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g r e t a—
El tema sacado a colación pronto quedó ocupando un segundo plano, Greta enfocándose en aquella grata conversación que la obligó a permanecer atenta a cada una de las respuestas salidas de entre los labios ajenos. “Nunca he visto una película en donde haya algún asesino serial en un campamento” pausó. “¿O sí lo he hecho?” se cuestionó a sí misma, entrecerrando los párpados durante un breve instante que se le antojó verdaderamente necesario. Agitó la cabeza de nueva cuenta para dejar en claro que no era tan importante. “¿Hablas de insectos caminando por tus mejillas y por el resto de tu cara?” frunció la punta de la nariz con cierta gracia, imaginándose su reacción al enfrentarse a algo similar como lo mencionado por ella misma. “Suena verdaderamente peligroso. Pensé que todo se reducía a comer malvaviscos con galletas de chocolate, sentados alrededor de la fogata mientras el resto de las personas se disponen a cantar” esbozó una sonrisa para dejar en claro que no se encontraba hablando en serio, pues pese a su falta de experiencia en dicha actividad, no era tan ingenua. Cuando la respuesta positiva llegó hasta sus oídos, Greta le brindó un apretón reconfortante cual si pudiese viajar al pasado y ayudar a un Harrel joven, perdido en un lugar desconocido. “Eso fue muy inteligente y muy valiente para un pequeño de once años. ¿Sabes lo que hubiese hecho mi hermano?” pausó, decidiendo continuar aún así. “Ponerse a llorar bajo un árbol hasta que alguien lo encontrara” podía imaginarse al susodicho mirándola con molestia tras escucharla soltar aquel comentario que consideraba bromista, inofensivo. “¿De verdad es muy raro?” se percató de su expresión, Greta enfocando la mirada un poco más allá cuando visualizó al teleférico lo suficientemente cerca. “Mis padres nunca tuvieron mucho tiempo y supongo que simplemente nos enfocamos en otras cosas” como el trabajo. Ah, pese a lo dicho, Greta no le guardaba rencor a sus padres y siempre entendió las carencias que hubo en su vida. Una nueva sonrisa iluminó de lleno sus facciones, sus incisivos blanquecinos quedando a la vista. “Te prometo que puedo correr muy rápido en caso de que tengamos que huir de un animal peligroso”.
Meditó también, probablemente también era un ignorante en ese aspecto— Bien, hasta ahora me acuerdo de Jeepers Creepers, pero no era un campamento, sólo un par de hermanos con una suerte de mierda... Y masacre en Texas que tampoco es de un campamento, pero se parece, ¿no? Bah, seguro si vista Hey Arnold, ese capítulo donde acampa con sus amigos y... —pausó, ¿estaba yendo muy lejos? Quizá. Una risa tenue huyó de sus labios entonces. —Omite lo último que dije. A veces tengo demasiado tiempo libre en el trabajo. —confesó, y eso era totalmente cierto; cuando se aburría podía estar horas viendo estupideces en youtube o en otra plataforma similar— No. Bueno, nunca fui testigo exactamente de eso, en realidad. Cuando despertaba lo primero que hacía era sacudirme la cara y el cuerpo, por si acaso. Después veía si algún bicho se había colado dentro de la tienda y nunca resultaron ser demasiados. —rememoró, aunque usualmente pasaban más cosas las primeras veces que decidieron hacer campamento; todas las experiencias le ayudaban para los años posteriores, inclusive hasta ahora que lo llaman para ir a pasar tiempo de calidad familiar, pero se niega con una cortesía que rompería la paciencia de cualquiera. Otra carcajada brotó de sus labios, encogiendo sus hombros como si la posibilidad se dejara abierta al caso:— Oye, tal vez. Uno puede hacer cualquier cosa en los campamentos. Asamos malvaviscos, sí. Pero es diferente. Si hacemos algo así ahora podría suceder bien, pero en casa somos siete hermanos, siete hombres y mi padre. No eran fanáticos de cantar canciones, pero sí de escuchar las historias nazis que mi padre tenía para cada noche. Una pesadilla. —admitió, quizá por una parte de él necesitaba sacarse ese peso de encima; detestaba harto de la vida que llevaba en Alemania y su familia apuntada siempre por un pasado que no deseaba. Giró el rostro para permitirle concluir su historia; las comisuras de sus labios se ampliaron con una razón oportuna— Seguro es lo que un niño normal haría, pero... Mis hermanos estaban muy ocupado siendo idiotas, mientras mi padre cuidaba a los menores. Es el mal de nacer en medio. —un suspiro prolongado escapó de sus pulmones, presionando el calzado con más fuerza cuando la nieve parecía crecer de tamaño. En sus planes no estaba caer a una fosa y enterrarse hasta el cuello, esa época de su vida ya había sido sellada— No sé si raro, pero... ¿Con tus compañeros de escuela no? ¿Boy Scout? ¿Trabajos de verano? Siempre se pueden encontrar instancias, no sólo con la familia, gracias a Dios. —bromeó, un poco. Prestándole atención con sus ojos hasta que decidió observar el camino, el ridículo de chocar contra algo tampoco le venía a esas alturas— Bien, entonces tú corres y yo lo distraigo. Un equipo perfecto. Por cierto, compañera perfecta, ¿hacia dónde está el teleférico?
c a s s a n d r a—
“Relaja, Harrel, estoy tratando de fastidiarte! Quizás si mencionaba el nombre de aquella saga de libros ingleses lograría su cometido, pero no intentaba molestarlo por completo como aquel factor, sólo ver sus reacciones. “No fue exactamente el año pasado, pero bien, quizás no lo recuerdas” No sabía con exactitud el año que aquello había sucedido pero bien que tampoco le interesaba, era un dato de color que utilizó a su favor. “No veo la hora de llegar y poder dormir, espero no perder esta vez y dormir en las literas ¿Sabes lo difícil que es armar la cama allá arriba?” Cuestionó atónita “Aunque abajo es más difícil desarmarla” Alzó una ceja con ese aire sugerente en sus palabras. Se carcajeó abrazándose, estrechando la tela contra su cuerpo aún más, sus ojos ya mostraban cierta pertenencia a la prenda y no parecían buscar una devolución pronta “Greta puede robarle a cualquiera, ya todos traemos abrigo extra para ella más que nosotros” Siguió riendo con la negación movilizando su cuello. Aprovechó para acompañar un movimiento que lograra retirar sus cabellos del campo visual, utilizar las manos era exponerse a un frío que estaba evitando hacer entrar. “Podrías robarlo” Asintió enfrentando aquella posibilidad “Pero tendrás que encontrarlo primero” Lo miró elevando una ceja., implantando el desafío que parecía estar ideando en su mente, se sonrió maliciosa por los lugares donde podría dejar la famosa chaqueta, aunque su maleta era la mejor opción, las básicas nunca eran las primeras en ser opciones. “Podría tener mi perfume siempre” Estiró una de sus comisuras con aquella sonrisa pero más pícara aún ¿Estaba bien coquetear? Que va, ni que fuera ilegal “Presiento que podría dejarlo impregnado en más lugares más que en esta chaqueta, así nunca te olvidarías de mi” Alzó un hombro juguetona y lo miró un segundo antes de alcanzar la cima. “Deberíamos aprovecharnos que el teleférico está aquí, a menos que quieras seguir diciéndome cosas bonitas mientras esperamos” Soberbio tono entretenido escapó de sus labios.
Bufó, más para sí que para su contraria— Es frustrante el hecho de que me gusten las bromas y emplee tantas veces el sarcasmo para comunicarme, pero sea inmune cuando lo intentan conmigo. —explicó brevemente, una sonrisa aplacando la atmósfera tan fría— Probablemente lo estoy empleando mal, o inventé una especie nueva de sarcasmo. —otra broma a su favor, aunque ya dejó de carecer de importancia— ¿Otro año fue? Vale, uh, creo que... Ah, sí, ya: Tabitha no me dejaba entrar a la habitación, a ninguno. Era como la guardiana de la habitación o algo así. —chasqueó su lengua, teniendo vagos y entretenidos recuerdos al respecto. Sus ojos finalmente se desprendieron del atractivo rostro contrario, la curvatura en sus comisuras se acentuó con justa razón al escucharla— Quizá no las alcanzas bien. ¿Por qué no duermes en una de abajo? Aunque esté ocupada. Yo haría eso. Digo, todos somos amigos, ¿no? Acurrucarse no es malo. —o quizá era cosa de él y una falta de afecto tremenda que tenía de manera inconsciente e involuntaria; esa era una de las razones por las que siempre tenía novia, o algo parecido a una, pero jamás lograba establecer algo normal y duradero. Hubiera deseado detener el tiempo ahí mismo, arreglar un par de palabras que Harrel del pasado expresó de manera diferente y ahora el Harrel futuro debía arreglarlo, pero en vez de eso, empeoró un poco más la situación:— Es un alivio que puedo encontrar cosas fácilmente. —aunque de eso no tenía idea. Sus cejas se alzaron, en un carraspeo que debió obligarlo a omitir otro comentario, pero no se aguantó:— ¿Y en qué lugares por ejemplo, a ver? —sus ojos se entrecerraron, curioso por esa jugarreta que sin querer había comenzado. Cassandra, sin duda, era hermosa, pero le resultaba particularmente extraño tener ese tono en las conversaciones con sus amigas, porque eso eran; no permitiría que ninguna traspasara la línea que le permitió omitir a Ivonne— En el teleférico puedo seguir diciéndote cosas bonitas, ¿pero para qué? Debes saberlas todas. Es cosa de salir un momento contigo a la calle y todos los hombres se voltean a mirarme. Y no, no todos son homosexuales, aunque algunos... tal vez. —bromeó, dejando caer su hombro en una de las vigas que sostenían los cables del teleférico, esperando ahí por la llegada de una cabina.
b l u e—
Su mano derecha termina haciendo un recorrido hacia sus hebras castañas y las esconde tras su oreja, el tiempo ha pasado y, sin embargo, todo frente a sí parece vestirse de los mismos colores que hace un año. No es capaz de apreciar cambios y por momentos siente que ella también sigue siendo exactamente la misma —. En ese caso puedo recomendarte el número de mi psicóloga o terapeuta, si te soy sincera no sé cual era su titulo — y arruga la punta de la nariz al recordar el encuentro del pasado, fue un fracaso y una pérdida de dinero para sus padres —, fui a una única sesión pero parecía ser una experta en recordarte tu más reciente pérdida — las razones iban un poco más allá de lo comentado, mas no sentía la necesidad de manifestar que habías escuchado más cosas que no deseaba oír. Situaciones que aún no estaba lista para admitir —. ¿Acaso mis deseos importan? No creo que vayas a exactamente cumplirlos — sus hombros se elevan y la indiferencia vuelve a poseerla —. Así que no eres un santo, Harrel, me siento engañada — dramatiza y en sus labios parece figurar el atisbo de una sonrisa —. Ten cuidado a quien le revelas tan confidencial información, podría ser utilizada en tu contra. En mi caso no funciona esa regla, ser mezquina no me aparta de ser el futuro fruto de Satanás — y se une a esa especie de amenaza que no es más que un juego jocoso. Una broma que acompaña los tintes serios de su tono de voz —. Si quieres puedo salvarte de tener más novias y utilizar tus ganas de consentir sólo conmigo — canturrea y no pregunta sobre el destino de su madre, la curiosidad de pronto se vuelve efímera —. Tampoco tengo hermanos, única heredera y esas ventajas — lo agradece, jamás soñó con abandonar su lugar de hija única. La escasa atención que recibí, hubiese sido dividida en dos y las migajas hoy en día le hubiesen arrebatado la poca cordura que conservaba. Ni siquiera piensa dos veces, simplemente toma la mano contraria y se dispone a avanzar junto a él hasta poder alcanzar su destino —. Una botella de Coca Cola y una buena hamburguesa, por favor, me muero de hambre — y pide el absurdo adelantando sus pasos frente al castaño. Sonríe, mas sólo el paisaje es capaz de apreciar el momento que sus blanquecinos dientes aparecen en escena.
Su labio inferior fue humedeciendo ligeramente con la punta de su lengua, atrapándolo luego entre sus dientes; un gesto involuntario ante la pesadez del tema, no se creía emocionalmente capaz de comenzarlo desde cero, pues la culpa había decidido alojarse en su pecho para no querer marcharse— No creo mucho en psicólogos. —dijo con tranquilidad, dedicándole una sonrisa amable a su interlocutora— ¿En realidad fuiste o fue un sarcasmo? ¿Por qué sólo irías a una? —preguntó, cuando cayó en cuenta de que simplemente podía estar jugando con él, si era consciente de necesitar un terapeuta, lo más lógico sería seguir por el rumbo comenzado. Su mirada llegó de nueva cuenta a las facciones femeninas, un par de arrugas suaves se hicieron en su ceño antes de responder:— Depende de qué deseos tengas, ¿cómo sabes si puedo cumplirnos o no, eh? —cuestionó con una sonrisa pendiendo de sus labios, negando después con la cabeza— Sabía que a veces podía ser invisible para todos, pero no pensé que tanto, Blue. Es extraño que esté en un lugar tanto tiempo sin meterme en problemas... O meter a otros en problemas. —o avivar bromas hasta que lleguen a un punto fatal, pero eso decidió dejarlo guardado en su memoria— Si lo cuentas, no voy a molestarme demasiado. Aunque sí lo suficiente como para vengarme de alguna forma inofensiva. —pausó, era incapaz de dañar física o psicológicamente a otra mujer, y quizá por esa razón el accidente de las hermanas le afectaba más de lo normal, pero también estaba consciente de que existía el detalle donde incentivar al cerebro de la misma lo volvía un cómplice aún más cercano que cualquiera— Se nota que eres hija única. —tuvo que admitirlo, pues cumplía todos los requisitos universalmente sabidos— Podría consentirte, tal vez. No me molestaría. —admitió, sus ojos entrecerrándose en dirección a las facciones de piel trigueña; ¿de qué estaba hablando específicamente? Porque había respondido una especie de coqueteo con el cual se sintió ligeramente incómodo: no por Blue, no, ella era preciosa, pero lugar donde estaban no era precisamente el correcto para ese tipo de cosas. Apenas la siguió, sus cejas se alzaron en sorpresa, eso era exactamente de lo que estaba hablando antes; aunque, extrañamente, si tenía una de las cosas a mano— Consentirte no significa convertirme en tu esclavo. Y, sobretodo, no significa que lo haré todos los días. A veces amanezco de un humor asqueroso y vas a notarlo. —en tanto, sacaba una botella de la mochila y se la entregaba—, pero tienes suerte de que tengo eso ahora.
Y las bonitas también. No faltaría el galán que comprara esos vicios. —comentó, una sonrisa de costado se asomó en sus facciones. Era entretenido, no sabía por qué, mantener ese tipo de debates minúsculos. Sus orbes siguieron la silueta femenina, asintiendo con lentitud al escuchar las palabras despedirse de los atractivos labios contrarios— Sí, algo así. O probablemente serías una chica que por fumar luce como una. Es algo cerrado de mente, hijo de nazis, ya sabes. —hizo una mueca que empañó su gesto de incomodidad, su huida del nido no había sido gratuita, estaba harto de todos los argumentos vacíos que soltaba su progenitor, aunque lo peor era ver como sus hermanos masticaban cada detalle sin siquiera preguntar— Hasta donde tengo entendido, soy alguien. —anunció con un ligero y entretenido sarcasmo decorando su entonación— Claro que sí. Uh, ¿quieres ayuda para desempacar o…? —debía preguntar, no estaba seguro hasta qué punto deseaba la dueña de áureo cabello que indagara dentro de sus pertenencias.
“Hasta lo haces sonar como una posible historia de amor” De esas que tanto detesta y no entiende. Sus ocelos se mantienen fijos en la silueta masculina, volviendo a consumir su cigarrillo, ahora más calmada, podía sentir el efecto de la nicotina invadir su cuerpo con cada calada que daba. Sabía a lo que se refería, no del todo pero conocía en carne propia lo que era lidiar con alguien quizá más terco que ella: su abuelo. Con esos ideal tan utópicos que simplemente no le iban a ella. No dice nada, simplemente asiente para dar a entender que sus palabras son entendidas y el cilindro vuelve a reposar en sus labios a punto de extinguirse. “Si, ¿crees poder sacar un par de prendas de mi maleta y guardarlas en un cajón?” enarca una ceja dando un ligero salto desde su lugar hasta la blanca nieve, tirando finalmente el cilindro y extinguiéndolo de una pisada comienza a caminar sin esperar respuesta del mayor. El frío empieza a calar más que el recuerdo y sabía bien que no podía esconderse o buscar más excusas para mantenerse alejada del cálido hogar de los Humprey. Además, ansia una cálida ducha, desprenderse de sus múltiples prendas y simplemente dejar que el agua caliente se lleve sus preocupaciones.
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f l o y d—
Floyd sonrió ante la alusión de dicho programa de televisión y le regaló una reverencia a su amigo, con un poco de exageración a la hora de reclinarse. “Prefiero ser Hugh Grass y acabar con todo.” bromeó, refiriéndose ahora al personaje del filme de Iñárritu con la famosa escena del ataque del oso dónde participó Leonardo DiCaprio. Y se enderezó, para hacer caso a las palabras del mayor, confiaba en su habilidad para guiar y se apresuró para seguir el sendero. “No para nada, no vengo preparado para eso.” Añadió.
Sus párpados se entrecerraron, curioso— ¿Pero el oso no casi lo mata? —parpadeó un par de veces, encogiendo sus hombros con despreocupación— Aunque al final sobrevive, sí, pero... Pobre hombre. —concluyó, sus manos resguardándose en los bolsillos. Adoraba el cine, aunque nunca había sido fanático de aquellos filmes tan aclamados por la crítica, en especial porque en su mayoría se remontaba a periodos de su patria que ha preferido ignorar— Entonces vamos. —invitó, una sonrisa discreta asomándose en sus labios.
r y k e r—
Había llegado tarde, sí, había sido un retraso generado por preocupaciones e indecisiones ante una inminente partida. El querer volver lo obligó a disminuir el paso, perdiéndose en las espaldas, siendo consciente que aún faltaba un tripulante más para abordar el teleférico que lo terminaría de encerrar en el mar de pesadillas. El semblante masculino se dejó ver en el horizonte, el cilindro volvió a encerrarse entre los delgados labios canadienses. —No lo sé. —se encogió de hombros, volviendo a dejar que el humo se mezclase con el invernal ambiente, su espalda se despegó de la superficie caoba que anteriormente lo había acobijado, para entonces volver a presionar el botón que descendería el cubo de transporte. —No le pregunté a Jarek en el mensaje de confirmación. —volvió a soltar, esta vez preso de una jocosidad propia, aquel humor ácido y sarcástico que se expandía por cada una de las paredes de su boca, creando una pequeña sonrisa curva entre sus duras facciones. No sabía cómo eran las cosas con su nuevo compañero, tampoco estaba seguro si mantendría su boca sellada ante la presencia el hermano de las fallecidas, sin embargo, no quería caer en desconfianzas que lo llevarían a verse encerrado en una jaula repleta de inseguridades y paranoia. —Está bajando el teleférico, quedan un par de minutos, así me termino el cigarrillo y nos olvidamos de los problemas, ¿no? —preguntó, volviendo a darle una calada al vicio adquirido. — Sobre lo de hace un año, ¿sigue lo del silencio, cierto? Es decir, él no lo sabe ¿verdad? —cuestionó, sin saber si la verdad se había escapado desde los labios ajenos frente a su anfitrión, lo cual sonaba descabellado si consideraban la invitación que había sido realizada. Dudaba encontrarse entre la lista de personas deseables por el ex hermano mayor una vez supiese qué había empujado a su hermana menor hasta el níveo bosque.
Probablemente por la confianza la incomodidad era inexistente, parecían dos cómplices de un crimen que no terminarían de pagar nunca. Asintió, ligeramente abrumado por todo el asunto que los conllevó a esa innecesaria reunión, una media sonrisa se atrevió entonces a bailotear en sus labios— Y yo no me he encontrado con Jarek en todo el camino. ¿Será una trampa? —propuso en modo de juego, una broma inocente. Sin embargo, cuando lo pensó con detenimiento un escalofrío recorrió su espalda: era viable la posibilidad de que el hermano de las desaparecidas (se negaba a tratarlas como difuntas) los culpase a todos, a los trece amigos por todo lo ocurrido. Todos sabían que el moreno había estado encerrado desde el incidente, o quizá visitando a algún psiquiatra. Nadie aseguraba que estuviese completamente sano mentalmente para enfrentar un golpe emocional como este— Fumar los problemas, sí. Es una buena idea. —aseveró, con las comisuras más curvadas, embriagándose de una atmósfera más relajada. De reojo, observó a su acompañante, negando pausadamente con su labio inferior entre sus dientes— Sigue, sí. Al menos por mi parte, uh, no sé de los otros... Si se entera estamos muertos... O lo estaremos después de una extensa tortura. —alargó la penúltima palabra, agrandando sus ojos también para enfatizar la exageración. Un misterio en realidad sobre lo que ocurriría, pero nadie tenía el don de la adivinación para ese tipo de situaciones. Una vez la cabina del teleférico descendió, la puerta de abrió para dar el paso a ambos pasajeros. El alemán esperó que Ryker ingresara primero y enseguida lo siguió— ¿Puedo hacerte una pregunta? Además de esa. —soltó con obviedad, aligerando su gesto con un suave encogimiento de hombros— ¿Le hubieras dado una oportunidad a Ivonne algún día? —hubiera sido prudente preguntar aquello cuando la mencionada estaba entre ellos, una duda que probablemente navegó el inconsciente de todo el grupo, pero que nadie se atrevió a cuestionar en serio.
g r e t a—
El ya sabes resonó dentro de su cabeza, Greta tomándose una necesaria pausa para buscar dentro de sus enredados pensamientos. Sin embargo, la arruga entre sus cejas apareció inmediatamente debido a que ninguna de sus teorías se habían acercado a lo ocurrido tiempo atrás. “Si no hubiésemos hecho la broma, las cosas hubieran sido diferentes. Serían diferentes ahora mismo” añadió en voz baja, temiendo que el bosque la escuchara y la sometiera a un juicio en donde claramente saldría culpable, porque lo era. Lo recordaba todas las noches y jamás lo olvidaría. Nunca. Sus facciones, que habían estado teñidas con un tinte diferente, pronto adoptaron formas normales que la llevaron a relajar la expresión pasada. “Pero no lo necesitaremos este año” porque la fémina se negaba a aceptar que algo malo pudiera llegar a ocurrirles. Suficiente habían tenido con la pérdida pasada como para siquiera pensar en esa posibilidad. “¿De verdad?” le observó con un brillo curioso en sus orbes, la muchacha inflando el pecho con un aire diferente, dando a entender que había dado por finalizado el tema anterior al actual. “¿Cómo es? Con detalles” pidió, alzando el rostro para enfocarse en el perfil masculino. “Yo nunca he ido de campamento. Lo más cercano que he tenido a esa experiencia es esto” señaló a los alrededores, llegando a la conclusión de que probablemente no era tan bonito como lo había imaginado alguna vez. “¿Te asustaste? ¿Lloraste? ¿Cómo regresaste?” el bombardeo de preguntas no tardó en aparecer, Greta esperando que el contrario estuviese preparado para aquel improvisado ataque. “No falta mucho” entrecerró los ojos con ligereza en dirección al frente. “Y si nos damos prisa, quizá lleguemos en quince minutos o menos” aseguró.
Una punzada en su pecho; su sangre pareció enfriarse tanto como la nieve que su calzado inauguraba. Su mandíbula se oprimió sin compasión aparente, recuerdos vagos intentaban rehuir de su mente incesablemente. No, no. La broma no. Se repetía una y otra vez desde el accidente, una pesadilla que seguramente lo atormentaría para siempre. La mitad del condimento fue de su autoría, detalles a la nota entregada a la hermana más afectada fueron escritas por su puño con una caligrafía vergonzosa, el alcohol siempre llevando el ritmo de sus ideas. Decidió obsequiarle una media sonrisa, dejando pasar la temática más incómoda— ¿Acampar? No es muy diferente a como lo ves en televisión. Con menos asesinos seriales, claro. —bromeó, entrecerrando sus ojos— Es húmedo, excesivamente húmedo. Aunque acampes en un árido desierto y fuera de la tienda no alcance los diez grados... Despertarás con todo el interior goteando. Es asqueroso, sí. Pero son detalles que al final te divierten. Amanecer con algunos insectos asechándote es entretenido también, cuando son arañas te dan escalofríos, pero al final de la semana empiezas a nombrarlas. —ahí exageraba, pero era una demostración fidedigna a la evolución que una persona tenía durante todo ese viaje— Uh, te encontrarás con pumas, osos u otros animales salvajes, debes aprender a ahuyentarlos... o a correr muy rápido. —asintió otra vez, guardando sus manos en las manos en el abrigo que llevaba puesto. La sonrisa en sus comisuras creció con sutileza, dirigiéndola completamente a ella— Claro que lloré. Tenía once años y muchas, muchas posibilidades de ser devorado por algún animal o ermitaño. —pausó, rememorando con nostalgia toda la experiencia— Subí a un árbol, llegando al más alto, uno que sobrepasaba a los otros. Ahí pude divisar el humo del sitio donde estábamos, traté de mantener una línea recta en el camino y la suerte estuvo de mi lado... —quedó observando un instante a su acompañante, frunciendo su ceño— ¿Cómo es que nunca has ido a acampar? Voy a llevarte un día.
t h e a—
“Imagino que las prostitutas caras podrían darse ese lujo, ¿tú no?” respondió tranquila, regresando su mirada al frío horizonte, llevando el cilindro de nueva cuenta a sus labios para darle una calada. Thea era fanática de encontrarle cinco pies al gato, buscar otra respuesta posible aún cuando ésta era ofrecida en bandeja de plata. “Entonces…” el denso humo escapó de sus labios, sus comisuras elevándose dejaron a la vista una sonrisa irónica en sus facciones. “¿Soy una prostituta a los ojos de tu padre?” pronunció tranquila, dejando que el viento se llevara aquella especie de broma, después de todo entendía bien si es que el mayor no agarraba el hilo de ésta. “Planeaba quedarme aquí hasta que alguien más llegara a la casa” y no, no admitiría en voz alta lo tremendamente incómodo que le resultaba estar sola en aquella residencia. “¿Me ayudarás a instalarme?” encogió sus hombros, posando sus tonalidades oceánicas en la mirada contraria.
Y las bonitas también. No faltaría el galán que comprara esos vicios. —comentó, una sonrisa de costado se asomó en sus facciones. Era entretenido, no sabía por qué, mantener ese tipo de debates minúsculos. Sus orbes siguieron la silueta femenina, asintiendo con lentitud al escuchar las palabras despedirse de los atractivos labios contrarios— Sí, algo así. O probablemente serías una chica que por fumar luce como una. Es algo cerrado de mente, hijo de nazis, ya sabes. —hizo una mueca que empañó su gesto de incomodidad, su huida del nido no había sido gratuita, estaba harto de todos los argumentos vacíos que soltaba su progenitor, aunque lo peor era ver como sus hermanos masticaban cada detalle sin siquiera preguntar— Hasta donde tengo entendido, soy alguien. —anunció con un ligero y entretenido sarcasmo decorando su entonación— Claro que sí. Uh, ¿quieres ayuda para desempacar o...? —debía preguntar, no estaba seguro hasta qué punto deseaba la dueña de áureo cabello que indagara dentro de sus pertenencias.
e l i j a h—
Se permitió sonreír una vez que divisó al castaño, casi agradeciendo en silencio que no tendría motivos para seguir caminando en soledad mientras el sol parecía esconderse entre las montañas y es que dentro de la frondosidad del bosque nevado, no era demasiado lo que podía hacer en plena oscuridad. Si bien gustaba de la soledad, en un ambiente tan tétrico como el actual, no le haría daño una pequeña compañía, tal vez un intercambio de palabras o una que otra carcajada. “Hola, Harrel, ¿todo anda bien?” Se atrevió a preguntar, acercándose a él antes de palmar su hombro con decisión, ahora sus ojos clavándose en la suavidad de las pisadas de terceros que aún se encontraban impregnadas en la nieve. No podía decir a ciencia cierta de cuántas se trataban, principalmente porque unas estaban sobre otras. “Por lo menos cinco.” Dijo un número aleatorio, basándose únicamente en el tamaño de las huellas y las direcciones de las mismas. “Todo sería más fácil si hubiese señal telefónica, así sabríamos quién falta y quién ya está en la casa. Pero, honestamente, supongo que no falta nadie más, digo, es bastante tarde y se oscurecerá pronto.”
Respondió con una sonrisa ladina, encogiendo sus hombros con aparente de resignación. Estaba en un lugar agradable porque adoraba la naturaleza en general, sin embargo, existía un ambiente tenso, un atmósfera de índole fantasmal que detestaba vislumbrar— Podría estar mejor, ya sabes, sin memoria. Aunque no voy a quejarme, ya estamos aquí y todos decidimos venir. Además... —una pausa necesaria se tomó para cavilar mejor sus palabras, también aprovechó de humedecer su ya resecos labios— Un año no es demasiado tiempo. —pronunció, cuidadoso; podrían llamarlo un estúpido ilusionado, mas no había nada comprobado: existían casos de personas reportadas como desaparecidas que la vida las empujaba de regreso después de décadas, ¿por qué no podía ser el caso? Suspiró, dando el tema (que ni siquiera comenzó) por sentado— Entonces vamos. Si falta alguien podemos regresar a buscarlo. —propuso, estaba convencido de que su ahora compañía no iba a negarse, y es que al par sólo les faltaba la espada y un caballo. Le dedicó una mirada en forma de invitación por el bosque para llegar a la cabaña— Probablemente tomaremos la peor habitación.
c a s s a n d r a—
Le festejó la broma soltando una risa condescendiente. “¿Estás diciéndome insoportable por enfermarme aquella vez, Harrel?” Decepción en sus ojos verdes entrecerrados, una mirada acusadora que se dirigía explícitamente hacia el masculino “¿Cómo te atreves? Intenta culpar a Tabitha por mimarme tanto” Ofendida cruzó los brazos y le desvió la mirada hacia el frente, por supuesto que toda esa actuación no era nada más y nada menos que una broma hacia el contrario, buscando su reacción ante la acusación. “Que chistoso eres” Arrugó su nariz sin poder evitar soltar una risa ligera, dada la cosa tonta expresada, merecía aquella respuesta. “O tal vez puede que tenga sueño, con tanto viaje voy a necesitar tres chocolates calientes o al menos un café fuerte” Luego de un baño quizás, luego de ordernarse mejor. Siguió las huellas masculinas sin prestar mucha atención al camino donde andaban “¿Con quienes te encontraste ya?”Preguntó buscando no callarse la boca y pasar aburrida todo el trayecto “¿O he sido yo la única alma en pena que se metió en tu camino?” Se divirtió preguntando eso con dramatismo bufón. Aunque estaba realmente agradecida por el aporte de la campera extra, al menos en esos momentos estaba de temperatura estable y comenzaba a eliminarse la lejana idea de morir de hipotermia en el camino hacia el refugio. “Espero que seas consciente que no devuelvo la ropa que me prestan” Mintió bromista, aunque quizás tenía una o dos prendas masculinas que le habían prestado alguna vez.
Sus párpados se entrecerraron, ligeramente confundido, pero manteniendo la misma curva en sus labios para no sonar tan maleducado— No recuerdo haber mencionado la palabra insoportable en ningún momento... De hecho no me acordaba que te hubieras enfermado. —pausó, escarbando en su memoria más recóndita sobre años anteriores—, seguramente omití todo el viaje pasado. —se vio confesando enseguida, una mueca en sus facciones para abstenerse de seguir con una charla que de cualquier manera los guiaría hasta la desgracia vivida hace doce meses en ese mismo lugar. Sus hombros se alzaron, despreocupado, comprendiendo la falta de sueño que muchas veces él daba la bienvenida con un pésimo sentido del humor. Suerte que no era el caso— Cuando lleguemos podrías hacerte un café. O yo sugiero una siesta, quizá te reponga más que cualquier cosa. —guardo sus manos del frío en los bolsillos de su pantalón, observando de vez en cuando a quien ahora era su compañera de viaje. Sonrisas efímeras aparecían de pronto en su rostro, atrapando su labio inferior con blancos incisivos— No he visto a nadie. Es decir, sólo a lo lejos. Eres la primera que veo y la primera en robarme mi abrigo. Pensé que pudo haber sido Greta, pero le ganaste. —bromeó, siendo sincero en la mayor parte de su oración. Sus pobladas cejas marrones se alzaron con diversión, trasladando su mirada desde el pálido sendero hasta las atractivas facciones femeninas— ¿Es una especie de amenaza? Porque de ser así... Podría ir a robarlo (¿se dice así?) de vuelta la próxima semana. Cuando ya tenga tu perfume impregnado, sí. ¿Ya te dije lo mucho que me agrada? —preguntó, aunque estaba seguro de que la respuesta era negativa, tenía una memoria estupenda en cuanto a cumplidos se trataba.
g r e t a—
Entreabrió los labios varias veces, deseando poder otorgarle una respuesta a aquella misma que había escuchado segundos atrás. Soltó una risa que indicaba que el contrario se encontraba en lo cierto, así que simplemente se encogió de hombros y permitió que su hombro empujara el brazo ajeno con tanta delicadeza como le fue posible. “Entiendo” comentó, pensativa. “Pero me parece que para mí es más fácil vivir desconectada de la realidad. ¿Tienes cosas importantes que resolver?” ladeó el rostro para observarle, su mirada destilando un genuino interés en la posible respuesta a la cuestión formulada por ella misma. “Ah, ya creo que existen más posibilidades de que tú te asustes primero” aseguró, intentando esconder aquella sonrisa bromista que amenazaba con escapar. “¿Quién estaría defendiendo a quién primero, eh?” y esa vez permitió que sus curvas se alzaran descaradamente, un tinte entretenido bañando sus delicadas facciones. Su rostro se giró en ambas direcciones, comprobando que lo dicho por su acompañante era totalmente verdad. “La carpa podría ir allá” señaló un punto rodeado por varios árboles que dejaban un espacio medio perfectamente para lo ya mencionado. “Pero sí, sería una experiencia inigualable” admitió, preguntándose si las cosas se saldrían de control una vez llegada la noche. Se estremeció discretamente, dejando a un lado aquellos malos pensamientos. “No” tras inspeccionar los alrededores con sutileza. “Y tampoco escucho nada” añadió, agudizando el oído. “Y no son muy tranquilos que digamos” otra risilla escapó de entre sus agrietados labios.
Negó de inmediato, dando a entender que definitivamente no quería nada con el mundo exterior. Prefirió guardar una pausa antes de añadir:— No, no es eso. Es--, ya sabes. —entrecerró sus ojos, soslayando a la contraria con su mirada— Quizá si el año pasado hubiéramos tenido la señal necesaria para llamar a alguien, las cosas hubieran sido diferentes. —chasqueó su lengua, porque en realidad eso no lo sabía, nadie podía saberlo— Y no es que esté llamando la tragedia o algo por el estilo, pero es mejor estar preparados para cualquier cosa. —relamió su labio superior, agrietado por la gélida brisa que chocaba contra su rostro. Aquel gesto sereno fue sustituido de inmediato por una sonrisa apenas escuchó ese tono bromista de su compañera— No es por presumir, pero he acampado desde los cinco años en las montañas. A los once me perdí por primera vez en el bosque, después se fue haciendo casi una costumbre, así que aprendí a sobrevivir bastante bien. —comentó. En Alemania su vida era muchísimo más interesante que en Canadá, debía admitirlo. Todos sus hermanos, mayores y menores, habían desarrollado un gusto detallado para excursiones en la nieve y otras cosas más arriesgadas. Su mirada se dirigió al lugar indicado, aprobando el lugar con una sonrisa apenas visible; probablemente habían otros muchísimo más adecuados, pero él no era nadie para rebatir la idea de su contraria— Bueno, no nos hemos perdido, pero no sé si vamos demasiado atrás o demasiado adelantados... —a su vez, observó el entorno con minuciosidad, buscando alguna silueta negruzca entre tanta nieve— Prefiero pensar en lo segundo.
b l u e—
De todos las personas que podría haberse topado, Harrel parecía ser el que más difícil siempre le ponía seguir sus propios juegos. Cómo hacerlo cuando parecía ser prácticamente inmune a cualquier comentario y en ocasiones parecía ser la versión femenina de Tabitha. Dos seres al que sin darse cuenta, le tenía respeto —. A menos que quieras cargar en tu consciente con la posibilidad que todo se vuelva una espantosa tragedia — exagera, pero no habla realmente enserio y echa en falta el sabor azucarado de un caramelo en sus labios. Le cansa el camino que deben seguir, por momentos se arrepiente de haberse sumado al viaje, mas son instantes en el que toda la pereza se apodera de sus movimientos —. Mhmm — piensa en la pregunta, lo observa con desconfianza y termina cediendo al dejar su pie caer sobre el muslo masculino —. ¿Sabes que me quitas todo el entretenimiento cuando te comportas así? — inquiere, cuestión que dejó de ser una novedad entre los dos —. Mira que eso del paraíso y el buen karma son todas patrañas, no tendrás trato diferencial si me conscientes. Aunque quizá funciona eso de vivir con paz interior, no sé.
Sus ojos se entrecerraron, ya había pasado un año, pero estaba convencido de que las heridas aún no estaban completamente selladas; con el humor característico, permitió que su impulso diera paso a las bromas que ya bastante se había tragado para evitar tediosas instancias— No sé si mi consciente pueda cargar exactamente con otra tragedia... —con temo de avanzar demasiado, soltó la frase hasta donde le supo correspondiente; permitiendo que una sonrisa silenciosa se adueñara nuevamente de sus facciones germanas— ¿Y cómo quieres que me comporte exactamente, uh? —preguntó, con la curiosidad entonada en su voz, en tanto su mirada se concentró en atar los cordones que ya estaban en un perfecto nudo previo— Oh, créeme: ser amable no significa ser un santo. —suspiró, era prudente hacer ese hincapié en todo el asunto. Era Harrel quien usualmente estaba metido en problemas, pero también el primero en resolver los inconvenientes de los otros, como una moneda y sus dos caras— Además, es divertido consentir a las personas. Nunca tuve hermanas o madre, sólo mi padre y mis hermanos. Mis novias lo han agradecido. —otra broma que soltó de pronto, aunque en cierto modo estaba siendo sincero. Una vez de pie, sacudió los residuos de tierra sobre su pantalón y tendió la mano hacia la figura femenina— ¿O se le ofrece algo más, señorita?
t h e a—
La invasión a su espacio personal la tomó desprevenida, pero no salió ningún insulto de sus rosados labios, simplemente se quedó estática con el ceño ligeramente fruncido, debía recordar que al contrario de ella algunos se tomaban el espacio personal muy a la ligera. El cilindro regresó a sus labios y con una diestra impresionante éste se encendió, dándole así la oportunidad para tomar la primera calada con sabor a gloria. Una ceja arqueada fue la única respuesta que recibió una vez que la anécdota entró por sus oídos. Su padre jamás le había dicho algo parecido, de hecho, dudaba que su progenitor estuviera al tanto de sus vicios, o que le importaran al final de cuentas. “Una suerte que no naciste en esa época o las prostitutas hubieran sido tu pérdida ¿No?” inquirió con la ironía cosquilleando en su paladar, mientras una lacónica sonrisa iluminaba sus facciones, el denso humo finalmente salió de entre sus labios.
La sonrisa se mantuvo intacta en sus facciones, sus hombros encogiéndose para sustraer importancia a la situación— No, no. De hecho, probablemente las prostitutas ni siquiera fumaban en esa época, el vicio siempre ha sido caro. Creo que sólo se refiere a las mujeres en general. —tuvo que explicar, aunque sabía que no era un tema para torcer demasiada relevancia, sino al contrario, era una anécdota que no interesaba— Imagino que sigue pensándolo. Aunque sea una adolescente de quince años la que esté fumando. —había perdido contacto con su padre a través del tiempo, desde que dejó el nido por falta de compresión y, al mismo tiempo, exceso de presión, se limitaban a un par de llamadas telefónicas mensuales, visitas en fechas importantes y, quizá, una tarjeta en navidad. Remojó su labio inferior con una sutil pincelada de su lengua, el frío estaba comenzando a resecarlo más de la cuenta— ¿Vas a quedarte aquí o caminamos? —preguntó, sus cejas alzándose con entretención.
e l i j a h—
La soledad parecía compartir una relación de amor y odio con el hombre, siempre acogedora en la más crueles de las situaciones y aunque a veces se mostrase como un atisbo de desesperanza en la aparente brillantez de su día a día, ahora le producía una melancolía que no pudo premeditar. Había decidido tomar el teleférico en soledad, casi adivinando que los demás ya se encontraban en la cumbre de la montaña y es que, ¿cómo no? La puntualidad no era una de sus virtudes más características y ya había asumido que posiblemente, sería el último en llegar, al igual que lo había hecho aquella noche en la que su vida cambió por completo. No supo cuánto tiempo estuvo suspendido en el aire, pero cuando llegó, abrió la pequeña puerta para salir al exterior donde sus pies colisionaron con un suelo de madera. Levantó su mirada y dio un paso hacia adelante, sus labios presionados ligeramente. “¿De verdad soy el último?”
Perdiendo por completo el rastro de todos, decidió sentarse en una de las cabinas del teleférico en compañía de nadie; a pesar de agradarle la compañía de sus amigos, habían momentos en que prefería estar solo, efímeros, pero momentos al fin y al cabo. Cuando arribó, se percató de múltiples pisadas que se dirigían a la cumbre misma, sus cejas en alto fue seña única de resignación por haber llegado último. Sin embargo, un último carro estaba frenando a unos metros de distancia, su atención de dirigió a la puerta corrediza con la curiosidad poblando sus facciones. Sonrió al encontrarse con el rubio, asintiendo una sola vez— Creo que sí. Pensé que había sido yo, pero... uh, ¿cuántas pisadas ves? —indicó el rastro que otros habían dejado sobre la nieve, entrecerrando sus ojos para distinguir los distintos tamaños de calzado— No sé si deberíamos esperar a ver si llega alguien más o seguir. —sugirió, dubitativo, volviendo su vista hacia el contrario.