''Solo sabes que la quieres cuando la dejas ir''
Bonita frase, pero no consuela a nadie.
— Lo mismo digo. A decir verdad, casi todas las frases no consuelan a nadie.
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''Solo sabes que la quieres cuando la dejas ir''
Bonita frase, pero no consuela a nadie.
— Lo mismo digo. A decir verdad, casi todas las frases no consuelan a nadie.
¡Es lindo estar de nuevo aquí!
La verdad me ha sentado genial esta temporada con mis padres, pero extrañaba este lugar y la gente.
— ¿De dónde vienes, rubia?
Esto no puede ser posible.
— Tenía entendido que las copias la tenía el conserje no los de la recepción y al conserje no lo he visto. Además, estoy en pijama, no me apetece andar por ahí así pero de todas formas supongo que echaré un vistazo. Gracias por la… ayuda.
— Si, las tiene el conserje, pero hay que pedirlo en la recepción para que luego el señor te las de. Ya me pasó varias veces lo que estás padeciendo ahora. Si quieres... —suspiro no muy convencida y frunció el ceño— ¿Puedo ir por tu llave?
Maldito hilo dental.
Está bien, dame un segundo.- Caminó hacia donde se encontraba su hogar, metiendo la llave en la cerradura sintiendo el jaleo dentro, lo que hizo fruncir el ceño.- ¿Qué está pasando…? -Dijo para si mismo con voz alta, abriendo la puerta viendo que de repente su hijo venía gateando hacia él.-¡Pequeño! ¿Me has echado de menos? -Rió a carcajadas caminando mientras hacia el baño para coger el hilo dental. Cuando lo sostuvo en sus manos, direcciono de nuevo sus pasos a donde estaba la joven.- Toma, aquí tienes el hilo den…¡Eh! -Sin esperarlo, vio a su hijo agarrarle la pierna.- ¿Qué haces fuera? Con la niñera debería de estar.
— De acuerdo —observó al muchacho abrir la puerta y notó que un hermoso bebé se acercaba hacia el. Sin dudarlo esbozó una sonrisa—. Oh muchas gracias, amigo. No sabes cuanta falta me hacía ¡Que linda criatura! ¿Es tu hijo? —tomó al niño y lo cargó a sus brazos haciéndole caras graciosas—. ¿Te importa que lo tenga en mis brazos?
Esto no puede ser posible.
— Me he quedado fuera de mi apartamento. Se cerraron las puertas y deje las llaves dentro, sino estaría refunfuñando en mi habitación o puede que no estuviera refunfuñando.
— En ese caso... Puedes ir a la recepción, ellos tienen una copia de las llaves de los apartamentos. Ve, pídele la llave y problema resuelto.
Esto no puede ser posible.
— Siempre puedes taparte los oídos e irte de aquí para que no te molesten tanto.
— Siempre puedes refunfuñar en tu habitación sin necesidad de estar aquí molestanto. Anda, ¿qué te sucede? Tal vez te pueda ayudar.
Maldito hilo dental.
¿Necesitas Hilo dental? En casa tengo, si esperas un segundo, quizás pueda traertelo.
— Pues si... Uhm, si no te molesta, esperaré. Gracias.
Maldito hilo dental.
Siempre que te necesito nunca estás —bufó mientras se agachaba para encontrar la cajita—.
Esto no puede ser posible.
—digo molesta al escuchar como la puerta de mi apartamento se cierra, dejándome afuera. — Lo que me faltaba, muy bien Amanda. Muy bien—me regaño a mi misma entre refunfuños al notar que no llevo las llaves conmigo y que estoy vestida con mi pijama. Suelto un suspiro de exasperación al sentarme en las escaleras, esperando la ayuda de alguien.
— ¿Qué te sucede? Tus refunfuños me molestan.
¿Es aquí la cena?
Lo tendré en cuenta para la próxima vez. Aunque no se si usarán mi talla.
— Ahora que lo pienso, eres muy alto. Aparte sus trajes son feos, y no quiero que alguien como tú vista como un tonto por mi culpa.
Feliz navidad y todo eso.
— ¿Ridícula? No, no, no, cariño, yo no dije ridícula.
— Desagradable, es algo parecido a ridícula. Igual, ahora eres ambos adjetivos.
¿Es aquí la cena?
¡Estupendo! Es que no tenía nada de etiqueta y tuve que ir corriendo a una tienda.
— Que mal. ¡Oye! Me hubieses pedido a mi, tengo compañeros de habitación y de seguro tienen algo de etiqueta.
¿Es aquí la cena?
Porque si no es aquí, creo que ya llegaré demasiado tarde. —Asomó la cabeza a la estancia.—
— Es aquí, cariño. No llegas tarde.
Feliz navidad y todo eso.
—dice al entrar en el salón con una botella en mano y vestido como Santa Claus pero sin remera.
— Trent... Y después me dices que parezco ridícula andando con ropa diminuta.
Si escucho un villancico más...
Como sea.
— Claro. ¿Te conozco? Pregunta estúpida, claro que no.
— ¡Cena navideña! —Celebró, bajando las escaleras alegremente.
— ¡Si, cena! —dijo sarcásticamente—. Ten cuidado al bajarte, no queremos limpiar una importante mancha de sangre hoy.