Cuando empiezo a salir de mi cuerpo el corazón no está tranquilo y la cabeza revolotea.
Las manos que no parecen ser mis manos van en reversa bajo una nube llena de vapor marino (mis ojos apenas las pueden seguir). El corazón esta encerrado en una jaula mental e intenta salirse.
Rebotando en el pecho y el extremo de mi afónica garganta, gritan su dolor.
Vertigo a la vida. Mi mente no para y no para.
Intento controlar todo constantemente.
Mente. Pulsaciones. Dolores diarios. Les gusta presionar mi corazón y despojarlo de su ritmo natural.
Mejor voy a mirar las estrellas que las nubes dejan ver. Me hago una bolita y soy un niño por segundos.
La soledad se apodera de mi cuerpo dejándonos a la orilla de un cielo que nos observa. Ambos reímos una vez más, escapando una vez más, alejándonos una vez mas del mundo.