo, en el que no era necesario hablar… Solamente hacía falta dejar la tele puesta. Una conocida canción se podía escuchar en los anuncios de la tele, y motivado por ella, el escocés comenzó a cantar la letra. De forma perfecta. Porque en su templo y en soledad (y sobre todo cantando) no tartamudeaba apenas. Tuvo que dejar de cantar (y bajar el volumen del televisor) cuando escuchó el timbre. Ahora estaba asustado, y cuando miró por la mirilla de la puerta, tuvo más motivos. Abrió ésta dejando el pestillo puesto para no tener que abrir la puerta demasiado-. ¿N-Neces… Neces-sita algo?
Saluda con una sonrisa, como de costumbre, aunque esta vez tiene cierto tinte amenazador. No es su intención, es que está enfadado. Y paranoico. Si el mecánico sabe algo más de lo que debe... quiere saberlo. Sabe que sus chicos le han llevado algún coche alguna vez, pero principalmente trabaja para otras personas. Personas a las que Václav no tiene demasiado aprecio. Si el chaval puede ayudarle a mantener vigiladas a esas personas, hará que colabore. De una manera u otra-. Heilin, ¿verdad? -dice, sin molestarse en extender la mano-. Tenemos que hablar.













