Cada vez que viajo a Latinoamérica regreso a Madrid contagiado de unas ganas inmensas de hacer más. Es una región en la que ahora mismo se vive un entusiasmo casi inocente con relación a las startups, las ganas de emprender y construir algo nuevo de la nada.
Recientemente estuve en México para dar una charla en la quinta edición de Campus Party celebrada en el país, donde tuve oportunidad de hablar con bastantes personas acerca de los retos, dilemas y problemas de iniciar con una startup en la región. Afortunadamente la maquinaria de apoyo al ecosistema emprendedor está creciendo a pasos agigantados lo cual no solo son buenas noticias sino que, de mantenerse y hacerse correctamente, sentará bases sólidas para que no sea solamente una moda moda pasajera.
Como emprendedor soy un novato. Tan solo he fundado una compañía (Hipertextual) y la verdad es que cometo más errores en mi día a día de los que me gusta aceptar, aunque es una buena forma de aprender, aunque a veces, inclusive, repita errores. Pero creo que durante los nueve años de experiencia acumulada con una startup creo que tengo algo que aportar.
Es lo que estoy intentando hacer. Ya ayudo haciendo mentoring a algunas startups, pero estoy separando un poco más de tiempo y atención para dedicar tiempo a algunas otras. De ahí viene el título de esta nota, esa expresión en inglés que tanto me gusta, el pay it forward, el ayudar por un bien común, porque si a uno le va bien, a todos nos irá mejor.
Entonces, si estás leyendo estas líneas, tienes una startup y crees que puedo aportar algo de visión para hacerla exitosa, estoy siempre disponible en mi email.
Por otro lado, quiero aportar de una segunda forma: por medio de una newsletter en la cual pretendo, de manera semanal, reflexionar acerca de las startups, la tecnología, viajes y la vida, a veces con cosas importantes pero seguramente en muchas ocasiones con tonterías irrelevantes que probablemente solo me interesan a mi. Pero a medida que pasa el tiempo ire afinando, o eso espero.
Hay una relación bastante interesante entre autor y lector cuando se trata de las newsletters, porque quien escribe sabe perfectamente a quiénes se dirige y quienes leen reciben el texto en vez de ir a buscarlo. Es un simple y tonto detalle pero que cambia la dinámica y lo hace, de cierta forma, un poco más íntimo.
Suscribirte te tomará menos de 30 segundos, solo debes escribir tu email. Honestamente no necesito un solo dato más. Si algún día quiero saber la demografía de aquellos que me leen, lo preguntaré directamente. No te voy a spammear. En caso que mis textos sean cansinos o poco interesantes, te de-suscribes en un solo click.