“¡A la mierda con esto!” exclamó, lanzando su saco y el par de zapatos en un claro estado de ebriedad que había adquirido sin control durante las últimas horas del baile. “¿Por qué no hay prostitutas aquí?” inquirió molesto a la persona que estaba a su lado, como si aquello fuese su culpa. “¿Sabes qué? Mejor iré por otro trago.” Sin más, abandonó su asiento, dispuesto a dirigirse hacia la barra.
Sonrió ligeramente al ver como tiraba las cosas que sostenía para después tomar un poco de su bebida dorada. “Soy lo más cercana a una, no sé si estás interesado.” Contestó coquetamente elevando sus hombros tomándole importancia a su comentario aunque lo dijera en serio. Había sido un buen tiempo desde que se había acostado con alguien y hacerlo no sonaba mal del todo. “Haz lo que quieras.” murmuró.








