-Tantas y tantas experiencias desamorosas me han llevado a reservarme. En muchos momentos llegué a sentir que no era lo suficientemente amado a pesar de cuanto daba, que por cierto no era poco. No pienso volver a entregarme totalmente. Es más, quién sabe si vuelva a dar lo suficiente de mí.
-¿Cuánto es “suficiente”?
-Bueno, me refiero a una equivalencia: si doy mucho, me gustaría recibir mucho también.
-¿Qué pasa entonces si es “poco” lo que das?
-Es que hay ocasiones en las que uno tiene que dar poco. Ni todo el amor ni todo el dinero, dicen por ahí. ¿Qué tal si doy demasiado de mí y al final la persona se termina yendo? ¿Cómo recuperar eso que se lleva? Además, si le doy todo mi amor, ¿qué queda para mí?
-Ya que utilizas la sabiduría popular, el otro día leí un cuento que narra una de las miles de aventuras de Nasrudín:
Una mala cosecha de cereal obliga a Nasrudín a reducir la cebada que da como alimento a su burro. Primero le quita un poco, pero como las existencias son escasas, va disminuyendo cada día la cantidad que pone en su pesebre. Incluso termina dándole de comer sólo 2 o 3 veces a la semana.
Así las cosas, un día al meter el burro en la cuadra, después de cargar un fardo de leña, el famélico animal, cae al suelo y muere.
Nasrudín, sorprendido por esa fatalidad, exclama:
-¡Vaya! Ahora que estaba acostumbrando al animal a comer poco, va y se muere.
El amor no es el único alimento de una relación, pero es infaltable. Tienes razón cuando dices que “ni todo el amor ni todo el dinero”. Pero es cierto en la medida en que dar “todo” tu amor es sencillamente imposible. No puedes depositar tu amor en algo o alguien al punto de “quedarte” en ceros. De ser así, cuando amaras a alguien con “todo tu amor”, desaparecería en ti el impulso de procurarte el alimento o de seguir conectado con aquellas cosas que le dan sentido a tu vida. Si estuvieras en ceros, simplemente no habría en ti el impulso de la vida. El amor que das a los demás es un reflejo exacto del amor que te das a ti mismo. Si dices amarte demasiado al punto de que no te queda amor para dar a lo demás, o no es cierto que te amas demasiado o no es cierto que no amas a los demás. Además hablas del amor en términos de cantidades, como si pudiera terminarse o multiplicarse según los actos: “hoy gané 5 puntos de amor contra los 3 que perdí la semana pasada: tengo un saldo a favor de 2 puntos”.
-Entiendo lo que me dices, pero aún en el caso de que me ame mucho, hay personas con las que no quiero compartir ese amor.
-¿Entonces cómo es que no es posible dar mucho o dar poco?
-El punto es que no ames mucho esperando recibir mucho, como si se tratara de una inversión. De lo contrario terminarás decepcionado, porque, desde esa lógica, nadie ha tenido nunca el amor que “merece”. Tampoco creas que con “amar poco” te ahorraras dolores. Recuerda al burro que murió de hambre. Da tanto amor a los demás como el que te das a ti mismo. Como lo decía Buda: una vela no pierde su luz cuando comparte su llama con otra vela.
-Insisto en que hay gente a la que verdaderamente no deseo amar, y lo que me dices me sugiere que ame a todos.
-No digo que ames a todos, sino que es posible amar a todos. Y es posible sin dejar de amarte a ti mismo. Amar es una decisión.