El juicio de los Siete de Chicago
Las masivas protestas ante la convención Nacional Demócrata de 1968 tiene un contexto efervescente, tal como lo demuestra el movimiento contra la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King Jr., las huelgas de estudiantes y de trabajadores en Paris hasta la Primavera de Praga.
La convención Nacional Demócrata del 26 de agosto fue una convención extraordinaria para designar un nuevo postulante debido a que el presidente Lyndon Baines Johnson decidió no presentarse a una reelección y el futuro candidato Robert F. Kennedy fue asesinado mientras crecía su campaña. El atentado contra Kennedy se convirtió en un símbolo del colapso del sistema político.
Dentro de la Convención, los dirigentes del Partido Demócrata designaron al vicepresidente Humbert Humphrey como candidato a presidente a pesar de no haber participado en ninguna elección interna frente a otros postulantes. Su designación verticalista lo puso por encima de Eugene McCarthy, quien también se postuló para las elecciones y había perdido contra Kennedy. De este modo, no fue necesario una elección interna entre candidatos, la nominación ya había sido ejecutada de antemano.
A fuera de la convención, en las calles de Chicago, una enorme ola de resistencia provoco una dura respuesta de las autoridades de la ciudad, convirtiéndose en un momento fundamental de las protestas estadounidenses. Según The Guardian, "después de días y noches de violencia, 668 personas habían sido arrestadas, 425 manifestantes fueron tratados en instalaciones médicas temporales, 200 fueron tratados en el lugar, 400 recibieron primeros auxilios por exposición a gases lacrimógenos y 110 fueron al hospital. El público conocería mejor a algunos de los arrestados durante la batalla legal de aproximadamente cinco años que siguió. Ocho participantes fueron acusados de conspiración y cruce de las fronteras estatales con el objetivo de incitar a un motín: John Froines, Lee Weiner, David Dellinger, Rennie Davis, Tom Hayden, Abbie Hoffman, Jerry Rubin y Bobby Seale.
El porqué de la movilización
En los días previos a la Convención, cientos de manifestantes viajaron a Chicago para unirse a una manifestación contra la guerra de Vietnam frente al Hotel Hilton, donde se desarrollaría el Congreso del Partido Demócrata.
Entre los manifestantes se encontraban diversos activistas de izquierda, como les estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS), que trataron de conseguir que el candidato antiguerra Eugene McCarthy sea nominado. Otrxs trabajaron en las calles y los parques, creyendo que algo más revolucionario debía haber para poner fin a la guerra en Vietnam. También se movilizaron miembrxs de la organización político- militar Blacks Panthers, y el Partido Internacional de la Juventud (Yippies), que afuera de la convención nominó a un cerdo para presidente.
En una entrevista realizada por la Revista TIME, Bobby Seale, cofundador de Black Panthers recordó el porqué de la movilización: “Fui porque estábamos por los derechos humanos y contra esta maldita guerra. Nosotros, los negros, no deberíamos tener que estar luchando esta guerra, muriendo en Vietnam, si este país no está reconociendo nuestros derechos civiles, democráticos, humanos”.
En Time tambien hablo Abe Peck, entonces editor del diario alternativo The Chicago Seed: ¿Cómo puedes organizar a las personas que prefieren morir que ir a una reunión? Lo haces por espectáculo. Lo haces trayendo una banda, nominando a un cerdo. La cobertura mediática era nuestro oxígeno, así que las afirmaciones tenían que hacerse más y más grandes para seguir teniendo cobertura. Traté de advertir [a la gente], que supieran en lo que se estaba metiendo, que la policía realmente iba a tratar de sofocarlo y que podrías estar en riesgo.
Hubert Humphrey aceptó oficialmente la nominación del Partido Demócrata para Presidente el 29 de agosto, y la convención llegó a su fin. Humphrey sería derrotado en las elecciones generales por Richard Nixon por un amplio margen.
El resultado produjo un cambio político. Se reemplazo al fiscal general Ramsey Clark por John Mitchell, quien decidió acusar a 8 activistas políticos, casi exactamente un año después de las protestas. Los cargos que le imputaron a los activistas fueron los siguientes:
Que los acusados conspiraron para cruzar las fronteras estatales para incitar a un motín, enseñar a fabricar un artefacto incendiario y cometer actos para impedir que los agentes del orden público cumplan con sus obligaciones legales.
Que David Dellinger, Rennie Davis, Tom Hayden, Abbie Hoffman, Jerry Rubin y Bobby Seale cruzaron individualmente las fronteras estatales para provocar un motín.
Que John Froines y Lee Weiner instruyeron a otras personas en la construcción y uso de un dispositivo incendiario.
Mitchell eligió a los fiscales Richard Schultz y Tom Foran para juzgar el caso, y el juez fue Julius Hoffman. Los abogados defensores fueron William Kunstler y Leonard Weinglass.
Un punto importante de la discordia para la defensa fue la falta de representación de Bobby Seale. Su abogado estaba siendo operado y el juez se negó a posponer el juicio, lo que provocó una enorme violación de los derechos constitucionales. Aun así, la impunidad racista del juez no se detuvo ahí. Hoffman llegó a tener a Seale atado y amordazado en la sala del tribunal por hablar sobre su derecho a la representación. Posteriormente fue separado del caso. De esta manera, el Juicio de los Ocho de Chicago, rápidamente se convirtió en los 7 de Chicago.
De los siete acusados, el jurado absolvió a dos y declaro que Rubin, Hoffman, Hayden, Davis y Dellinger habían incitado disturbios, pero no habían conspirado para hacerlo. Empero, el juez Hoffman condenó a estos últimos cinco por cruzar las fronteras estatales para incitar a un motín y a los abogados defensores por desacato a la orden judicial.
No obstante, todas las condenas fueron anuladas por la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos sobre la base del que el juez actuó de forma parcial durante el desarrollo del juicio, por la confección de un jurado con prejuicios culturales y raciales y por la vigilancia del FBI en las oficinas de los abogados defensores.
El juicio se había convertido en un juicio político que busco limitar la libertad de expresión de activistas que ponía en jaque la política racista, colonialista e imperialista de Estados Unidos. Tanto Bobby Seale como Lee Weiner siguen siendo activistas e invitan a las personas a ponerse de pie y luchar por cambiar el mundo, construyendo el que nos merecemos. En palabras de Lee Weiner “todavía hay personas que suelen pensar en política como piensan en el clima. Saben que afecta sus vidas, y no creen que la gente pueda hacer nada al respecto. En 1968, la gente luchó contra él y pensó que podía y debía hacer algo al respecto. El ejemplo del 68 debe ser el camino a seguir”.
Fuentes: The Guardian| ChicagoTribune| Revista Time