&; greta.
Sus hombros se encogieron automáticamente cuando la cuestión fue colocada sobre la mesa, Greta tomándose ese breve instante para sopesar cada una de las posibilidades. “No lo sé” admitió. “Existen muchos escenarios en mi cabeza en donde ese es el resultado” aunque quizá solamente era uno, el cual ella misma había sido presenciado cuando el cosquilleo dudoso se apoderó de la boca de su estómago. Sin embargo, aquella sensación permaneció en ella escasos segundos; después fue reemplazada por esa latente curiosidad que la acompañaba en su vida diaria. Acomodó los brazos a los costados, atrapando la mirada ajena durante un instante. Entonces la voz masculina ocasionó que los cálidos orbes de la fémina se enfocaran en su propio calzado. “Me duele el talón, pero no sé por qué razón” respondió tras varios segundos en silencio, permitiéndose fruncir la punta de la nariz con cierta gracia. “Justo cuando llegaste estaba a punto de averiguarlo” comentó, colocándose nuevamente en la posición que había estado ocupando con anterioridad para sacarse la bota y así obtener respuestas concretas. Tal y como lo había pensado. “Hace varios minutos di un paso en falso y casi me caigo. Para impedirlo tuve que hacer maniobras extravagantes que ni siquiera yo conocía” una risilla escapó por lo bajo, volviéndose a colocar la bota luego de haber comprobado que el material frágil de la ya mencionada (porque esas eran sus favoritas y no las había cambiado desde el año anterior al actual) había sido ligeramente perforada por algo desconocido. En el momento no lo sintió, claramente. “Quizá en el camino había una rama u otra cosa oculta por la nieve” que se había encargado de dejar una herida pequeñita en aquella zona previamente mencionada. “Aún así puedo caminar” segura de sus propias palabras, asintió con la cabeza.
Presionó sus labios y decidió callar, principalmente por considerar que las palabras parecían estar de más en aquella situación. Sabía lo que estaba pensando pero no tenía ánimos de adentrarse en aquella temática que pretendía ignorar lo más posible. Sabía perfectamente que llegaría el momento en que tendría que enfrentar aquello que lo acongojaba, pero ese momento no era ahora. Sus orbes del color del océano se entrecerraron ante sus nuevos dichos, su mirada desviándose hacia la figura femenina hasta detenerse en su calzado, preguntándose qué diablos podría haber estado haciendo la morena para terminar en aquel estado. La respuesta a aquella interrogante mental arribó pronto, logrando que una pequeña sonrisa se deslizara por sus labios resecos, ahora dejando en evidencia una hilera de perlas blanquecinas que demostraban la gracia que le parecía la situación en su totalidad. “¿Qué tipo de maniobras extravagantes? Si es que puedo preguntar, claro.” Ladeo un poco su cabeza, observándola. Sabía que cualquier cosa que dijese, bien podría utilizarlo como material para futuros chantajes o simples recordatorios con la intención única de molestarla, aunque si Greta lo conocía los suficiente, entonces sabría que sus intenciones distaban mucho de una especie de malicia de la cual generalmente no era partícipe ni alentador. Dio un paso en su dirección, alzando su diestra que terminó impactando contra el hombro ajeno con suavidad. “¿Segura?” Preguntó con tranquilidad, su mirada descendiendo nuevamente hasta su calzado antes de volver a conectar sus ocelos celestes con los marrones de la joven. “Tienes más botas, ¿cierto? No quiero creer que has sido lo suficientemente ingenua para traer un único par de zapatos.” Para este punto, realmente esperaba que no fuese el caso de su amiga. “Lo pregunto de nuevo, Greta. ¿Segura que puedes caminar? Podría cargarte como un bebé si me lo pides de buena manera. Aún luces bastante delgada con toda esa ropa de invierno encima, así que no creo que signifique un problema el cargarte, honestamente.”












