Lo observó vestirse y también se dio cuenta como evitaba mirarla. Él había maldecido cuando salió de ella y vio el condón, donde la prueba de su falta de experiencia se mostraba.
―Eras virgen ―murmuró dándole la espalda. Ella se mordió el labio, sabia que debía ser sincera.
Cuando sus manos comenzaron a tocarla y su boca demando algo mas que un simple beso, como fue su intención inicial, simplemente se dejó llevar, no deseando que se detuviera.
Había esperado demasiado por él, por obtener una mirada al menos, así que cuando la acorraló en aquel pasillo no dudo en decir si y seguirlo.
Ajustó su blusa y se apartó de la cama, donde las sabanas revueltas le hicieron darse cuenta del peso de lo que acababa de hacer.
Intentó tranquilizarse a sí misma, no habían sido descuidados, usaron preservativo, como su madre tanto decía. Aun no eran mas de las 12, podía llegar a tiempo y quizás ella ni siquiera se enteraría de lo que había hecho. Ella gritaría si se enteraba, no era fanática de los hombres, no después de que su padre las había jodido dejándolas sin un centavo.
―Si ―respondió, recordando que él había hablado. Aunque sus palabras fueron una declaración y no una pregunta, lo confirmó.
Él se pasó las manos por el pelo, el mismo donde sus dedos se enredaron y tiraron.
―¿Te das cuenta de lo que hicimos? ―cuestionó finalmente encarándola.
―Dijiste que terminaste con Daya.
―Si, pero… No soy un cabrón que vaya jodiendo vírgenes.
―Yo lo quise. ―Él negó y comenzó a caminar―. Y yo te quiero ―dijo admitiendo sus sentimientos. Quizás era un error decirlo después de lo ocurrido, pero habían estado juntos, él la tocó y besó, tenía que significar algo, ¿no?
Él la miró como si hubiera dicho una locura y al instante se arrepintió. No era la mirada de un chico emocionado por la declaración de una chica.
―¿Qué?
―Te quiero ―repitió tomando un poco de valor―. Siempre me has gustado, desde que estábamos en primer grado, solo que tú salían con otras chicas y…
―Espera, espera un segundo. No puedes decirlo en serio. ―La risa nerviosa que soltó, heló su sangre.
¿Por qué exactamente le parecía cómica su declaración? Cierto que no tenían nada en común, que hasta ese momento habían cruzado solo un par de frases, que ni siquiera irían a la misma universidad. Ella era solo una chica más, pero aquello era cruel.
―Lo hago. Me gustas.
―Tú a mí, no.
―Pero… Lo que pasó…
―Es solo sexo. No lo tomes personal, pero ni siquiera te conozco, ¿Cómo podrías gustarme?
Bajo sus ojos se sintió pequeña y se dio cuenta de su error. Que tonta, ella era una sola más. Evitando derramar lagrimas corrió hacia la puerta, deseando con todas sus fuerzas olvidar esa noche y al chico que durante varios años hacia sido su crush.
Apenas Luis se bajo del autobús y vio la cara de su mamá, supo que algo había pasado.
La sonrisa que traía se le borró. La dicha de haber sido el único estudiante en sacar 10 en el dictado, había desaparecido.
Su madre no trato de arreglar las cosas, recibió su mochila y lo llevó al patio en donde en un cojín, su perrita Luna dormía.
El veterinario había dicho que se pondría bien, pero mientras Luis estaba en el colegio, había pasado a examinarla a su casa y al parecer Luna no podría superarlo.
Luis lloró y se quedo todo el día al lado de su perrita. Sus abuelos se la habían regalado cuándo cumplió 4 años y nunca se había separado de ella. Era todavía una cachorra de golden retriever.
Durante todo el día estuvo su lado. Comió con ella y le ayudo a que se tomará lo que el veterinario había enviado. Hizo las tareas a su lado e incluso la subió a su cuarto en la noche sin que sus papás supieran.
Luis le habló y agradeció por las aventuras que disfrutaron, hasta que se quedo dormido. A media noche, la perrita, acostada en el pecho de su dueño, abrió lentamente sus ojos y débilmente con su lengua lamió la mejilla del pequeño Luis, que en sus sueños entendió el gesto como la despedida de su primera compañera de vida.
¡ADVERTENCIA! Si eres menor de edad, leer bajo tu propia responsabilidad.
—¿Cómo llegó el cadáver al bosque? —preguntó el detective en tono amenazador al hombre que tenía en frente.
—¿No es obvio? Yo lo llevé allí.
—¡Se me está agotando la paciencia! —gritó el detective mientras golpeaba la fría mesa metálica con ambas manos— y créeme cuando te digo que no quieres que eso pase. Dime de una vez cómo fue que lo asesinaste, cómo lo llevaste hasta ese lugar sin tener una sola marca posmortem.
—Yo no lo maté —dijo de forma relajada, haciendo que el detective se desquiciara aún más con su actitud desinteresada, pues era un hombre que se tomaba muy en serio su trabajo.
—¡No juegues conmigo!
—No lo estoy haciendo, es verdad que yo llevé a ese chico al bosque, pero yo no lo maté.
—Déjate de estupideces, sabemos que fuiste tú, varias personas dijeron que los vieron juntos esa noche, y por si no fuera poco, el occiso tenía tus huellas por todas partes, incluso tu semen.
—Lógicamente, eso es lo que pasa cuando dos personas tienen sexo.
—¿Estás admitiendo que también lo violaste?
—No. Estoy diciendo que tuvimos sexo, antes de que muriera —quiso enfatizar, era cínico, pero no estúpido como para que también lo quisieran acusar de necrofilia— mira, guapo —dijo de forma descarada guiñándole un ojo al detective, a quién por cierto estaba que se le reventaba una vena en la frente de lo furioso que se encontraba con el joven— si tan interesado estás en mi vida amorosa, te contaré absolutamente todo —comento el chico con una sonrisa ladina.
—Más te vale no omitir nada.
—¿Seguro? —dijo ahora de forma pícara, con claras intenciones de desquiciar aún más al hombre.
Sin recibir más que una fría mirada como respuesta, el chico decidió continuar.
—Lo conocí hace unas tres semanas en una fiesta en la que estaba con unos amigos, él me invitó a bailar y de inmediato sentí que había química a pesar de que era un par de años mayor que yo, él me invitó a salir y a los ocho días fuimos al cine y luego me invitó a su departamento, esa fue la primera vez que tuvimos sexo; de allí en adelante fueron salidas constantes, incluso algunos días simplemente estábamos toda la noche en su departamento teniendo sexo...
—¿Quiere pasar a lo importante?
—Hey tranquilo, tú fuiste el que me pidió detalles —dijo mientras recibía una mirada tajante de parte del otro— retomando, anoche pensé en llevarlo por primera vez a mi casa ya que mis padres salieron de la ciudad, así que lo recogí en su departamento a eso de las siete de la noche, como ya sabrá, él vivía en el pueblo contiguo a este, por lo que teníamos que cruzar el bosque; yo iba manejando pero él no paraba de incitarme y terminó por excitarme, así que decidí orillar el auto y le dije que parara de hacer eso o tendríamos que hacerlo allí mismo, a lo que me respondió que prefería que fuéramos al bosque, ya sebe, para más adrenalina, —dijo guiñando nuevamente su ojo— entonces nos internamos en el bosque, pero tampoco muy profundo porque no nos queríamos perder, todo empezó normal, como siempre, pero de repente el me agarró ambas manos y las puso en su cuello, quería que lo ahorcara, pero obviamente le dije que no quería, momentos sentí un pequeño ardor en el pectoral derecho, resulta que había sacado una navaja de quién sabe donde y me había cortado, me di cuenta fue más bien cuando lo vi lamer la sangre y luego empezó a succionar, claro está que lo detuve, pero me empezó a dar miedo fue después, cuando se empezó a cortar a sí mismo y quería que yo lamiera la sangre...
—¿Y de verdad quieres que me trague ese cuento?
—No me crea si quiere, pero es lógico que esto no me lo hice yo —alegó mientras se levantaba la camiseta para mostrar la herida llena de morados que había en su pecho.
—No me interesa saber qué pudo o no hacer usted mismo en su cuerpo, quiero saber qué le hizo a él.
—No le hice nada, lo único que hice fue huir del lugar.
—Explíquese mejor.
—Como ya le había dicho, él quería que lamiera la sangre que brotaba de sus heridas, incluso noté que entre más heridas se hacía, más se excitaba, todo lo contrario a mi, yo estaba cada vez más asustado, entonces le dije que mejor nos fuéramos, que teníamos que llegar a mi casa y curarle todas esas heridas que ya tenía, pero él no quería y yo ya tenía demasiadas ganas de irme; aparte lo asustado que me encontraba, ya estaba empezando a llover y no me gusta mojarme, yo me empecé a vestir mientras le decía que nos fuéramos, incluso ya algo histérico pero el seguía cortándose y masturbándose, no me quería hacer caso pero de todas formas le dije que yo ya me iba, que si él deseaba lo esperaría media hora y así hice, a la media hora de llegar al auto me marché a mi casa.
—¿Pretendes que me crea que fue un suicidio entonces?
—Yo la verdad no sé si se suicidó o qué pasó, solo sé que la últimas vez que lo vi estaba vivo.
—¿Por qué no llamaste a la policía de inmediato?
—Como ya le dije antes, yo estaba muy asustado, y en ese estado nadie piensa de la forma más razonable, yo solo quería llegar a mi casa y darme un baño, relajarme; jamás se me pasó por la cabeza que eso pasaría, simplemente imaginé que cuando llegase al orgasmo dejaría de lado todo ese comportamiento sadomasoquista y se iría a su casa.
—Está bien, hagamos de cuenta que te creo; ¿tienes una coartada? —dijo el detective, sin dejar su tono hostil hacia el chico.
—No estoy seguro de si cuenta como coartada, pero le explico, para llegar a mi casa desde la suya, tardaríamos media hora y entre lo que llegamos hasta esa parte del bosque y la media hora que le dije que lo esperé, llegué a mi casa como a las ocho y media; yo estaba muy asustado y no quería estar solo en casa, por lo que llamé a un amigo para que me acompañara, y con él estuve toda la noche e incluso el día de hoy, hasta que ustedes llegaron a detenerme.
Nada más escuchar esto el detective le pidió al joven los datos de la persona que mencionó a fin de confirmar la coartada, para acto seguido salir de la habitación azotando la puerta.
Pasadas varias horas, en las que el detective se comunicaba con el amigo de su detenido, y confirmando también la coartada de este último, para descartar que fuera cómplice del delito, el hombre entró nuevamente en la sala de interrogación.
—¿Ya me puedo ir?
—Sí —dijo el hombre de mala gana— hemos confirmado que tu coartada es cierta, y los resultados forenses han determinado fue suicidio y que la hora de la muerte fue a las once y cuarenta y cinco de anoche; lo más probable es que se le haya salido de las manos eso de los cortes —decía mientras quitaba los grilletes de las manos del chico— solamente hay una cosa que quiero que me digas antes de que te vayas, ¿si estabas tan asustado, porqué lo esperaste?
—¿Por qué? ¿No cree que hubiera sido demasiado inhumano si simplemente me hubiera ido de allí, así sin más? Era de noche, estaba lloviendo y el tenía ya varias heridas significativas, no quería dejarlo, pero no él no quería entrar en razón, traté de esperarlo más, pero supe que sería inútil, de verdad no quería que le pasara nada malo, —comentó el chico mientras comenzaba a llorar, por primera vez desde que lo detuvieron— de verdad siento demasiado no haber podido hacer nada para salvarlo.
Luego de limpiar las pocas lágrimas que había derramado, el joven salió de la comisaría en donde lo tenían detenido, para dirigirse a su casa y tomar un relajante baño, "vaya el día que he tenido, casi me descubren" pensó mientras entraba a la tina, sin poder evita que creciera entre sus piernas su erección, al recordar con emoción la noche anterior y la cálida sangre que salía de las heridas que le hacía a su amante y lo grato que fue sentir en su cuello ese último aliento mientras eyaculaba, tal como lo hacía en este preciso momento.
Organizar su coartada había sido más fácil que la última vez, solo tuvo que ir directo a su casa con el chico, y sin que supiera, poco después de las ocho treinta llamar a su amigo, para que sus familiares sin saber, les sirvieran como testigos de que él sí salió de allí en ese periodo de tiempo que luego relataría, para que poco antes de las once de la noche, los tres hombres salieran de allí hacia el bosque; memorando esto comenzó a excitarse nuevamente al recordar como su amigo se masturbaba mientras el penetraba a su presa al mismo tiempo que el mismo se cortaba, no había sido mentira que este fue quien se hizo las heridas, aunque no todas, no las verdaderamente mortales.
—Ojalá pudiera repetir esto nuevamente, —dijo en voz alta, a sabiendas de que en su casa no se encontraba nadie— ese detective estaba demasiado guapo, no sé cómo hice para evitar tener una erección, entre lo atractivo que era y lo excitante de la situación, pero hacerlo tan evidente me podría costar caro la próxima vez— dijo sentándose en su escritorio mientras miraba las provocadoras fotos que tenía aquel detective en su cuenta de Instagram.
Siendo la muerte, era complicado poder estar con la mujer a la que cuido desde niña y de la que, a lo largo de los años, se enamoró.
Ideando un plan arriesgado que podía alterar el orden del destino, se convirtió en humano. Así la muerte asistió a la universidad de su muñequita como un alumno. Claudia entró en el salón, pero lo que nunca esperó fue ver que iba tomada de la mano con un muchacho. Por lo menos parecía feliz.
No entendía sus propios sentimientos. Su mente le confortaba que cuando ella muriera tarde o temprano se iría con él, pero… el corazón de Claudia ya le pertenecía a Gabriel y ni la muerte podría separarlos… ¿o sí?
Y con esa pregunta en la cabeza, no perdió las esperanzas y a los pocos días, se convirtió en el mejor amigo de Claudia. Era de esperarse, la muerte la conocía muy bien, solo que ella nunca pensó que su objetivo era el de querer matar a Gabriel.
—Me voy a casar Mat —anunció Claudia a la muerte.
—Pensé que sus padres no te querían —contesto fríamente a su amiga y amada mujer.
—Eso ya no importa. —Rio Claudia— Nos amamos.
La muerte solo bebió su café.
—Quiero que seas el que me entregue en el altar. La boda es mañana —dijo con ese brillo de ilusión que pocas veces reflejaba.
La muerte se negó y así llegó tarde a la recepción, con tal de evitar que Gabriel, muriera atropellado.
Todos sus familiares lloraban y ella fue la única que no derramó una sola gota.
No es porqué no quisiera a su abuela, es que Claudia fue la única que no fue hipócrita con la anciana. Siempre le procuró todo. Con tan solo 8 años de edad ella la alimentaba, cambiaba y baña con arduo cariño, mientras que sus padres se la vivían en negocios ficticios comúnmente llamados: apuestas.
Creo que su fortaleza fue lo que llamó mi atención. Nunca vi a una niña humana igual con esa mirada y temple emocional.
—Si estoy muerta, entonces por favor, cuida bien a mi niña —me suplicó la anciana después que le explique quien era yo.
Desde entonces, frecuenté a la niña durante las noches para cuidar su sueño.
Me gustaba como el sol del amanecer iluminaba su pequeño rostro de muñeca y como poco a poco abría sus ojos viéndome detenidamente. En realidad, Claudia no podía verme, pero me gustaba creer que sí lo hacía.
Pronto mis visitas fueron más constantes y cuidé a la pequeña hasta la universidad.
Una mañana me sorprendí cuando, en la pared de su dormitorio, ella colgó un retrato de mí. No se parecía en nada a mí, pero lo importante es que esa fue la primera vez que habló conmigo.
—¿La abuelita está bien? —me preguntó acariciando la imagen de una calavera con túnica—. Que tonta soy —dijo para sí misma riendo—. Tu probablemente, nunca quieras hablarme.
—Tu abuelita está bien —respondí sin ser escuchado.
Claudia nunca podría oírme, verme o… tocarme.
Con melancolía mire mis manos y la única palabra que jamás había sentido de esa manera por un ser vivo brotó de mis labios:
—Te amo —Y de nuevo, no fui escuchado—. Claudia, mi muñequita, yo… te amo —imploré en un grito ahogado para que escuchara mi confesión y ella solo siguió ahí, mirando la imagen en su pared.
Después de aceptar lo que siempre sentí por ella, lo único lógico para mantener el equilibrio fue, alejarme.
Así fue, hasta el día de su boda. Dónde por primera vez, ella me observó entre sus invitados, pero ya era… demasiado tarde.
La hojarasca se pintó de carmín revuelta con un poco de materia cerebral cerca de su cuerpo.
Era increíble.
Por fin iba a estar cerca de mi y jamás nos separaríamos.
Me hinque para ver si la vida no estaba jugando de nuevo conmigo. Busqué su rostro y ahí estaba Claudia.
Era ella, no había la mayor duda. Claudia, mi muñequita.
Miré el auto humeante a unos metros de ahí, con el parabrisas roto y pedazos de su piel incrustados en el vidrio. El cuerpo humano es tan débil y quebradizo, precisamente como el de una muñeca de porcelana.
Suspiré emocionado esperando el momento perfecto para llevarme a Claudia.
La luz de su cuerpo todavía no se apagaba y después de unos minutos fue bastante extraño que incluso brillara más.
—Cla-claudia, perdón—dijo una voz quejosa desde el auto.
Con paso firme rodee el auto y ahí estaba él. Ese maldito humano, el que me la arrebató; su esposo.
Miré su aura y supe que no era su tiempo. Sonreí al ver que lo más seguro perdería las piernas.
—Claudia, mi amor, perdón —sollozó.
—Ni te esfuerces, se irá conmigo. Deja de decir su nombre, ella no puede escucharte.
—Gabriel.
Voltee rápido sin creer que los humanos siguieran dándome sorpresas. Era imposible que Claudia pudiera hablar.
Me acerqué otra vez hasta ella. Sus labios de un labial rojo a juego con su sangre no se movían y los brillantes ojos estaba igual que siempre. Perdidos en el vacío y lo que nunca vi en ella estaba rodando por su mejilla; una lagrima.
Con todo el dolor en mi corazón supe lo que ocurría. Su alma seguía prendada a él…y ese hombre no la dejaba ir también.
No pensé mucho mi siguiente movimiento.
Sumergí mi mano en su pecho y tomé su alma entre mis manos. Ese cuerpo ya no le serviría, así que le fabrique uno nuevo acorde a su imagen. Acorde a la muñequita que siempre fue y con pesar, se la entregué a ese hombre.
No dejo de preguntarme; ¿Qué tan diferente seria todo si hubiera llegado antes de su boda?
Claudia nunca entendió. Jamás permitió que él explicara su plan. Necesitaban él dinero y conseguirlo de esa mujer era la única manera.
Él con cada beso revoltoso que le daba a su amante, viajaba hasta Claudia. A cada caricia que esa mujer le daba, pensaba en Claudia, pero ese día, cuando Claudia lo vio salir del hotel con esa mujer, no le creyó.
Subió llorosa a su carro y él la siguió en el auto. Su amante prometió vengarse y lo dejo ir marcando su destino con una maldición.
Maldición que pronto se reflejaría en la curva sobre la carretera a la que Claudia no pudo dominar y donde él la siguió.
Ni el mejor conductor hubiera logrado evitar que ambos autos chocaran a esas velocidades. Claudia salió volando por el parabrisas hasta un árbol quebrándose el cráneo y él, quedó prensado entre ambos autos, perdiendo la movilidad total de ambas piernas.
Agonizante, vio a un hombre vestido de traje acercarse a su esposa que estaba muerta sobre la hojarasca. Ese ser atravesó el pecho de su amada y sacó de ella una bola de luz que después, le exhibió al hombre con una risa macabra mientras estrujaba la bola en sus manos, hasta que le dio la forma, de una muñeca.
—Escucha Gabriel, esta es una nueva oportunidad para que cuides de ella —le dijo el extraño ser mientras abría las manos de él llenas de sangre—. Si permites que algo le vuelva a pasar, nunca te lo perdonaré.
Y sin decir más, dejó la muñeca entre sus palmas y se desvaneció cuando escuchó una ambulancia acercándose al bosque.
Me siento una estúpida. ¿Por qué nunca puedo hacer las cosas bien? Quiero morirme. Que la tierra me tragué, me desaparezca y me escupa en otro lado, menos aquí, frente a él, que está haciendo su cara de incomodidad.
¿Qué esperaba? Soy un desastre andante, que nada más se llena la cabeza con ilusiones sin sentido. ¿Cómo pensé que me diría tu también me gustas? Hay otras chicas bonitas, y mejores, y con más experiencia en estas cosas.
¿Debería decir algo? Nos hemos quedado callados mucho tiempo. ¿Es normal? Ya es más que obvio que es un rechazo seguro. Dios. Todos nos están viendo. Debí guardarlo todo, morirme de curiosidad y no llegar a esto.
—Este… —balbucea—. Yo… No sé que decir.
Claro que no sabes. Vas a rechazarme. Estás buscando las palabras menos hirientes para decir: no estoy interesado en ti. Y motivos reales que me hagan entender porqué no puedes darme una oportunidad, intentar verme de otro modo.
¿Debería irme? Estoy sintiendo un nudo en la garganta. No quiero llorar frente a él, me veré más tonta y no podré darle la cara la próxima semana. Ni siquiera puedo verlo ahora. Va a ver mis ojos brillosos, y esto será muy incómodo.
—Solo… —hablo, mi voz se escucha horrenda—. Solo quería que lo supieras.
Le dedico la sonrisa más falsa de la vida, doy media vuelta antes de derrumbarme ante él y huyo de mis propias palabras, reprochandome haber sido tan tonta y valiente.
Cuando llegué al cuarto donde mi madre estaba recuperándose, la encontré platicando con una joven muy guapa. Parecían amigas de toda la vida, así que preferí no arruinar el encuentro y espere afuera hasta que su voz me llamó desde lejos.
Di un par de pasos al interior, y la joven me vio sorprendida.
—¿Es tu hija? —le preguntó y ella asintió—. Es idéntica a ti.
La saludé, pero ella no se presentó ni mi madre me dijo quien era, así que preferí quedarme en silencio. Mamá me tomó la mano, con fuerza, como si estuviera asustada.
—Todo va a estar bien —dijo la joven al darse cuenta del miedo de mi madre.
Me miró con pena, y la joven asintió.
—Estarán bien —repitió.
Ahogué un grito cuando vi que su rostro comenzaba a volverse de calavera, transformándose en una hermosa y espeluznante Catrina. El apretón que mi madre estaba haciendo en mi mano comenzó a debilitarse y entré en un pánico terrible al saber que eran sus últimos segundos.
La Catrina me tocó el hombro, sonrió de manera tétrica y desapareció. Me acerqué a mi madre, que comenzó a sollozar, y la abracé con fuerza esperando el momento en que muriera.
—Lo siento —sollozó—. Lo siento tanto.
—Todo va a estar bien —traté de calmarla.
—No lo estará —dijo—. Te he quitado unos años de vida. He hecho un trato con la muerte.
La abracé con más fuerza, antes de comenzar a reírme. Había hecho un trato con la muerte y yo había aceptado darle varios años de mi vida con tal de mantenerla a mi lado.
—Es sencillo. Yo moví el cadáver porque sabía que me odiaría por dejarla morir encerrada en cuatro paredes. Sí, quizá lo que hice me pone en el lugar número uno de la lista de sospechosos, o impide que se encuentren huellas y cosas que ayuden a encontrar al asesino, pero no podía dejarla ahí. Su rostro sin vida me suplicaba llevarla lejos, al bosque donde nos perdimos para poder besarnos, tocarnos, decirnos cuanto nos queríamos...
Salí del cuarto oculto. Mi compañera seguiría haciéndole preguntas a la chica, aunque yo tenía la sensación de que era inocente. No creo que matara a su mejor amiga, y luego la llevara al bosque para hacerle una tumba y esconderla bajo las hojas secas del otoño. Llego a donde mis compañeros, que están muy atentos a la televisión, y me detengo a escuchar lo que miran. En la pantalla, la fotografía de un hombre ocupa la mitad del espacio, mientras la presentadora explica que ha sido detenido por el asesinato de su esposa.
—Era lesbiana —apunta una de mis colegas—. Parece que tenía un romance con su mejor amiga. La mató a sangre fría.
Cuando todos ven el nombre de la esposa, hacen ruidos de sorpresa. Suelto una risa y entiendo las últimas palabras de la chica que está en el interrogatorio. La historia me la sé. Es la misma de siempre, donde buscan mantener apariencias y al final no pueden más con la mentira.
Doy media vuelta y la chica del interrogatorio está ahí, mirando la noticia.
—No podía dejarla ahí —dice y sale de ahí.
Veo las noticias, al hombre de la fotografía y salgo corriendo para detenerla, pero ella ya se ha ido.
El dolor le hizo volver a cerrar los ojos y maldecir. Los recuerdos de la noche anterior llegaron al mismo tiempo que sintió el sabor amargo del alcohol en su boca. Se suponía que solo serían unos tragos... El soplo de aire que golpeó su pecho le hizo mirar y congelarse, no estaba solo. Desesperado intentó recordar la parte borrosa de su memoria. ¿Quién era esa chica y porque estaba en su cama, cuando se suponía hoy era su boda?
Se apartó con brusquedad, la ropa en el piso y la envoltura de preservativo, terminaron de confirmar la escena. ¿Qué demonios había hecho?
Miró el reloj junto a la cama, el alma se le cayó a los pies. Era la hora, no llegaría a tiempo. Mas que eso, ¿Era capaz de casarse después de lo que había hecho?
Ignoró a la chica, recogió su ropa y salió deprisa, sin sorprenderse de encontrarse en un hotel de paso. Rebuscó en sus bolsillos y encontrando las llaves se puso en marcha. Tenía que llegar, debía explicarle, no había querido fallar, así que daría la cara y rogaria su perdón.
La iglesia estaba vacía, bajó del auto y contempló la fachada, sin atreverse a entrar. Sin embargo, la puerta se abrió y ella apareció, el alivió que vio en su rostro se desvaneció al observar su aspecto. Era claro lo que había pasado, porque no había llegado a tiempo y se odio por el dolor que vio en sus ojos. Nunca lo perdonaría.
Se maldijo de nuevo mentalmente, obligando a sus pies a moverse más rápido, aunque su respiración era demasiado irregular y sentía que el corazón se le saldría del pecho.
Estúpido. Mil veces estúpido.
Había ignorado las advertencias. ¿Cómo no se le ocurrió pensar que iría por ella? Le había arrebatado su víctima, así que tomaría a alguien más. No fue su hermano, sería ella, la mujer que amaba.
Sus piernas tropezaron al llegar a la entrada de la casa, sus pulmones protestaron y el ácido de sus piernas pidió que se derrumbara, no lo hizo, avanzó. Al cruzar la reja su sangre se enfrió, ahí se encontraba ella. Vestía un sencillo vestido de encaje, su cabello recogido en un complicado peinado, su piel ligeramente arrugada, pero la belleza de una mujer madura en toda su gloria. La sonrisa que le dedico fue simplemente escalofriante.
Se detuvo reconociendo el rostro que esa noche la muerte había decidido adoptar. Era la madre fallecida de Adela.
Permitió que sus piernas cedieran y se lamentó. Era demasiado tarde. A diferencia de lo que la mayoría de personas creían, la muerte jamás se presentaba en esa forma huesuda y tétrica que todos conocían, ella siempre mostraba al ser mas añorado de quien moría. Madres, hijos, esposos, amigos, cualquiera. Te mostraba a quien deseabas ver y era justamente esa la razón por la que nadie dudaba en ir con ella, en acompañarla.
"Si salvas a alguien, tomaré a quien mas ames", sus palabras no dichas dieron vueltas en su cabeza.
Él podía verla y saber quien sería el próximo, pero aquello comprobaba que ella no jugaría. Si él intervenía, aun sin una mala intención, ella se lo cobraría y la peor forma. Porque con la muerte nadie podía, nadie escapaba.
Un sitio devastado por el sol, donde la supervivencia va de la mano con la astucia de cada ser vivo para ser el cazador y nunca el cazado. Por fortuna la vida se adapta, con todo y sus injusticias o, visto desde otro punto, con sus oportunidades.
Un claro caso es la relación entre este lagarto de Gila, quien ya ha puesto sus huevos, y la pequeña ardilla sobre su lomo. Pese a que el lagarto es el depredador natural de ella, algo ajeno a la naturaleza la orilló a cuidarla cuando la notó desamparada.
Cierto día, la ahora joven ardilla buscaba comida y se cruzó con otro lagarto al que creyó sería su amigo, tal como su adoptiva madre lagarta. Mira amigo las oportunidades que da la vida; la ardilla logró huir de vuelta a su madriguera, con la diferencia de que, ahora sabia la cruel realidad de la naturaleza.
Al llegar a su hogar, mamá Gila estaba exhausta. La caza no fue buena y sus crías exigían alimento.
La ardilla entró temerosa. Su madre tenía un reflejo diferente en los ojos y las patas delanteras le temblaban por desnutrición, luego vio aquellos dientes tan afilados, muy parecidos a los que estuvieron a punto de perforarle el estómago.
La ardillita supo lo que pretendía y salió corriendo, pero un olor maternal, le quitó el miedo y la orillo a regresar para cumplir, lo que, desde un principio, debió ser su destino cuando su madre adoptiva cazó a su familia.
—No. La he elegido a ella —dijo mientras se marchaba de la habitación.
—¡Tú no puedes hacer eso!
—Claro que puedo, y de hecho, ya lo hice.
—Pero es que si la escoges a ella, será un desastre.
—Escúchame Eunbak, eres mi hijo y deberías respetar más mis decisiones.
—Es que, porque soy tu hijo deberías escogerme a mi.
—¡Por eso mismo no te elegí!
—¿Qué quiere decir con eso?
—Que no te quiero perder a ti también —se le escuchó decir a pesar del nudo que empezaba a formarse en su garganta— además, los conozco mejor que nadie y es por eso que sé que ella está mejor capacitada que nadie para cumplir con esa tarea.
—No puedes hacer esto madre —dijo el chico mientras comenzaba a llorar desesperadamente— no puedes mandar a mi hermana a la guerra.
—Tú bien sabes que no lo hago porque quiera.
—Entonces mándame a mi.
—Eres solo un niño.
—Tengo 17 años, soy capaz de hacerlo.
—¡Claro que no! Pero tu hermana sí, el planeta la necesita, tu padre en persona fue quien comenzó con su entrenamiento y es quien que más ha estudiado a los ephemerales, es la única capaz de salvar Faavavau.
—Pero mamá...
—Pero nada Eunbak, tú sabes que si no fuer... —quedó a media palabra pues escuchó como abrían la puerta de la recámara en la que aún se encontraba con su hijo.
—Su majestad —comenzó un hombre con tono formal mientras intentaba no fijarse en que tanto la reina como el príncipe estaban llorado— la esperan en el salón real para el nombramiento de la princesa Eriside, ya comenzó la transmisión en todas las grandes ciudades del planeta y también estarán viendo la transmisión las flotas que están en el campo de batalla para ver las palabras de luto hacia su difunto esposo y el nombramiento como nueva líder de las defensas faavavauenses .
—¿Lograron comunicarse con la sociedad intergaláctica?
—No mi señora.
-Está bien, supongo que tendremos que seguir resistiendo nosotros solos. En todo caso dame un momento termino de hablar con mi hijo.
Tras escuchar eso, el mensajero de la reina se marchó de la habitación.
—Mira hijo, yo los amo mucho a ambos y sé que harías cualquier cosa por tu hermana a pesar de que es 10 años mayor que tú, pero en este momento necesitamos resistir hasta conseguir ayuda de la sociedad intergaláctica para la paz interplanetaria, no podemos dejar que los ephemerales nos invadan.
Y de esa forma, la reina salió de la habitación de su hijo antes de que este comenzara a replicarle algo más; tenía un doloroso discurso que dar.
Hablar de tu persona favorita parece una tarea fácil, ¿verdad?, pero si te soy sincera, para mi no lo es, porque es difícil escoger sola a una de entre todas las personas que amo.
Está bien que haya que dar prioridades, y que no a todas las personas se les ama de igual forma, pero precisamente por eso es tan difícil.
Si me preguntan qué y cómo es una persona favorita, yo diría que es una persona que por ningún motivo puede faltar en tu vida, es una persona que si no está, tú te sientes vacío y yo de esas tengo muchas en mi vida, ¿acaso tú no?
Es por eso que escoger a una sola de esas personas sería como dejar que muchas partecitas de mi vida desaparecieran.
—Para nada, la del derecho soy yo. Tienes que dejarla ir ya amor, ella no te ama.
—Mentiras. Tu solo quieres mi dinero.
La voz anuncia el siguiente vuelo. Claudia deja de apretar la silla de ruedas y la rodea para verlo directo a los ojos, sintiendo la mirada fría y plástica de ella junto a él.
—Ya no tenemos dinero. ¿Olvidas por qué tenemos que huir del país?
—El juez dijo que es mi esposa.
—El doctor dice que tienes que dejarla ir...Anda, vamos. Mira, damela, la dejaré con el señor de allá. Se ve buena persona.
—¡No. La he elegido a ella! es mi esposa.
—¡No. Yo soy tu esposa!
La discusión llama la atención de todos a su paso. Claudia, desquiciada, jala con fuerza el brazo de ella y provoca que se le desprenda, asegurando el llanto del hombre al ver a su amada; desinflada en el piso.
Mi persona favorita se levanta todas las madrugadas para ver el amanecer.
Dice que así es como su corazón alcanza a notar que hay un horizonte más allá sin fronteras y dispuesto a darle muchas aventuras.Dejándolo con ganas de vivir al máximo.
También es de esa gente que no consume carne, pero no es de las que no lo hace por moda; es que dice le sabe a podrido, ¡ Te lo juro! porque tiene esa facilidad de saborear el dolor con el cual murió el animal aún impregnado en la carne. No voy a juzgar a esta persona, tampco es que tenga un porqué para hacerlo, yo soy de las que pueden comer un bistec bien grande sin remordimiento, así que no lo entiendo del todo, pero admiro su determinación para ser fiel a sus ideas.
¿Sabes también que es lo increíble?
Podrá ver un desconocido en la calle sin abrigo bajo la lluvia y desprenderse de su chequeta para dársela a ese hombre sin esperar absolutamente nada de vuelta.
Oh sí.
O cuando corresponde el saludo a cada persona nueva que sube al transporte público por el simple hecho de desearle un buen día.
¿Haz visto como aveces las personas ni responden por estar con el celular?
Es un triste caso, la verdad, pero a esta persona no le importa. Le basta saber que su objetivo de querer ser amable es puro.
Y no conforme con lo anterior, es capaz de comprar croquetas y alimentar a los animales callejeros. Hace lo que esta en sus manos, sin pensar en escusas o embargarce de miedo.
Esta persona sabe que no avanza si tranza.
Luego veo que ayuda al accidentado, en pleno tránsito, preocupándose por su semejante; abandonando los prejuicios donde perderse de un día de sueldo es lo último que le importa.
O ver como el joven regresa a la tienda diciendo que le dieron mal el cambio, resultando; que el vuelto fue mayor al adecuado.
Esperen, ¿ ya les dije de cuando ayudó a una viejecita a cruzar una calle inundada? te lo digo enserio; la cargo en brazos y se mojó toditito sin importarle.
Hasta se puso rojo por el esfuerzo y el tránsito se detuvo sin pitar para dejarlos pasar.Fue interesante ver el rostro de los demás cuando notaron que eran completos desconocidos.
Ademas, que su concepto de caballerosidad o ser una dama no es cosa de etiqueta, sino de empatía y un acto de amor.
Podría seguir con una lista interminable de virtudes asegurandolo con una gran sonrisa, pero prefiero dejar que me sorprenda el futuro.
He visto a todas estas personas anteponer el bienestar ajeno. Algunos le llaman empatía, otros prefieren la palabra caridad, a mi me gusta llamarle; un acto de amor.
Sí, suena cursi, pero es así como, cada día, le pongo rostro a mi persona favorita y ¿por qué no? tal vez hoy puedas ser, la persona favorita de alguien.