No puedo escribir sin el tormento entre los dedos.
Ocupemos la introspección para reflexionar sobre la tristeza, para encontrar un origen determinante a nuestras preguntas sobre el por qué tanto dolor, quizás sea esa constante búsqueda de la satisfacción que alguna vez nos prometieron, se esparce y se pierde con la neblina de la realidad, todo sigue tan borroso, pero no me falta visión para poder relatar los infortunios. Paradójicamente nos cuesta desapegarnos de la presente melancolía que nos abraza, porque sin ella perderíamos parte de nuestra identidad. El infortunio me ha llegado de manera arbitraria, no se puede prevenir. Estos días han sido atacados por el sesgo del recuerdo de una alma rota, de esas que no tienen arreglo pero que no carecen de esperanza, la expectación de reabrir las heridas cada vez es más grande, cuidado, no soples tan fuerte…
Debo admitir que no puedo escribir sin el tormento entre los dedos.
Pero me da la certeza de que cada vez que sienta el desánimo en mi vida no será más que otro motivo para narrar.




















